La excursión salió mal por donde se la mire. Mal partido, derrota, imperdonables incidentes y tres titulares lesionados. Uno de esos domingos en que hubiese sido mejor quedarse en la cama.
Sin Román ni Pochi, no hay juego. Erviti, aquel que conociéramos en San Lorenzo y reencontráramos en Banfield, era un jugador muy distinto de este que es hoy. Está para la lucha, para correr y meter pero ya no es capaz de distribuir la pelota como lo hacía antes. ¿Quién fue el jugador de Boca que mejor trató la pelota? Somoza. Miró y procuró dársela siempre a un compañero. Vale su esfuerzo pero está indicando una deficiencia del equipo. Manejar la bocha no es función primordial de Leo. Para eso necesitamos a otro y no lo tuvimos.
Con la chapa puesta sería muy fácil decir que Falcioni la pifió poniendo a Mouche de volante por la izquierda. No, estaba bien pensado. Pablo ya hizo otras veces ese trabajo. Esta vez no salió. Pero no es que no haya salido porque Pablo jugó de carrilero por la izquierda. No salió porque Boca no tuvo un conductor.
El problema tampoco fue el esquema. Se jugó 4-4-2 (no 4-3-3 como alguno pensó antes del partido). Modificar el sistema era inevitable porque sin Pochi ni Román ni el Pibe Paredes (que iba a volver en reserva y suspendieron el partido), otro enganche no hay. Ni siquiera tenemos a mano la opción aquella de Viatri tirado atrás, como el año pasado con Independiente, con la que nos fue bien. Era lógico y natural que se pasara a los cuatro volantes pero entre esos cuatro tiene que haber por lo menos uno que haga jugar al resto. No fue Erviti, tampoco Pablo Ledesma, Mouche no deja de ser un delantero puesto a jugar de otra cosa y Somoza hizo lo que pudo pero no bastó.
Podría haber jugado de entrada Sánchez Miño por izquierda, como casi todos imaginábamos hasta pocas horas antes del partido pero no es de suponer que con eso algo hubiera cambiado sustancialmente en cuando a la elaboración de juego. Esa es una mochila que no podía tirársele al Gordo, por más que ande muy bien.
Quizá sí hubiese habido algún matiz diferencial en cuanto a una mejor coordinación de movimientos entre Sánchez Miño y Clemente. Porque Mouche nunca le dejó lugar a Clemente para pasar. Nunca se le fabricó el hueco a Clemente para que hiciera lo que mejor hace. Pablo, abierto por izquierda, complicó algunas veces a los rivales pero nunca tiró un buen centro, le salieron todos pasados, larguísimos. Sí acertó uno de pelota parada, ése que cabeceó Insaurralde en el primer tiempo y que tocó la parte de arriba del travesaño. Sin Román ni Pochi, Pablo fue también el encargado de las pelotas paradas y alguna bien puso.
Cvitanich y Silva la pelearon arriba siempre en desventaja, porque la pelota les llegaba siempre por los adoquines. El Tanque se las rebuscó mejor, se revolvió en su lucha contra los defensores y ganó más de una pero nunca acertó con la definición. Generalmente remató forzado. La única que remató cómodo, y se le fue al lado de un palo, fue esa del primer tiempo al cabo de la mejor maniobra asociada de Boca en ataque, tal vez la única. Mouche poniéndola de la izquierda hacia el medio, Pablo Ledesma aguantando de espaldas en el área y descargando hacia atrás, el Tanque de frente para la definición. Pero falló, una lástima. Cvita, que la había roto en Brasil, esta vez no tuvo ningún peso a lo largo del partido.
Lo mejor de Boca, como expresión individual, fue el Chaco Insaurralde. Está muy firme, muy seguro, muy regular. Gana en las dos áreas. Le cayó ese rebote después del corner de Mouche y no la dejó pasar. Metió una media vuelta perfecta para el empate. Es importante el buen nivel del Chaco porque el Flaco Schiavi no está como el año pasado. En el segundo tiempo había metido un quite impecable, de manual, en una pelota en la que había quedado solo y muy desprotegido pero esperó, arrió al rival, Luna y ya en el área, lo despojó en una jugada que era muy peligrosa. Pero después llegó la chambonada del gol en contra. No es un mero accidente. Saltó con Echeverría y está bien que no haya cabeceado cómodo pero él sabe mejor que nadie que ahí hay que tener mucho cuidado. Gol en contra con Arsenal el año pasado, gol en contra con Independiente en el verano, gol en contra ahora con Tigre… Necesitamos más del Flaco.
