HOY CUMPLE 68 AÑOS ROJITAS. SE ME OCURRIÓ DESEMPOLVAR ALGO QUE ESCRIBÍ HACE MÁS DE DIEZ AÑOS, CUANDO SE LE HIZO EL (TARDÍO) HOMENAJE EN LA BOMBONERA. EN SU MOMENTO, POR RAZONES OPERATIVAS, TUVE QUE REDUCIRLO MUCHO Y HACERLE MODIFICACIONES PARA PUBLICARLO A TRAVÉS DE DYN, LA EMPRESA EN QUE TRABAJO, BAJO EL TÍTULO “NO HABRÁ NINGUNO IGUAL, NO HABRÁ NINGUNO”. AQUÍ Y AHORA MANDO EL ORIGINAL COMPLETO CON ALGUNOS RETOQUES.
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Ángel: espíritu celeste. Fig: persona en quien se suponen las calidades propias de los espíritus angélicos.
Clemente: que tiene clemencia (compasión que modera el rigor de la justicia).
DEFINICIONES DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
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-¿Y te conté de cuando empató en la cancha de Lanús a los 44 del segundo, de afuera del área, de zurda, abajo, a la izquierda de Ovejero?
-Cien veces. ¿Era de pegarle mucho de afuera?
-A veces. Una vez, en Bolivia, metió dos goles iguales, como de media cuadra. Yo lo estaba escuchando a Veiga, porque por televisión en directo no venía, y pensé que verseaba. Pero al día siguiente, cuando lo pasaron, comprobé que no. ¿Viste que en La Paz la pelota sale como un piedrazo? Este guacho le agarró la mano enseguida. Era una luz, Rojitas.
-¿Para vos fue mejor que Maradona?
-¿Me estás cargando? Qué va a ser mejor que Maradona. Esa comparación no es odiosa sino francamente estúpida, perdoname. Rojitas fue Rojitas, no se lo puede definir ni encasillar. Lo aceptabas o no. Y yo no hubiese querido que fuera como Maradona ni como Pelé ni como ningún otro. Y te digo que ya en su época escuchabas a giles que decían “si este se cuidara más, si fuera más disciplinado, más profesional, si se entrenara mejor… Si se acostara a las diez de la noche y se levantara a las diez de la mañana… Si tomara leche pasteurizada, agua mineral sin gas y jugo de naranja exprimido”… Pero entonces no hubiera sido Rojitas, hubiera sido otro tipo y otro jugador. ¿Y querés que te diga una cosa? Dejámelo así, dejá que haya sido Rojitas, ni más ni menos.
-Y de los jugadores de ahora, ¿a quién se parecía?
-Te lo digo por última vez y no me jodas más: Rojitas jugaba como Rojitas. Fue único e irrepetible. El que cuando apareció me lo recordaba en algunas cosas era Latorre. Claro que Rojitas no salió del country Mapuche de Pilar, sino del potrero Pajarito de Villa Domínico. No sé si captás la diferencia. Otro que por ahí me lo trae a la memoria es Ortega.
-¿El de River?
-Sí, el de River, ¿qué hay? Ese cortecito para adentro o para afuera cuando sale en gambeta es de Rojitas. Y esa sensación de que le daba lo mismo jugar en cualquier parte y por cualquier cosa. Y esa imagen de atorrante irreversible. Y le gustaba D’Arienzo.
-¿Y eso que tiene que ver?
-¿Qué tiene que ver?... Es un signo de identidad. La marca en el orillo. No hay ningún músico que presuma de serio y que te hable bien del Rey del Compás…
-Yo escuché o leí en algún lado que Troilo y Pugliese hablaron bien de D’Arienzo.
-Esos no presumían de serios, eran serios. Y no hablaban mal de nadie. Con Rojitas pasaba que a los “analistas” del periodismo, más allá de explotar debidamente el costado comercial del fenómeno Rojitas, les costaba una barbaridad reconocerlo como jugador. Lo hacían sólo cuando no tenían más remedio. Escribían pavadas tales como que “no sabía jugar sin la pelota”. Justo él, que era capaz de desparramar a un tipo sin tocarla, con un movimiento del cuerpo.
-Claro, la famosa cintura de Rojitas.
-¿Ves? Eso de la cintura fue, más que nada, una etiqueta periodística. Vos dame bola a mí: a Rojitas no se lo puede definir.
-Pero entonces, para vos, ¿cuál fue la característica determinante?
-La turrez. Rojitas fue un grandísimo turro (en el buen sentido, eh). Mirá, todos se acuerdan de cuando le afanó la gorra al viejo Carrizo…
-Eso fue el día de la Puerta 12.
-Precisamente, que yo salí por la puerta de al lado y me enteré como a las dos horas. Bueno, el viejo estaba posando con todo el equipo, sujetando la gorra que usaba de cábala, y este degenerado se la arrebató de atrás y salió corriendo. Cada vez que se habla de Rojitas, meten esa. Pero yo tengo un montón.
-¿Por ejemplo?
-Por ejemplo, una noche, con Vélez, le habían cobrado un orsai apenas pasada la mitad de la cancha. La jugada estaba terminada. Marín, el arquero de Vélez, salió corriendo a agarrar la pelota para hacer el tiro libre, porque ganaba Boca 1 a 0 y faltaba poco. Y Angelito no pudo con sí mismo y se la mandó por arriba. Llegó al límite de amonestaciones y se quedó dos partidos afuera en la recta final del campeonato. ¿Te la había contado?
