Fue un partido con una gran diversidad de matices para cuyo análisis hay también muchas puntas por donde entrarle. Como espectáculo, muy rico, porque hubo numerosísimos riesgos para los arcos. Boca ganó y además, fue profundo, agresivo, intenso en ataque. Pudo haber goleado.
Tal vez será que por ser quienes somos nos ponemos inconformistas, exigentes en extremo pero bueno, no podemos olvidarnos de los largos pasajes en que perdimos control de juego. En que se jugaba a lo que quería All Boys. Y nos llegaron, nos llegaron demasiado.
No habían pasado dos minutos y estábamos 1-0. Es el partido soñado arrancar 1-0. Tiro libre bien puesto por el Gordo Sánchez Miño, cerrándola con zurda desde la derecha, la mala salida de Cambiasso y la cabeza de Guille Burdisso. No tenía el dato ése de que el hermano de Nico la había metido cuando debutó en El Porve, en Central, en Arsenal y en la selección. Quinto debut con un gol y éste, en la primera pelota que tocó. Impresionante.
Contra todos los pronósticos, lo que sucedió a ese gol fueron veinte minutos horrendos, siniestros. Perdimos la pelota, volvía enseguida, la tenían siempre ellos. Nuestro ídolo Ahumada (el del “Silencio Atroz”, grande, Ahumada) era un pulpo. Morel, que cuando se le entibia un poquito el pecho puede marcar diferencia en cualquier lado, parecía Román. El uruguayo Rodríguez, un tren por la izquierda. Borghello, picoteando por todo el frente, un problema insoluble.
Muy rapidito nos empataron en otra pelota parada. Le pegó muy bien Rodríguez y Borghello apareció en el primer palo como un fantasma. Todo mérito de ellos. No hay mucho que reprocharse salvo que el foul de Clemente era totalmente evitable. Lo que se dice, un fau al pedo. Es que estaba fuera de medida, Clemente. Salía mal, llegaba tarde. Le trabajaban el espacio a su espalda y se hacían un picnic por ahí.
Menos mal que Guille Burdisso anduvo muy bien. Todo el partido. En ese momento tan difícil metió varios cruces muy bien metidos. Lo de Guille fue como si hubiese llevado puesta la camiseta de toda la vida. Le debe haber quedado impregnada la identidad bostera de cuando lo veía a Nico desde la tribuna.
Uno a uno y era grave porque Boca no aparecía en el partido. Cuando Somoza no encuentra el lugar justo donde pararse, toda la estantería se viene abajo. Sigue muy bajo Pablito Ledesma. El Gordo Sánchez Miño se cerraba mucho para dejarle vía libre a Clemente, como hace habitualmente Erviti pero en el caso del Gordo, conviene que juegue más abierto.
Ya andábamos por los 25 cuando Boca, por lo menos, pasó a compartir la posesión. Tuvo mucho que ver lo que se movió Viatri, bajando para pedirla porque Pochi no aparecía. Y cuando le llegaba alguna pelota, la comprometía y la perdía, no inventaba nada. Otro factor fue que empezaron a entenderse el Gordo y Clemente y empezamos a encontrar alguna vez la puerta abierta por la izquierda.
La verdad, nos favoreció un error determinante del asistente Viola en un instante clave. Si el tipo no le levanta mal la bandera a Borghello en el minuto cuarenta y llegábamos al entretiempo 1-2, se venía la noche. Por cómo estaban dadas las cosas, no hubiera sido nada fácil levantarse, torcer el rumbo del partido. Nos hubiésemos puesto locos todos y ellos hubieran nadado en su salsa.
Y bueno, no sólo que no nos fuimos el descanso 1-2, sino que nos fuimos 2-1 porque sobre la hora llegó el gol del Tanque Silva. Fundamental. Otra bola parada, esta vez más frontal y a cargo de Pochi, y la cabeza del Tanque. Buen frentazo. Cambiasso, medio mal parado, quedó en bolas.
