Volvió Fernando y es la gran noticia de esta mañana
alumbrada por el sol, después de una semana en que la lluvia y la humedad nos
habían hartado. Casi tanto como nos venía hartando la falta de imaginación y
criterio en el armado de Boca, en la relación del equipo con la pelota, durante
buena parte del tiempo que nos faltó Fernando.
El partido,
espasmódico, pudimos haberlo perdido por goleada, ganado por goleada, perdido
de nuevo, ganado de nuevo. Fue empate, para ponerle final a la campaña campeona
y para que no le diéramos al Huracán el gusto de clasificarse contra nosotros
para la próxima Libertadores, que por lo menos tuvieran que esperar. Que
tampoco pudiera festejar Montenegro en su despedida (se olvidaron de invitarlo
al tucumano Krupoviesa).
Siete meses y
once días hacía que no lo teníamos a Fernando (desde el 1° de octubre con
Chacarita). Y cuando Fernando empezó a jugar, jugó Boca. Se prendieron Cardona,
Bebelo, Junior, Bou… Fernando clarifica, ordena, contagia. Y eso que la cancha
estaba previsiblemente mal, con agua, con barro, la pelota no corría, se
frenaba.
Cierto es que,
antes de que empezara a jugar Fernando, estuvimos expuestos a un desastre.
Porque Huracán arrancó bien, la hacía circular y Boca corría de un lado para
otro detrás de la bocha. Formación improvisada, la que dispuso Guillermo, sin
trabajo conjunto, con poca marca en el medio (Chicco solo), dejando muchos
espacios, muchos metros cuadrados por todos lados, muchas libertades por los
laterales y hasta en el corazón del área propia.
Antes de los
cinco minutos ya estábamos abajo en una jugada que nos encontró abiertos,
extendidos. Muy separados los defensores. Tendría que haberla ganado Mas pero
la perdió contra Pusetto, al que le
quedó para enganchar y definir con zurda, lejos de Sara.
Estábamos
servidos. Sara, de buena reaparición, el único confiable en el fondo, le tapó
una a Silva y otra a Montenegro (las dos veces había seguido de largo
Buffarini). Y después hubo una chilena imperfecta de Mendoza, le pegó a Heredia
y le quedó a Sara. Nos jugaban prácticamente en el área chica.
Sin embargo, de
la nada, en lugar de caer el segundo de ellos, cayó el empate nuestro. Corner
desde la derecha por Bebelo, muy bien servido y cabezazo limpito de Mas. Antes
había cabeceado otra y la bola tocó el travesaño antes de irse.
Con el empate,
Huracán se desmoronó, se fue momentáneamente de la cancha. Así fue que tres
minutos más tarde pasamos al frente. La armó muy bien Gago, prolijita, la
siguió Junior que estaba en su mejor momento, el pase no le salió del todo bien
pero hubo un desvío en un defensor que terminó por acomodarle la pelota a Bou
para que definiera. Viene aprovechando sus oportunidades, Walter, tengámoslo en
cuenta.
El final del
primer tiempo fue todo nuestro. Encontrábamos todas las facilidades. Más allá
de una aislada en que tapó Sara contra Silva, era Boca el que llegaba
permanentemente. A los 42, Junior cabeceó un centro de Cardona y fue palo. De
inmediato, otro corner, otro centro, esta vez de Bebelo y otro cabezazo de
Junior, esta vez adentro, para poner el 3-1.
A lo largo de
toda la temporada, los corners a favor han sido, repetidamente, un exasperante
desperdicio. Hoy, de dos córners, metimos dos goles. El de Mas fue el primer
gol de cabeza de un defensor nuestro en un corner desde aquel que le metiera
Fabián Monzón a Tigre, en tiempos del Vasco Arruabarrena. Vamos a ver si se da
vuelta la taba aunque difícilmente volvamos a encontrar una defensa tan pasiva
como la de Huracán.
