Iba a tener que
ser así, sufriendo hasta el último suspiro. En consonancia con el perfil de un
equipo al que se le fue haciendo más difícil a medida que avanzaba el
desarrollo. Campeones de punta a punta pero el título se gana, en primer
término, por aquel arranque demoledor, imponiendo una superioridad
incontrastable. Con el tiempo, con las fundamentales bajas de Gago y Benedetto
por el camino, se perdió aire, se cedieron puntos, se resignó ventaja,
surgieron las dudas y los temores. Pero eso se terminó. Boca fue, claramente, el
mejor de esta Superliga. Esto no admite cuestionamientos.
Somos
bicampeones pero yendo más a fondo en la revisión, hemos ganado los tres
últimos campeonatos largos, los de todos contra todos en dos ruedas. Esos
campeonatos en que rara vez pueda plantearse que el que gana no haya sido el
mejor. Ése es un indicador claro: la constancia de haber contado, a lo largo de
estos últimos años, con un plantel competente.
Claro está que, en
paralelo, queda expuesto el otro costado de la verdad: en las instancias que
deben definirse “en corto”, esas que no perdonan los deslices, se ha fallado.
Así nos pasó en las Libertadores de 2015 y 2016, en la Supercopa de este año y
así nos encuentra este presente tan comprometido en la Copa actual.
Al momento del
análisis, no puede menos que concluirse que Boca, en La Plata, volvió a no
jugar bien. Dos veces estuvo en ventaja, dos veces se le abrió el partido como
para controlarlo y definirlo. Las dos veces, la ventaja obtenida se esfumó.
Porque a este Boca le falta conducción. Tuvo una buena noche, esta vez, Pablo
Pérez. Fue el ideólogo de las acciones mejor concebidas. Pero Pablo, por
características, está más para otra cosa, para el ida y vuelta, para ser un
conductor de alternativa y no el principal.
Otra vez, tuvo
un mal partido Tevez. Apagado, casi sin contacto con el balón durante todo el
primer tiempo, más participativo en el segundo pero muy lejos de imponer
jerarquía. Con Unión había entrado, durante la parte final, Maroni y su aporte
fue valioso para el triunfo final. Pero esta vez Guillermo lo dejó hasta fuera
del banco en una decisión difícil de aceptar. Volvió a firmar la planilla
Cardona, excluido en la fecha anterior. También estuvo en el banco Reynoso, de
floja prestación el domingo. Maroni tenía un lugar ganado entre los 18, la
determinación del cuerpo técnico no se comprende ni se justifica.
Fue un partido
tenso, como era de prever, en un campo que iba a quitar energías rápidamente.
El juego empezó trabado pero con Boca en la iniciativa. Y la primera que tuvimos,
a los 12 minutos, fue gol. Un gol muy buen trabajado. Pablo ganó en el medio,
miró y abrió para la derecha, se juntaron Nández y Kichan, hubo un rebote, de
segunda metió Nahitan el centro pasado, la bajó muy bien Wanchope y la
definición de Pablo fue impecable, haciendo seguir de largo al que lo marcaba
para después sacar el derechazo bien ajustado, abajo y contra un palo.
Fue la única
situación de gol que iba a crear Boca en todo el primer tiempo. Ese es un dato
revelador. Faltó juego, no hubo fluidez en el armado, sobraron las
imprecisiones, se chocó, se dividió la pelota. Gimnasia, este Gimnasia que
venía de rescatar un punto después de varias derrotas consecutivas, a fuerza de
meter y meter, sin mejores argumentos que ése, empezó a complicarnos.
El primer aviso
fue una pelota que Nico Colazo le cruzó a Dibble a espaldas de Jara, el
uruguayo le pegó desviado. La segunda fue el gol del primer empate. Corner
desde la derecha muy cerrado por Gómez, rechazo forzado de Vergini, Melluso la
devolvió desde el otro lado, la bocha nos recorrió el área chica y apareció
Colazo para meterla.
En último tramo
del primer tiempo mostró mejor a Gimnasia, agrandado. Rossi respondió muy bien
ante un remate de Colazo y poco después, un disparo de Rinaudo se desvió en
Faravelli y casi se mete.
El inicio del
segundo tiempo mostró otra vez a Boca en la iniciativa. El arquero salvó ante
un remate de Mas, al cabo de una buena jugada, con pelota cruzada por Nández
desde la derecha. Y muy pronto, el gol, pelotazo de Pablo, gruesa falla de
Coronel y la potencia de Wanchope para no dejar pasar el regalo, se fue derecho
a los bifes y la definición fue implacable. Otro buen rendimiento de Wanchope, partícipe
fundamental del primer gol, autor del segundo, sacándole el jugo a lo poco que
se le presentó, obligando al rival siempre.
Con el partido
2-1, Boca parecía tener la situación dominada. Más allá de un zurdazo desviado
de Gómez después de una acción individual, Gimnasia se veía impotente, no sabía
qué hacer en ataque, tiraba centros de compromiso ante los cuales siempre
respondió Rossi con absoluta firmeza.
De todos modos, es
evidente que cuando no lo tenemos a Wilmar y aunque Sebastián Pérez haya tenido
un nivel aceptable, se pierde demasiado en cuanto a la contención. Cuando
Guillermo se decidió a sacarlo a Tevez, lo puso a Junior Benítez como para
abrir la cancha, para que Gimnasia no pudiera sumar efectivos en ataque. Pero
Junior no funcionó, no aguantó la pelota, se enredó.
La definición
pudo haber estado con esa acción personal de Kichan, sobre la izquierda, que
terminó con un zurdazo imperfecto tras haberla armado muy bien. Kichan, el
jugador clave en este último segmento de campeonato, insinuó más de lo que
concretó, le faltó abastecimiento y compañía, que alguien distrajera marcas
para abrirle el camino pero su importancia, una vez más, quedó a la vista.
El gol con que
volvió a empatar Gimnasia, a falta de diez minutos en tiempo regular, llegó
cuando nadie lo esperaba, apareció de la nada y tuvo mucho de fortuito. Podría
discutirse si hubo infracción contra Junior, lo barrieron pero pareciera que el
jugador de Gimnasia llegó bien a la pelota. Rinaudo le pegó de afuera para ver
qué pasaba y el desgraciado desvío en Magallán dejó sin posibilidades a Rossi.
No era para
sufrirlo tanto pero así es este Boca de los últimos tiempos. Volvió a notarse
la falta del líder que tranquilizara a todos, que metiera el partido en la
horma que necesitábamos. Cardona entró muy tarde pero también sabemos que no es
mucho lo que podamos pedirle hoy al gordo Edwin. Penamos, implorábamos que se
terminara de una vez, aunque Gimnasia no tenía elementos para hacer otra cosa
que empujar, sólo volvió a inquietarnos con otro remate de Ribaudo y otro
desvío, esta vez en Alemán, se fue cerca del palo derecho.
Y ya lo ve, y ya
lo ve, somos campeones otra vez. Una cosa era el equipo que comenzó esta Superliga
y otra versión muy disminuida el que la terminó pero fuimos los mejores y
estamos de legítimo festejo. La semana que viene ya estaremos metidos en otra
historia que se presenta difícil pero hoy, ya todos saben que La Boca está de
joda.
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