Es un dato muy positivo haber metido dos goles de pelota parada. Cuando íbamos a jugar contra el Banfield de Falcioni, las pelotas detenidas para ellos eran un martirio, una tortura. Todos decíamos “¡qué bien labura este tipo (Falcioni) las bochas paradas!”. Un detalle importante, en este partido, fue que nunca se sabía quién iba a pegarle, si Pochi o el Gordo. Cuando estaba Román, él era el dueño absoluto, de derecha o de izquierda. A veces, si se cansaba, le dejaba alguna a Erviti o algún córner a Mouche pero mandaba él. Perdimos a un ejecutor eximio e irrepetible pero ahora hay abanico de posibilidades, al menos si está Sánchez Miño en la cancha y también en los directos al arco, alguna vez (no en este partido) se anima el Apu Sosa, que en Racing supo meterla.
Empezó el segundo tiempo y otra vez pegamos en frío. Cagadón de Grana y Clemente la hizo perfecta, se fue de una hasta Cambiasso y después la tocó para atrás, para que el Tanque reventara con el arquero fuera de foco. Muy buen aprovechamiento del regalo. Y es muy bueno que el Tanque la haya metido dos veces. Sinceramente, este gil que escribe lo puteó bastante, al Tanque, en el curso del primer tiempo. El tipo paraba cualquier posibilidad de ataque que pasaba por sus pies. Tiene que empezar a meterla más, el Tanque. Tiene que ganarnos de una vez por todas. Si no la mete, nos pone mal, nerviosos, lo vemos lento, torpe, a contramano de la jugada y del partido. Por eso es de esperar que estos dos goles juntos le den de una vez por todas la confianza y la seguridad.
En realidad, durante el segundo tiempo sí que Boca tuvo control de la situación. Lo que el Gordo y Clemente habían insinuado en el final del primer tiempo se afianzó en el segundo. Puede ser una buena fórmula esa que ya empezó a verse con Racing y con Tigre. Juntos son dinamita. Hay entendimiento a primera vista. Y otro protagonista siguió siendo Luquitas Viatri que se mueve muy bien por toda la cancha. Boca pudo haber goleado. Es cierto que ellos, obligados a arriesgar, quedaron muchas veces expuestos pero lo bueno es que Boca manejó bien la pelota, fue veloz y certero en la salida. No así en la definición porque en ese caso sí, hubiesen sido cuatro, cinco o seis.
Lo que no puede entenderse, lo que no puede aceptarse es que aún en circunstancias tan favorables hayamos dado tantas chances. La que se desvió en el Flaco Schiavi y tocó el palo derecho de D’Angelo, la que el propio Flaco salvó en la raya con D’Angelo vencido, ese foul del Flaco desde atrás a un rival que se iba sólo (le perdonaron la expulsión). El Flaco fue otro protagonista del segundo tiempo. En su nivel, fuerte, autoritario. ¿Pero cómo puede ser que en un partido que tenemos servido para golear terminemos dependiendo del Flaco?...
Por eso, fue un partido al que uno no sabe bien por dónde entrarle. Con buenas y malas noticias. Aunque la mejor, obviamente, es que ganamos y que metimos tres en serie, contando la final de la Copa Argentina. Y la peor noticia, claro, las lesiones. Ustari, afuera por veinte días. El Apu Sosa, también. El golpe a Luquitas en el tobillo izquierdo esperemos que no sea nada, ya venía golpeado en el derecho desde el partido con Racing. Y lo de Clemente, bueno, él suele terminar cada partido con dolores musculares, al límite y en esta semana le metieron mucho ajetreo. Sabella se lo llevó a pasear por Alemania y no lo puso. ¿No hay nadie de Boca que vaya a la AFA, pegue una trompada arriba de la mesa y les grite que no nos rompan las pelotas? ¿Eh, Crespi?
Ahora vienen los coloraditos, por la Sudamericana, y no podemos saber bien cómo va a formar Boca. Hay que imponerles condiciones, ellos vienen mal pero mal, mal. Hoy fui a verlos con Racing. ¡Mamita! No armaron una sola jugada de ataque en todo el partido. Si Racing jugaba sin arquero, era lo mismo. Racing no los recagó a goles porque es Racing. Nosotros somos Boca. Si están en la lona, que no se levanten.
domingo, 19 de agosto de 2012
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