No sabía cómo
titular y al final decidí copiarme el título de El Heraldo de Colombia: “Amargo
empate”. Lo dicen los colombianos, porque en definitiva se les cayeron dos
puntos de local y ahora necesitan no perder en Brasil. Al fin de cuentas,
pareciera que los colombianos tienen las cosas más claras que algunos
representantes de Boca.
Había que ganar
y Boca jugó como si le alcanzara el empate. Las actitudes y los detalles
indicaron eso. Se entiende que hacía mucho calor, el agotamiento, la fatiga, eran
notorios. Pero no puede aceptarse ese conformismo que surgía de los gestos. El
partido se terminaba y Guillermo decía “sigan tocando”, cuando urgía que
alguien cambiara el ritmo, que acelerara. Bebelo tenía que salir, le habían
mostrado el cartel con el número 30 y en lugar de irse corriendo, se quedó
mirando, parecía no entender, se fue al tranquito. Después, cuando tenía que
salir Wilmar, es cierto que estaba fusilado, que no daba más pero las fuerzas
que pudieran quedarle debió utilizarlas para dejar la cancha lo más rápido
posible, lo que hizo fue tirarse al suelo, como esperando a que fueran a
buscarlo con la camilla, como si estuviésemos ganando o como si el 1-1 nos
satisficiera.
Junior es un
equipo menos que mediocre y el partido apenas puede rescatarse por la tensión
que imponía lo que estaba en juego. Como expresión de fútbol fue pésimo. De
nuevo hay que señalar el atenuante de la temperatura pero todo se hacía con una
lentitud exasperante. Boca, como en los dos partidos con Palmeiras, tuvo el
balón por mucho tiempo pero jamás supo de qué manera desequilibrar en los últimos
metros de cancha.
El penal no fue,
claro está, el ecuatoriano cobró cualquier cosa. Es evidente e indiscutible que
Barrios no lo tocó a Piedrahita. Zambrano hizo señas de que no, Magallán le
estaba reclamando que amonestara a Piedrahita por tirarse (que es lo que debió
haber hecho) y de pronto, el tipo señaló el punto del penal. Parece que se lo
marcó el asistente. No es aceptable que el árbitro necesite apoyarse en su
colaborador para esa jugada porque su visión era inmejorable, tenía a Barrios y
a Piedrahita delante de sus narices, sin nadie que lo obstruyera, su posición
era mucho mejor que la del asistente.
No tiene ni suerte,
Rossi. Se tiró bien, la manoteó pero el rebote en el palo salió hacia adentro y
le quedó de nuevo a Ruiz para meterla. Nuestro arquero, que tiene todos los ojitos
posados sobre él, no tuvo demasiado trabajo porque Junior tampoco atacó mucho.
Esa de cerca del final, cuando se la dieron para que rechazara de zurda, la
pifió y al final tuvo que sacarla con un derechazo de frente a su arco, si
terminaba en gol, era el suicidio del pobre Agustín.
Llegamos al
empate bastante pronto. Por suerte. Sólo 5 minutos del segundo tiempo. Pero el
gol nuestro tuvieron que hacérselo ellos. Tiro libre por Pavón cerrado desde la
izquierda y el mismo Ruiz la cabeceó contra su arco con una torpeza
inexplicable, aunque propia de este partido tan feo, el arquero todavía no debe
haber entendido qué fue lo que hizo su compañero.
Muy poquito,
casi nada de Boca en ataque. El remate de Tevez que sacó el arquero abajo, El
corner de Pavón que dejó pasar Nández y no pudo conectar el propio Tevez. Ya en
el segundo tiempo, un remate de Pavón de afuera, desviado, el corner de Bebelo
que cabeceó desviado Magallán (le cobraron off side a Tevez y no era) y la
mejor elaboración, la que puso muy bien Tevez para la única aparición de Pavón
por la derecha, Kichan no la terminó bien, dejó que lo encimaran, era centro
bajo pero antes.
Ninguno de los
dos penales que se reclaman en favor de Boca fue claro. Ni la presunta
infracción contra Tevez ni esa mano presuntamente intencional de Cantillo. En
cuanto al gol de Pablo Pérez que se anuló, Zambrano cobró un faucito de
Magallán, de esos que en el área se les cobran a los jugadores que atacan y
jamás a los que defienden.
