No es que hiciera falta sacar chapa de candidatos. Candidatos somos por el solo hecho de llamarnos Boca. Pero que ganar en Brasil da lustre a la chapa, ni hablar. Una pasadita de Blem, por citar a Falcioni. Y es un plus porque el rival se llamó Fluminense, que de 2008 a la fecha estaba amagando con alquilarnos por tiempo indeterminado.
Bien, Boca. Con algunas perforaciones en el fondo, que determinaron el crecimiento de la figura de Orión pero bien por actitud. Fue a Río y no se paró a esperar sino que salió a apretar arriba y lo consiguió. Al margen de jugadas aisladas, como esa que le tapó Agustín a Fred a los pocos minutos, se marcó presencia desde el principio hasta el final.
Tácticamente, el único problema lo representaba la velocidad de Carlinhos, que en el primer tramo de partido se insinuaba como insoluble pero después se le fue encontrando la medida. Y no pasó más nada.
El primer gol nace de un error de ellos porque ese pelotazo larguísimo del Flaco Schiavi, una defensa bien parada lo neutraliza. Pero la pelota pasó y después, lo de Cvita fue una barbaridad. Sobre todo, por cómo le puso el cuerpo al defensor para dejarlo fuera de combate. Usa muy bien el cuerpo, Cvita, siempre. Y no es que tenga tanto lomo como el Tanque Silva pero es vivísimo para meterlo justo y ganar con él. Hombros, espalda, cola, caderas, usa todo bien. Le quedó la pelota adelante, sin que nadie pudiera ya hacer nada excepto el arquero y la definición fue irreprochable.
Hay que señalar que en el segundo tiempo se retrocedió demasiado, sin necesidad. Siempre es una tentación, cuando se va ganando, dejar terreno para salir de contra con espacio pero si estábamos bien parándonos más arriba, ¿para qué meterse tan adentro? Pochi, que jugó un muy buen partido, manejó muy bien la bola, con panorama, criterio y precisión durante todo el primer tiempo pero después se metió casi al lado de Pichi Erbes. Salió bien pero sigue sin parecer una buena idea.
Esa es una diferencia sustancial, esencial con Román. Román tiene la convicción profunda de intentar jugar siempre a partir de la posesión de la pelota, al margen de lo que piense el técnico de turno. A él no le vayan con eso de pararse atrás. Pero bueno, Román hay uno solo. Lo positivo, lo saludable, es que este equipo, evidentemente, aprendió a jugar sin él.
Bien metidos los cambios. En realidad, no estaba para salir nadie y menos Cvita, que fue una fiera. Pero ponerlo a Pablito Mouche cuando ellos ya estaban medio fusilados era una apuesta bien hecha y salió bien. En cuanto a la entrada del Gordo Sánchez Miño por Erviti, que ya va haciéndose costumbre, era cambio cantado. Porque Walter, que luchó mucho y estaba dolorido por el planchazo criminal que le había metido ese Dighuinho en el primer tiempo, definitivamente no tiene ni la velocidad ni el sentido de oportunidad de Sánchez Miño para aparecer vacío a terminar la jugada. El Gordo es mucho más vertical.
La hizo muy bien Pablo, que llegó al fondo, salió para buscar perfil de zurda y antes de meter el centro, miró, como se debe. No llegó el Tanque pero por detrás de él, a los brasileños se les apareció como un fantasma Sánchez Miño. Seguro que no lo tenían, ahora lo tienen. Golazo y partido liquidado.
Penal al pedo el del Flaco Schiavi. Es cierto que esos penales se cobran pocas veces y además, quizás el Flaco haya especulado con que el pito había quedado muy lejos pero bueno, botoneó el asistente y no hay nada para decir, los asistentes están para botonear. Lo grave, lo inaceptable, es que ganando 2-0 nos hayan pillado de contraataque. Eso no tiene que pasar, nunca.
En fin, el penal terminó siendo una anécdota para agrandar todavía más la figura de Orión, que sacó todo lo que le tiraron, incluso una impensada pifia del Tanque Silva y hasta el penal. ¿Quién le enseñó a Rafael Moura a caminar así, de costado, en la carrera previa a un penal? Lo pateó como el orto, corriendo así era imposible que lo pateara bien pero bueno lo de Agustín, noche perfecta la suya.
Clasificados. Primera misión cumplida. No es por ser inconformista pero es una lástima que vayamos a entrar segundos en el grupo. Fluminense venía con puntaje ideal pero por esos milagros del fútbol. A Arsenal en Río le ganó con mucha suerte, Arsenal se perdió como diez goles, fácil. Dos veces le ganó apenas 1-0 al famélico Zamora. Y en La Bombonera, bueno, sus méritos tuvieron pero por sobre todo, lo perdimos nosotros. Así como regalamos el insólito empate en Venezuela.
Ya está, a partir de octavos es a fuego y sangre en ciento veinte minutos y de 2000 a la fecha nos acostumbramos a ganar muchas veces en esos mano a mano. Y lo mejor es que los demás también están acostumbrados a que ganemos. Somos Boca, todos lo saben bien.
jueves, 12 de abril de 2012
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Decí algo del partidazo de Pablo Ledesma!!!!
ResponderEliminarTenés razón, Alejo, otra vez muy bien Pablo. Entre él y Roncaglia tardaron unos minutos en agarrarle la mano a Carlinhos. Ledesma volvió de Europa muy crecido. Esta mañana (viernes) en Casa Amarilla alguien me hablaba de pasarlo a Ledesma como doble cinco para el partido con Tigre y le dije: Ni en pedo, dejalo en la derecha que ahí mata.RAP.
ResponderEliminarDnde dice "ciento veinte", favor de leer "ciento ochenta". Las matemáticas nunca fueron mi fuerte.
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