Iban 78 minutos y era una tortura. Boca deambulaba por la
cancha sin saber qué trole había que tomar para seguir. Alguna de Pavón, la
puntualidad del negro Wilmar, dos apariciones de Rossi y más allá, la
inundación. Nos consumíamos en la falta de ideas, la falta de estructura, la
falta de respuestas individuales, la falta de soluciones desde el banco. Nada.
Hasta que, de pronto, un gol. El gol.
Gol salvador, para
abrir las compuertas del dique y liberar la angustia que nos asfixiaba. Y antes
del final, otro gol, para desatar la fiesta que teníamos atragantada y que La Bombonera
explotara de colores en esta pesada y pegajosa noche de mayo.
Partido raro,
rarísimo. Tan raro que, después de penar durante casi todo su desarrollo,
terminamos ganándolo con dos excelentes goles, de impecable concepción y ejecución, muy bien trabajados, dechados de
precisión, utilizando todo el ancho de la cancha.
El primero:
Pablo Pérez, que hasta ahí no daba pie con bola, que había acertado muy pocas,
se vistió de Gago, miró la cancha y metió un perfecto pase de cuarenta metros,
de izquierda a derecha, para Pavón; Kichan, nuestro mejor elemento, nuestro as
de espadas en el modesto truco que estamos en condiciones de jugar hoy, se
encontró con tiempo y espacio para correr, como a él le gusta, como él necesita;
sabemos que cada final de acción en el caso de Kichan es impredecible pero esta
la hizo perfecta, la cruzó para el medio y por allí llegaba Wanchope, abajo del
arco, como un 9 de Boca, para mandarla a guardar.
El segundo: el
pibe Maroni, al que Guillermo se decidió a descolgarlo de la percha para que de
una vez por todas vayamos sabiendo qué podemos esperar de él, la cambió de
banda a banda, de derecha a izquierda, para Junior Benítez, que todavía está en
Boca, yo ya ni me acordaba; Junior cortito atrás para Pavón; Kichan, pausa y
cabeza levantada, hacia adentro y después, todo Wanchope, que movió su ancha carrocería
como si fuese una grácil gacela, giró con poco espacio, lo dejó atrás al que lo
marcaba, tiró la gambeta ni más larga ni más corta de lo que hacía falta para
desparramar al arquero y definió con toquecito de zurda. Joya.
¿Cómo fue que, a
doce minutos del final, 0-0 en La Bombonera, lo agarramos a Unión abierto y desarmado
en un contraataque? Tengo una teoría: Unión se desprotegió porque se
entusiasmó, porque sintió que estaba para ganarlo. Y estaba para ganarlo. A
Boca se le habían agotado los argumentos, se lo veía regalado, expuesto, iba porque había
que ir pero sin saber para qué ni por dónde. Y defendía tan mal como viene
defendiendo este Boca.
“Rossi no te
salva nunca”, repite el periodismo y venimos repitiendo todos. No es exactamente
así, el año pasado nos sacó de algunos apuros, en el campeonato anterior y en
éste también. Pero bueno, últimamente sentíamos que no nos salvaba nunca. En
este partido nos salvó dos veces. Sobre la hora del primer tiempo, Zabala, el
más peligroso de ellos, nos cruzó una bocha de izquierda a derecha, apareció
Fragapane (un pibe nuestro, lo único que faltaba), hubo un rebote en Pablo
Pérez, le quedó de nuevo a Fraga solo, derechazo y Rossi, Rossi para rechazar, ay, mamá; a
los 27 del segundo nos cruzaron otra, ahora de derecha a izquierda, surgió de
nuevo ese Zabala, solo para írsenos derecho a definir, eligió el primer palo y
Rossi, otra vez, para mandarla al corner. A ver si recuperás la confianza,
Agustín.
En todo el
primer tiempo habíamos tenido dos. La primera, a los 17, esa que robó Bebelo y metió
para el pique de Wanchope por derecha, parecía que se le acababa la cancha pero
llegó para hacer el centro hacia atrás, no acompañaba nadie, casi termina en gol en
contra, fue corner. La segunda, a los 24, buena combinación entre Wanchope y
Pavón por izquierda, buen derechazo de Kichan y gran atajada de Nereo
Fernández, que la arañó para que rebotara en el travesaño.