Orión, otra vez, se comió un gol de tiro libre en su palo, como con Independiente. Este era más difícil, porque era más frontal pero si delante de la pelota se para un diestro, como Morales, la mayor facilidad que puede dársele es descubrir el palo del arquero. Mal Agustín.
Falcioni, después del partido, hizo foco en Laverni y es verdad que nos cagó. Ni el tiro libre del primer gol ni el del segundo habían sido faltas. Por otra parte, en algunos medios salió que hubo mano de Pablito Ledesma en el gol anulado que hubiera sido el 2-1 a favor nuestro. Yo la volví a ver esta mañana (lunes) por tele y no veo mano por ningún lado… Tres fallas o como mínimo dos del árbitro que resultan definitorias en el partido. Puede ocurrir. Por otra parte, el segundo asistente, Brailovsky, nos paró por lo menos dos ataques mal en el primer tiempo. Pero es mejor que el director técnico le preste atención a otras cosas. Si el nivel de juego es tan bajo como el que exhibió Boca en Victoria, se corre el riesgo de que cualquier macanazo del árbitro termine siendo determinante. Si se juega mejor, si se impone superioridad, las fallas arbitrales no van a pesar tanto, seguro.
Terminamos el partido con dos desgarrados, Roncaglia y Somoza. Lo de Somoza es una cosa, porque Leo no había jugado ni con Argentinos ni con Fluminense y ni siquiera había viajado a Brasil. Otra cosa es lo de Facundo, porque es uno de los jugadores con más minutos acumulados en lo que va del año. Cuando se juega domingo y miércoles a lo largo de varias semanas y con viajes en el medio, la secuencia de lesiones musculares es inevitable.
Hay que tener mucho tacto, mucho tino y también mucha suerte para acertar en la distribución de las cargas a cada jugador. Se puede elegir la rotación masiva, la rotación parcial o jugar siempre con la misma base. En este caso, tres partidos en ocho días con viaje en el medio y con los mismos jugadores, la apuesta de Falcioni, debe haber tenido que ver con la lesión de Roncaglia. Bianchi pocas veces jugaba tres veces en una semana con los mismos. Solía salirle bien. Basile, en 2005, jugó Apertura y Sudamericana siempre con los mismos y ganó las dos cosas. Por eso, no hay recetas infalibles ni indiscutibles. La fortuna es un factor gravitante.
Lo que pasó después del partido en ese callejoncito siniestro que hay a la salida de la cancha de Tigre hay que analizarlo desde distintos sitios. Es propio del fútbol argentino que los jugadores, para llegar desde el estadio hasta el ómnibus, tengan que transitar por la calle, por la vía pública. En Europa seguro que no pasa. Es propio de la sociedad argentina, de esta decadente sociedad de la que todos somos parte, que un montón de imbéciles esperen a los jugadores rivales para gastarlos, para agredirlos verbalmente. Pasó en Tigre y también pasa el La Bombonera. Es propio de nuestras fuerzas de seguridad trabajar mal, llegar tarde, no hacer lo que se debe. Es propio del ser humano calentarse algunas veces y reaccionar mal. Pero los jugadores de Boca saben perfectamente en qué medio se desempeñan y a qué están expuestos. Es inaceptable que se saquen y se agarren a trompadas con esos estúpidos, que se pongan a su altura. Tienen experiencia, son grandes. Si van a explotar cada vez que los gastan o los putean después de un partido, podría llegar a pasar lo mismo todos los domingos. Al Tanque Silva le costó la fractura de una mano (eso sí, me encantaría saber cómo quedó el otro). Vamos, muchachos, esperamos más madurez y racionalidad de parte de ustedes.
lunes, 16 de abril de 2012
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Coincido: el 4-4-2 con Mouche no estaba mal pensado, incluso desbordó varias veces por ese lado con bastante comodidad, pero los centros... Da bronca perder un partido que hasta el gol de ellos sólo parecía estar esperando que nos organizáramos un cacho para ganarlo. Tal es así que tras el empate podríamos haberlo ganado tranquilamente. Es como decís, estaba escrito que iba a salir todo mal.
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