Empezamos el
segundo tiempo igual, como para liquidar. De entrada, Fernando le puso una
buena a Bou, que la alargó mucho, se la tapó Díaz. Pero empezamos a mostrar
deficiencias, sobre todo, en los centros. De contraataque podíamos pero el
barro y el cansancio fueron quitando precisión. El partido estaba para caer
hacia cualquier lado. Nos cabeceó una vez Salcedo, desviado y otra Silva, en el
travesaño, esta última le quedó a Mendoza y salvó Heredia. En campo de ellos,
hubo una en que no la manejó bien Reynoso, era para Bou y la terminó él,
desviado; a continuación, Cardona asistió bien a Bou cuyo remate no fue el
mejor, tapó Díaz.
Podía caer hacia
cualquier lado, decíamos y cayó el segundo de Huracán. Otra vez, se las hicimos
fácil, Sara tapó muy bien el cabezazo de Chávez pero le quedó a Mendoza, que
estaba off side, qué le vamos a hacer, el asistente Rossi se lo comió pero no
lloremos, para eso hay ya demasiada gente.
Cuando se fue
Gago, tras 69 minutos de competencia, perdimos al líder, al faro. El cansancio
era lo más notorio, en ellos y en nosotros. El juego se hacía atractivo,
eléctrico pero era, sobre todo, por las ventajas que se daban. Dos equipos
partidos.
Después de otra
buena intervención de Sara frente a Chávez, llegó el empate. Inadmisible,
imperdonable la manera en que Buffarini y Almendra permitieron que Pusetto
ganara esa pelota contra un banderín. Se pidió, falta, retención, no está claro
que así haya sido. Hizo el centro Álvarez y Chávez volvió a cabecearnos como si
estuviera en el patio de su casa, todo muy mal.
En ese momento,
3-3, sin Gago, estábamos más para perderlo que para ganarlo. Pudieron habernos
embocado en una que cabeceó Álvarez al techo del arco, menos mal que no entró.
El último minuto fue infartante. Otra salvada de Sara y en la réplica, bien
manejada por Maroni (que entró demasiado tarde), se asociaron tres jugadores y
terminó pateando desviado Junior, que perdió precisión en el segundo tiempo
aunque, de todos modos, produjo de lo mejor que le hayamos visto en Boca.
Teníamos un tiro
libre muy prometedor, para que le pegara Maroni, pero Rapallini decidió dar por
terminado el juego antes de que se ejecutara. Dirán muchos presuntos
“reglamentaristas” que está bien porque se habían cumplido los 49 indicados, yo
digo que es una decisión que contraría el sentido común y el espíritu del
juego: en esas circunstancias se debe dejar patear el tiro libre.
Sabrán Rapallini
y Gago qué fue lo que pasó, de qué se trató la “falta de respeto” a la que
aludió Fernando después del partido, se dio toda una situación pesada, se fue
expulsado Gustavo. Posiblemente en las próximas horas se aclare algo,
posiblemente no. Lo positivo es la presencia que marcó Fernando, bien capitán, dueño
del equipo y del partido, acaparando atención e imponiendo autoridad.
Desagradable el
episodio que protagonizó Guillermo al final con Rapallini, al margen de las
calenturas por los errores arbitrales que nos perjudicaron. Dicen que viene de
la final de la Supercopa, en la que Rapallini fue cuarto. Algo se ve que hay
entre ambos, los dos son de La Plata, Rapallini es de Estudiantes.
Respecto de los chicos
nuevos o los que vienen con poca continuidad, a Goñi y Heredia no les tocó un
buen partido. Son buenos centrales, igual que Salomón (que quedó en el banco) y
que Balerdi (estaba para debutar y lo operaron de apendicitis). Dimos muchas
ventajas, nos cabecearon demasiado, hay que esperarlos y respaldarlos. En
cuanto a Chicco, ya se apuntó que se bancó el medio, por deficiencias tácticas
(naturales en una formación que no tiene recorrido conjunto) quedó muchas veces
muy separado de los centrales y otra muchas, separado de los otros
mediocampistas.
El bicampeonato
se cerró sin derrota, hay que valorarlo, si se tiene en cuenta que presentamos
un equipo enteramente alternativo. Privaron las equivocaciones pero la
producción ofensiva, la circulación de balón en ataque, se rescata. El miércoles
veremos si podemos seguir en la Copa. Tenemos que hacer lo nuestro y esperar
que nos ayude Palmeiras. Llegamos a esta situación por errores propios, no
debió haber sido así pero eso ya no tiene remedio.
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