sábado, 12 de mayo de 2018

...Y UNA MAÑANA VOLVIÓ FERNANDO

Volvió Fernando y es la gran noticia de esta mañana alumbrada por el sol, después de una semana en que la lluvia y la humedad nos habían hartado. Casi tanto como nos venía hartando la falta de imaginación y criterio en el armado de Boca, en la relación del equipo con la pelota, durante buena parte del tiempo que nos faltó Fernando.
   El partido, espasmódico, pudimos haberlo perdido por goleada, ganado por goleada, perdido de nuevo, ganado de nuevo. Fue empate, para ponerle final a la campaña campeona y para que no le diéramos al Huracán el gusto de clasificarse contra nosotros para la próxima Libertadores, que por lo menos tuvieran que esperar. Que tampoco pudiera festejar Montenegro en su despedida (se olvidaron de invitarlo al tucumano Krupoviesa).
   Siete meses y once días hacía que no lo teníamos a Fernando (desde el 1° de octubre con Chacarita). Y cuando Fernando empezó a jugar, jugó Boca. Se prendieron Cardona, Bebelo, Junior, Bou… Fernando clarifica, ordena, contagia. Y eso que la cancha estaba previsiblemente mal, con agua, con barro, la pelota no corría, se frenaba.
  Cierto es que, antes de que empezara a jugar Fernando, estuvimos expuestos a un desastre. Porque Huracán arrancó bien, la hacía circular y Boca corría de un lado para otro detrás de la bocha. Formación improvisada, la que dispuso Guillermo, sin trabajo conjunto, con poca marca en el medio (Chicco solo), dejando muchos espacios, muchos metros cuadrados por todos lados, muchas libertades por los laterales y hasta en el corazón del área propia.
   Antes de los cinco minutos ya estábamos abajo en una jugada que nos encontró abiertos, extendidos. Muy separados los defensores. Tendría que haberla ganado Mas pero la perdió contra  Pusetto, al que le quedó para enganchar y definir con zurda, lejos de Sara.
   Estábamos servidos. Sara, de buena reaparición, el único confiable en el fondo, le tapó una a Silva y otra a Montenegro (las dos veces había seguido de largo Buffarini). Y después hubo una chilena imperfecta de Mendoza, le pegó a Heredia y le quedó a Sara. Nos jugaban prácticamente en el área chica.
   Sin embargo, de la nada, en lugar de caer el segundo de ellos, cayó el empate nuestro. Corner desde la derecha por Bebelo, muy bien servido y cabezazo limpito de Mas. Antes había cabeceado otra y la bola tocó el travesaño antes de irse.
   Con el empate, Huracán se desmoronó, se fue momentáneamente de la cancha. Así fue que tres minutos más tarde pasamos al frente. La armó muy bien Gago, prolijita, la siguió Junior que estaba en su mejor momento, el pase no le salió del todo bien pero hubo un desvío en un defensor que terminó por acomodarle la pelota a Bou para que definiera. Viene aprovechando sus oportunidades, Walter, tengámoslo en cuenta.
   El final del primer tiempo fue todo nuestro. Encontrábamos todas las facilidades. Más allá de una aislada en que tapó Sara contra Silva, era Boca el que llegaba permanentemente. A los 42, Junior cabeceó un centro de Cardona y fue palo. De inmediato, otro corner, otro centro, esta vez de Bebelo y otro cabezazo de Junior, esta vez adentro, para poner el 3-1.
   A lo largo de toda la temporada, los corners a favor han sido, repetidamente, un exasperante desperdicio. Hoy, de dos córners, metimos dos goles. El de Mas fue el primer gol de cabeza de un defensor nuestro en un corner desde aquel que le metiera Fabián Monzón a Tigre, en tiempos del Vasco Arruabarrena. Vamos a ver si se da vuelta la taba aunque difícilmente volvamos a encontrar una defensa tan pasiva como la de Huracán.  
   Empezamos el segundo tiempo igual, como para liquidar. De entrada, Fernando le puso una buena a Bou, que la alargó mucho, se la tapó Díaz. Pero empezamos a mostrar deficiencias, sobre todo, en los centros. De contraataque podíamos pero el barro y el cansancio fueron quitando precisión. El partido estaba para caer hacia cualquier lado. Nos cabeceó una vez Salcedo, desviado y otra Silva, en el travesaño, esta última le quedó a Mendoza y salvó Heredia. En campo de ellos, hubo una en que no la manejó bien Reynoso, era para Bou y la terminó él, desviado; a continuación, Cardona asistió bien a Bou cuyo remate no fue el mejor, tapó Díaz.
