Veníamos caminando por un alambre y no sorprende que nos
hayamos caído en un partido que no podía perderse. Ya había pasado. Seremos
campeones de la Superliga pero por lo que respecta a la Copa, el objetivo
excluyente, estamos, hoy, muy mal parados. No tanto por las posibilidades
matemáticas sino porque no ay equipo.
No sorprende,
este Boca no puede garantizar nada, se juega sin red, no tenemos columna
vertebral confiable (¡volvé, Wilmar!): ni 1 ni 2-6 ni 5 ni 10 ni 9. Dependemos
de que Pavón se encienda y es muy poco.
En el ojo de la
tormenta, Rossi probablemente haya firmado su propio certificado de defunción
como jugador de Boca. Pero su falla grotesca previa al segundo gol de Palmeiras
hasta podría ser no más que un detalle si Boca fuera el equipo que no es.
Perdimos un
partido clave en que, aunque de poco sirva señalarlo, tuvimos control durante
gran parte del juego (sí, Guillermo, tenés razón) y las oportunidades para
ganarlo. Pero este Boca está siempre expuesto, no tiene estructura ni
respuestas individuales suficientes, tampoco soluciones en el banco, puede
perder cualquier partido. Lo pierde.
En el maldito
segundo gol de Palmeiras, Rossi toma en principio la decisión correcta al salir
del área a cabecear (recurso extremo, signo de que estábamos mal parados). Pero
habiendo salido de frente, cabecea para el medio y muy corto. Es que Rossi viene
muy inseguro, siente la presión y no puede con ella. Él no nos salva nunca y a
él no lo salva nadie. Porque después de la falla de Rossi, Palmeiras lo tuvo
tres veces: Dudú, rebote, Lucas Lima, rebote, Lucas Lima de nuevo, por arriba y
adentro. Los nuestros, siempre a contramano.
El partido había
empezado con otro horror de Rossi. Iba nada más que un minuto. Pero le
entregaron una pelota muy comprometida. Si la volvía a la izquierda era un
riesgo porque su compañero recibía presionado; si salía para la derecha, igual;
se le venía Dudú y la resolución ideal hubiese sido que Rossi le amagara para
hacerlo seguir de largo pero tal como viene Rossi, no podíamos pedirle tanto.
Le pegó de frente, como venía, la pelota rebotó en Dudú y menos mal que se fue
al lado de un palo.
Boca tuvo unos
primeros minutos siniestros pero después se acomodó. Pablo Pérez empezó a
circular bien, se hizo abanderado y eje. Sebastián se emprolijó, Nández no
clarificaba pero metía. Y Pavón prometía una de las suyas en cualquier momento,
por derecha o por izquierda. El que no engranaba era Tevez. Tevez sigue en
China. Se tiraba atrás pero se iba muy lejos y cuando lograba ponerse con la
cancha de frente y quería hacerse vertical, no pasaba. Porque Tevez perdió
reacción física y ya no va a recuperarla.
A los 11,
desborde de Pavón por izquierda, eligió pegarle con poco ángulo y terminó en
corner. A los 23, tiro libre por Pavón, desde la izquierda, bien puesto, fue al
techito del arco. Ese era un pasaje en que Boca tenía control y parecía que el
gol podía caer por decantación, pero lo que cayó fue el primer gol de
Palmeiras.
Salió mal Mas,
dejó la pelota en la cancha. ¿Por qué jugó Mas? ¿Cómo que Fabra “estaba
cansado”? ¿Quién es el titular? Salió mal Mas, decíamos, corto y hacia la raya,
se la regaló a Marcos Rocha. Visto desde los pupitres donde se encontraba este
que escribe, no podía menos que preverse el desenlace, el final de la jugada
estaba cantado. Marcos Rocha miró, lo vio a Keno solo (lo vimos todos), por
detrás de Jara y mucho más por detrás de Vergini. Marcos Rocha se la puso en la cabeza y Keno definió con
absoluta comodidad.