Sin ninguna
agresividad y con menor tenencia de pelota, Junior tuvo de todos modos algunas
oportunidades que le llegaron porque Boca nunca estuvo firme en el fondo. De
una mala salida de Magallán derivó un zurdazo de Piedrahita a la red pero del
lado de aufera. Una pelota que cruzó Chará de izquierda a derecha a espaldas de
Fabra le cayó a Teófilo Gutiérrez, que disparó desviado. Ya en el segundo
tiempo, en otra mala salida de Magallán, hizo centro Chará, se la bajaron a
Gutiérrez y la volea se le fue por arriba. En los minutos agregados, un
espantoso pase hacia atrás de Sebastián Pérez lo dejó a Gutiérrez solo pero ahí
llegó bien Magallán para desacomodarlo. Y la última, el corner de Gutiérrez
desde la derecha que le quedó a Díaz solo ante el arco, menos mal que cabeceó
para cualquier lado.
La idea de Boca,
evidentemente, era ser paciente con la pelota, jugar horizontal hasta que
apareciera la oportunidad. La oportunidad no apareció nunca y todo se diluyó en
el toqueteo intrascendente. Las veces que Pablo Pérez y Tevez pudieron juntarse
fue muy lejos del área. Pablo prácticamente no se asomó a la zona de
definición. Pavón, como viene ocurriendo en los últimos tiempos, se estacionó
en la izquierda. No le dejaron espacio, no pudo imponerse uno contra uno y por
el medio no había a quién descargársela. Fabra no pasó casi nunca. Por la
derecha, empezó jugando Nández de wing, algo que se repite y que no puede
comprenderse. Después cambió con Bebelo, la zurdita de Bebelo por la derecha en
algunos partidos anteriores nos había dado resultados pero si juega tan adelantado,
el cordobés se pierde. Se perdió. Además, está faltándole vigor, convicción, se
lo lleva la corriente.
Guillermo eligió
jugar sin 9 de área, con Tevez arrancando desde atrás. Alguna vez puede
funcionar la idea pero Tevez está muy lejos de alcanzar la aceleración de sus
mejores años. Por otra parte, hubo momentos en que Jara, después Buffarini y
hasta el propio Pavón tiraron centros para nadie, hacían de cuenta que estaba Palermo
pero Palermo se retiró en 2011. Tirar esos centros es demostración de
impotencia, de falta de ideas.
Seguramente
muchos esperaban el ingreso de Wanchope pero Wanchope se quedó en el banco,
igual que Bou. Confieso que yo, para primer cambio, lo veía a Cardona. No
porque Cardona, hoy, pueda garantizar una mejoría. Pero lo que Boca necesitaba
era alguien que fuera capaz de filtrar un pase entre líneas, que inventara algo
como para sorprender y desarmar al rival. Lo cierto es que entró Cardona y no
aportó nada, pareció enfocarse más en fabricar alguna infracción cerca del área
que en jugar, se lo vio más pesado que nunca, como para suponer que no estaba
para jugar ni media hora.
El regreso de
Barrios, de apuro, lejos de su mejor condición, solidificó, de todas maneras,
la contención. Pero más de una vez pasó que Wilmar iba a apretar más arriba y
los centrales no achicaban detrás de él, quedaba mucho espacio entre líneas y
por allí estaban empezando a complicarnos Gutiérrez y Chará en el primer
tiempo. El déficit se corrigió parcialmente cuando Nández pasó a jugar de
volante. Wilmar, con todos sus problemas a cuestas, fue de lo más rescatable
pero ya en el segundo tiempo no podía con su alma y eso lo llevó a cometer algún
error muy visible.
Guillermo
arrancó su conferencia rescatando que Boca tenía la posibilidad de quedar
eliminado hoy mismo y eso no pasó. Increíble. Cada vez me enojan más las
declaraciones de Guillermo. Me enojan casi tanto como esa camiseta amarilla que
no quisiera volver a ver nunca. Hubiese sido mejor partir desde otro punto:
Boca, hasta hoy, dependía de si mismo y con este amargo empate, ya pasa a
depender de otros. Necesitamos que Palmeiras no pierda con Junior. Cuando se
pasa a depender de otros, jamás se puede estar conforme, Guillermo.
EL
BOLETÍN: ROSSI 5, JARA 4, VERGINI 5, MAGALLÁN 4, FABRA 5, REYNOSO 3, BARRIOS 5,
PABLO PÉREZ 4, NÁNDEZ 3, TEVEZ 5, PAVÓN 5 (FI), CARDONA 3, BUFFARINI 4,
SEBASTIÁN PÉREZ 4.
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