   Podía caer hacia cualquier lado, decíamos y cayó el segundo de Huracán. Otra vez, se las hicimos fácil, Sara tapó muy bien el cabezazo de Chávez pero le quedó a Mendoza, que estaba off side, qué le vamos a hacer, el asistente Rossi se lo comió pero no lloremos, para eso hay ya demasiada gente.
   Cuando se fue Gago, tras 69 minutos de competencia, perdimos al líder, al faro. El cansancio era lo más notorio, en ellos y en nosotros. El juego se hacía atractivo, eléctrico pero era, sobre todo, por las ventajas que se daban. Dos equipos partidos.
   Después de otra buena intervención de Sara frente a Chávez, llegó el empate. Inadmisible, imperdonable la manera en que Buffarini y Almendra permitieron que Pusetto ganara esa pelota contra un banderín. Se pidió, falta, retención, no está claro que así haya sido. Hizo el centro Álvarez y Chávez volvió a cabecearnos como si estuviera en el patio de su casa, todo muy mal.
   En ese momento, 3-3, sin Gago, estábamos más para perderlo que para ganarlo. Pudieron habernos embocado en una que cabeceó Álvarez al techo del arco, menos mal que no entró. El último minuto fue infartante. Otra salvada de Sara y en la réplica, bien manejada por Maroni (que entró demasiado tarde), se asociaron tres jugadores y terminó pateando desviado Junior, que perdió precisión en el segundo tiempo aunque, de todos modos, produjo de lo mejor que le hayamos visto en Boca.
   Teníamos un tiro libre muy prometedor, para que le pegara Maroni, pero Rapallini decidió dar por terminado el juego antes de que se ejecutara. Dirán muchos presuntos “reglamentaristas” que está bien porque se habían cumplido los 49 indicados, yo digo que es una decisión que contraría el sentido común y el espíritu del juego: en esas circunstancias se debe dejar patear el tiro libre.
   Sabrán Rapallini y Gago qué fue lo que pasó, de qué se trató la “falta de respeto” a la que aludió Fernando después del partido, se dio toda una situación pesada, se fue expulsado Gustavo. Posiblemente en las próximas horas se aclare algo, posiblemente no. Lo positivo es la presencia que marcó Fernando, bien capitán, dueño del equipo y del partido, acaparando atención e imponiendo autoridad.
   Desagradable el episodio que protagonizó Guillermo al final con Rapallini, al margen de las calenturas por los errores arbitrales que nos perjudicaron. Dicen que viene de la final de la Supercopa, en la que Rapallini fue cuarto. Algo se ve que hay entre ambos, los dos son de La Plata, Rapallini es de Estudiantes.
   Respecto de los chicos nuevos o los que vienen con poca continuidad, a Goñi y Heredia no les tocó un buen partido. Son buenos centrales, igual que Salomón (que quedó en el banco) y que Balerdi (estaba para debutar y lo operaron de apendicitis). Dimos muchas ventajas, nos cabecearon demasiado, hay que esperarlos y respaldarlos. En cuanto a Chicco, ya se apuntó que se bancó el medio, por deficiencias tácticas (naturales en una formación que no tiene recorrido conjunto) quedó muchas veces muy separado de los centrales y otra muchas, separado de los otros mediocampistas.
   El bicampeonato se cerró sin derrota, hay que valorarlo, si se tiene en cuenta que presentamos un equipo enteramente alternativo. Privaron las equivocaciones pero la producción ofensiva, la circulación de balón en ataque, se rescata. El miércoles veremos si podemos seguir en la Copa. Tenemos que hacer lo nuestro y esperar que nos ayude Palmeiras. Llegamos a esta situación por errores propios, no debió haber sido así pero eso ya no tiene remedio.

   EL BOLETÍN: SARA 7, BUFFARINI 3, GOÑI 4, HEREDIA 4, MAS 5, GAGO 7, CHICCO 5, REYNOSO 6, BENÍTEZ 6, BOU 6, CARDONA 6 (FI), ALMENDRA 3, VADALÁ NC, MARONI NC.

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