A continuación,
la de Wanchope. Apenas un minuto después del gol brasileño. Si se empataba al
toque, automáticamente se daban vuelta los estados de ánimo. Una vez, una, que
Tevez apretó bien y robó una bocha en la salida rival, la descarga para Pavón
por derecha (Pavón tiene que estar en todas), la cruzó Kichan, Wanchope estaba
off side pero no se lo cobraron, estaba abajo del arco, no podía ser otra cosa
que gol. Puso la parte de adentro del pie zurdo y fue como si la sacara al
corner. Insólito. Y nos fuimos al descanso 0-1.
En el arranque
del segundo tiempo estábamos para perderlo ahí mismo. De entrada, pudo haber
sido expulsado Magallán, debió haber sido expulsado, metió un foul de segunda
amarilla sin dudas. Lo perdonaron. El tiro libre de Lima, abajo, se fue cerca
del palo, Rossi no llegaba. Después le dejamos una a Barbosa para que le pegara
de afuera y le salió recto, controló Rossi. Enseguida, en una contra que nos
agarró totalmente desarmados, Keno la cruzó desde la izquierda y Sebastián
Pérez casi se mete un gol en contra, terminó en corner, por detrás de él entraba
Dudú, habría que ver si llegaba para meterla. Y enseguida, remate de Felipe
Melo desde afuera, desviado.
Pasados los 10
minutos Boca mejoró. Fue el momento más propicio de la noche. Ahí había que
ganarlo. Palmeiras constreñido a aguantar, La Bombonera encendida, el equipo
volcado en ataque. Y llegamos. Unas cuantas veces, llegamos. La volea de Kichan
apenas desviada. La de Jara desde afuera, por encima del travesaño. La de Pablo
Pérez, muy bien armada, enganche y definición con zurda, al lado del palo. Y la
de Pavón desde la izquierda, pelota muy bien puesta por Nández, remate cruzado
que sacó el arquero al corner.
Como cuando
estábamos 0-0, parecía cuestión de tiempo, pero fue entonces que llegó el
macanazo de Rossi, el 0-2 y se terminó todo. Lo que restaba fue todo desorden.
Entró Bebelo por Sebastián Pérez, primer cambio. Bebelo es un pibe que está
para crecer, no para dar vuelta un partido en que venimos colgados. Tampoco
había mucho como para entusiasmarse en el banco. ¿Maroni? Le cabe la misma
consideración que a Bebelo, no podemos pensar en cargarle la mochila a él. En los
últimos cinco minutos, cuando ya estábamos para la extremaunción, entró Bou por
Tevez. En otras circunstancias, que Guillermo lo sacara a Tevez pudo haber
significado un movimiento sísmico pero esta vez casi que pasó inadvertido, no
le importó a nadie, ni a Tevez. ¿Qué puede esperarse de Bou en cinco minutos? Y,
que le caiga una, a veces pasa, esta vez no, son apuestas que se hacen cuando
ya está todo el pescado vendido.
Del tramo de
partido que faltaba a partir del segundo gol (más de la mitad de la etapa), la
única en que ciertamente estuvimos cerca del gol fue por una mala salida de
ellos, remató Tevez y la sacó el arquero al corner. Nos volvimos locos. Pablo
Pérez pegó tres patadas por impotencia, Nández una.
Otra vez, un
partido que no se podía perder, lo perdimos. Como con Independiente del Valle,
como con River. Del campeonato ni hablemos, Guillermo, dejate de joder.
Hablemos de la Copa. Los creyentes pueden prenderle velas a la Virgen de los
Desamparados para que Junior, que ya le ganó a Alianza en Perú, no le gane
ahora en Colombia. Si los perucas dieran el batacazo, seguiríamos segundos. Si
empatan, hasta podría servirnos un punto, la semana que viene, en Barranquilla.
Si ganara Junior esta noche, lo más natural, entonces no habrá más alternativa
que ir y ganar allá. Si perdiéramos, quedaríamos afuera esa misma noche. No es
que sea una hazaña fabulosa ganar en Barranquilla pero este Boca no ilusiona.
No hay equipo.
EL
BOLETÍN: ROSSI 3, JARA 4, VERGINI 4, MAGALLÁN 4, MAS 4, NÁNDEZ 4, SEBASTIÁN
PÉREZ 4, PABLO PÉREZ 5, TEVEZ 4, PAVÓN 6, ÁBILA 3 (FI), REYNOSO 4, BOU NC.
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