En el segundo
tiempo Boca salió, si no mejor fundamentado, al menos más determinado. Como
pudo, con lo que tenía, apretó. A los 2 minutos Pablo la abrió para Pavón por
derecha, Kichan la cruzó y Wanchope, que llegaba por el medio, le dio con el
pie izquierdo muy abierto, se le fue bastante lejos. Cuatro minutos después, un
buen encuentro de Bebelo con Pavón, que pasó por donde parecía que no se podía
y volvió a jugar al medio, esta vez no llegó Wanchope. A los 14, ya con Maroni
en la cancha, combinaron bien, en corto, Gonzalito y Bebelo, apertura para
Pablo Pérez por izquierda, giro hacia adentro y lo taparon. No mucho más previo al primer gol. Unión, antes de la ya referida de Zabala, había contado con un
corner desde la izquierda que nos cabeceó Soldano en el primer palo y terminó
en el techo del arco. Por eso, por lo menos la horrible sensación de éste que
escribe era que en cualquier momento podían embocarnos.
Para el segundo
tiempo Guillermo había movido fichas. Después de bastante, Pavón se mudó de
costado y se estacionó en la derecha. Allí tuvo más participación y encontró
más libertades. Puede ser interesante Kichan cuando va por izquierda, engancha
para adentro y queda perfilado para pegarle pero no hagamos siempre la misma. También
es interesante cuando va por derecha y puede sacar centro a la carrera o cuando
mete diagonal y queda para definir como viene.
Bebelo, por su
parte, dejó el costado derecho y fue a moverse por zonas centrales. Está bueno
que ocasionalmente Bebelo aparezca por derecha con la posibilidad de enganchar
con su zurdita y que le quede toda la cancha a favor pero pararlo de wing
derecho no sirve, lo perdemos.
Antes del cuarto
de hora del segundo tiempo, mucho más temprano de lo que acostumbra, Guillermo mandó
el primer cambio: Maroni por… ¡Tevez! Ya con Palmeiras, acá, había salido
Carlos antes del final. Hasta hace no mucho, la salida de Tevez hubiese hecho ruido.
Ahora, no. Sale y no pasa nada. A nadie le extraña y no da ni para que él se
enoje ni haga caritas. Esta vez, a diferencia de Barranquilla, lo pusieron detrás
de un 9, como más le gusta pero no hay caso. Dicen que cuando termine el
campeonato se va de nuevo, esta vez a Estados Unidos. Ciudadano del mundo,
nuestro Carlitos. Está bien, que vaya y les robe a los yanquis todos los dólares
que pueda. Cuando pase a ser un recuerdo, las veces que vuelva a La Bombonera,
lo vamos a recibir todo lo bien que se merece. Por todo lo que nos dio, por lo
bien que nos representó durante mucho tiempo. Lo queremos, lo queremos mucho, más
allá de las cosas que puedan no habernos gustado de él, de un tiempo a esta
parte.
El último cambio
fue para hacer tiempo y para que nos rompiéramos las manos y las cuerdas
vocales saludándolo al Kichan. Que yo recuerde, es la primera vez que La
Bombonera tiembla y late con ese resonante “¡¡¡¡olé, olé, olé, oléééé… Pavóóón,
Pavóóón!!!”… Era hora. Se lo ganó hace mucho, juega siempre, no falta nunca. Y
en una de esas, después del Mundial ya no lo tendremos.
Quedan seis
puntos y nos alcanza con uno. Como con el Ricky La Volpe en 2006. ¿No? Es
inconcebible de qué modo hemos complicado, solitos, la definición de este
campeonato que se presentaba tan fácil, tan servido. Perderlo sería una
ignominia, una afrenta. Miren, muchachos (a los jugadores y Guillermo, me
dirijo, hago de cuenta que me leen y les importo): la verdad es que, tras las vacaciones veraniegas, han hecho todo lo posible para perder este torneo pero no han
podido, vamos a ganarlo. Es el miércoles, en La Plata. Déjense de joder, che.
EL
BOLETÍN: ROSSI 7, BUFFARINI 5, VERGINI 5, MAGALLÁN 5, FABRA 5, BEBELO 4, WILMAR
6, PABLO 5, CARLITOS 4, KICHAN 8, WANCHOPE 8 (FI), MARONI 6, JUNIOR 5, JARA NC.
No hay comentarios:
Publicar un comentario