sábado, 4 de agosto de 2012

VIAJE AL FONDO DEL MAR

Mediodía del sábado. Paró la lluvia pero está nublado, feo, feísimo. Faltan poco más de seis horas para salir a jugar con Quilmes. En mis sesenta años nunca me pasó esperar la primera fecha de un campeonato con tan pocas ganas e ilusiones, con tantas tribulaciones. La verdad, si Boca no pierde va a ser un milagro.


Le doy vueltas y más vueltas y no me termina de entrar en la cabeza, no asimilo lo que fue esta semana caótica, surrealista, grotesca, como de ficción (sólo que ningún autor podría habérsela imaginado).

La gira era un despropósito desde el principio. Descabellada. Cuatro partidos en seis días y teníamos que volver cuatro días antes de empezar el campeonato. Poco margen. Sabés que te pasa cualquier cosa y quedás culo para arriba. Angelici dice que cuando se firmó, el campeonato iba a empezar el 12 de agosto. Se supone que Angelici sabe, porque es parte (parte importante, el presidente de Boca), que en el fútbol argentino nada te puede tomar por sorpresa. Tenés que poner una cláusula de fuerza mayor en el contrato y llegado el caso les decís a los organizadores: “Me adelantaron el campeonato, la gira la dejamos para otro momento, disculpen la molestia”. No, vamos y jugamos. En fin…

Termina el último partido y no está el chárter. Cagamos. No puede ser, no se puede entender ni aceptar que hayan pasado sesenta horas. Alguna solución tenés que encontrar. Algún recurso tiene que aparecer. Alguna idea tiene que caerse. Sos Boca, no sos Villa San Carlos (y no voy a acudir aquí al clisé de aclarar que le tengo respeto a Villa San Carlos, no le tengo ningún respeto a Villa San Carlos, no existe).

Después, efecto cascada. El lunes a la noche no viajás, el martes a la mañana tampoco, a la noche tampoco, el miércoles tampoco, el jueves a la mañana tampoco… Que no está el avión, que no está la guita, que los organizadores se borraron… Patéticas declaraciones de Martucci desde Venezuela. “Me avisaron que ya salió el avión desde Caracas, debe estar llegando en cualquier momento”… Y te comés un día más. Llegás el jueves a la noche, en Ezeiza hay niebla, vas a Córdoba, en Córdoba no hay alojamiento, seguís a Carlos Paz, llegás a las cinco de la mañana… Por fin, llegás a Buenos Aires el jueves a las seis y media de la tarde… Menos mal que esta vez te dejaron bajar porque el tiempo no había mejorado en absoluto. No entrenaste en toda la semana. El viernes, día previo al partido, hay tormenta. No poder hacer campo, hay que mover a los jugadores un ratito en el parqué de la cancha de básquet… ¿Qué más?

Falcioni decidió poner a un arquero que lleva catorce meses sin jugar y que no tiene ni un entrenamiento con sus compañeros. Ojalá Ustari la rompa pero se repite, va a ser un milagro. Es ilógico. Si Falcioni lo pone a D’Angelo y D’Angelo se come algún moco (como en la jugada previa al penal con All Boys), no se le puede decir nada a Falcioni. Pero si el moco se lo come Ustari, lo van a matar. Lo vamos a matar.

Angelici, Moscariello, Martucci & Company eran los que nos iban a devolver la gloria perdida. Madre mía. Nos estamos comiendo un cachetazo detrás de otro. El piante de Roncaglia, la salida de Román, todavía no terminamos de absorber la forma en que Vélez nos sopló al uruguayo Sosa y ahora, esto. No es que uno quiera ser golpista, llevan siete meses de gestión pero sinceramente, lo mejor que podría pasarnos es perderlos a ellos.

Es tan pelotudo, Angelici, que él mismo se encargó de recordar, cuando no le dieron bola al pedir la postergación del partido, que en la última fecha del Clausura Boca tenía la potestad reglamentaria de pedir o mejor dicho, de exigir la postergación con All Boys (por estar jugando una final internacional) y no lo hizo. “Somos solidarios”, dice. Una cosa es ser solidario y otra es ser boludo, Angelici. Mejor hubieras echado un manto de olvido, gil. Si vas a regalar algo pensando que algún día te lo van a devolver, marchaste. Aníbal Fernández te cargó. Dice que el domingo no se puede jugar en Quilmes porque hay un partido de hockey femenino… Ja, ja, ja… Encima, no lo soporto a ese Aníbal Fernández. Es a los Kirchner lo que Jaroslavsky era a Alfonsín, el mascarón de proa al que lo mandan a decir las cosas que un presidente no puede decir porque queda feo. Ese payaso, nos caminó.

Viaje al Fondo del Mar era una linda serie de mediados de los sesenta, la daban los miércoles a la tarde por Canal 11. Un submarino nuclear, el almirante Nelson, el capitan Crane, el teniente Morton, los marineros Kowalsky y Patterson… Con el correr del tiempo se fue haciendo demasiado repetida, siempre había monstruos horrorosos que aparecían en las profundidades. A los guionistas de Viaje al Fondo del Mar jamás podrían habérseles ocurrido las monstruosidades por las que atravesó Boca en esta semana trágica. Y lo peor es que intuyo que todavía no terminaron. Que recién están empezando. Estamos abajo del Titanic. Ojalá me equivoque…

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