-Doscientas veces. Lo que todavía no entiendo es cómo no lo mataron.
-¿A Angelito Rojas? Lo adorábamos y le bancábamos cualquiera. Además, fijate vos, ese campeonato terminó ganándolo él. El Nacional del 70. En la final con Central, en el gallinero, el gol definitorio lo hizo el Ratón Coch, de cabeza (medía 1,49 con tapones altos). Pero Boca perdía 1 a 0, faltarían diez o doce, no salía ninguna y en eso empató Rojitas con un gol de otro partido. En una galletita desacomodó a dos, fabricó un agujerito y la puso. No sé si ya te la había contado.
-Trescientas veces. Debe haber sido una de las últimas porque el último año que jugó fue el 71.
-La última que me acuerdo fue cuando Boca perdía 3 a 1 con River en la cancha de Racing, en el Metropolitano del 71, sacó dos goles de la galera en pocos minutos. ¿Me la habías escuchado?
-Cuatrocientas veces.
-Ese año ya jugó poco. Y pensar que recién tenía 27…
-¿Cuál fue su mejor año?
-El 65. Porque después de aparecer y romper todo en el 63, en el 64 se apagó. Lo había lesionado Devoto, un 3 de Huracán, en un partido por la Copa Jorge Newbery y cuando volvió no era el mismo. Estaba como achanchado, no agarraba la onda, Pedernera lo ponía y lo sacaba. Reapareció con todas las luces prendidas en la segunda fecha del 65, con Independiente, en Avellaneda, bajo la lluvia, en un partido infernal. Todos pegaban patadas y él jugaba. Y de ahí no salió más. Y en la segunda rueda se volvió a juntar con el Beto Menéndez, como en el 63 y Boca salió campeón corriendo de atrás. El Beto era más directo, más de limpiar la jugada a un toque o dos, cerebral. Rojitas era un intuitivo, no elaboraba nada, hacía lo que tenía ganas. Pero se entendían de espaldas. Ese año Boca quedó por primera vez puntero solo, dos puntos arriba, a dos fechas del final, después de acostar a River, of course. Pero en la penúltima había que ir a Carrefour… Mortal. Ganaba San Lorenzo 1 a 0 y faltando menos de quince se despertó Rojitas. Tiró un sombrero en el área y cuando caía la tocó por arriba del arquero, Paladino. Pegó en el travesaño y la metió el Tanque Rojas, de cabeza. Ya sé que te la había contado.
-Quinientas veces. Y ese año jugó en la Selección, ¿no?
-Sí pero Minella lo hizo jugar a la derecha del Rata. Lo que hoy llamaríamos un carrilero. Y Rojitas era, a lo sumo, media punta. Qué iba a tener fueyes para el ida y vuelta… Y en el 66 el Toto Lorenzo lo llevó a la gira previa al Mundial pero se volvió porque estaba lesionado. Igual, el 66 fue otro de los períodos sabáticos que se tomó. Era así, se iba y volvía. Y siempre lo estábamos esperando.
-Y después, ¿cuándo anduvo bien?
-Del 70 ya te hablé. En el Nacional 68 tuvo muy buenos partidos. Uno, con River, impresionante. Metió el primero de cabeza. Porque cabeceaba bien, algo de lo que muchos no se avivaron hasta hoy. Iba a buscar los corners al primer palo y pim… Eso fue en el primer tiempo. Y en el segundo le hizo hacer los otros dos al Loco Pianetti. Una tarde de gloria, no sé si te la había contado.
-Seiscientas veces. Y después, en el 69, se peleó con Di Stefano, ¿no?
-Di Stefano lo metió en el freezer un rato largo y lo hizo enojar. Cuando le sacó la percha, en ese equipo, que era una sinfónica, él hacía los solos de violín. Le embocó tres a Talleres, tres a Qulmes, uno de cabeza en la cancha de Chacarita en un partido chivísimo (1 a 0 y el Loco Sánchez le atajó un penal a Neuman)… Y la tarde de la vuelta olímpica en el gallinero, con los dos goles del Muñeco Madurga, el segundo empezó con un toque magistral de Rojitas. Una “asistencia”, como se dice ahora. Lo dejó al Muñeco servido para que se fuera sólo y se la cruzara a Perico Pérez. Te la debo haber contado antes…
-Setecientas veces. Hace bastante no me contás la de cuando fue en cana.
-¡Ah!... Resulta que le metió una escupida a Cornejo, un 6 de Lanús que le tenía los huevos llenos. Por ese entonces a uno de nuestro beneméritos gobernantes de todas las épocas se le había ocurrido meter presos a todos los jugadores expulsados. Agarrabas de la camiseta a uno que se iba solo y te guardaban. Y allá fueron Rojitas y Cornejo juntos, a tomar mate por unos días en Villa Devoto. ¿Cuántas veces te la conté?
-Ochocientas. ¿Lo echaron muchas veces?
-Y, algunas. Otra que me acuerdo fue en el 65, en La Plata, con Gimnasia. Con Rogel, el mendocino que después pasó a Boca y jugó varios años. ¿Sabés lo que era ese mendocino? John Wayne. Pero Rojitas no se le achicaba a nadie y le surtió un bife. Decí que después Roberto no lo pudo agarrar porque coparon el Rata, el Tano Roma, el Tanque, el correntino Silvero, el Cholo Simeone… Si Rojitas era el mimado de todos…
-Bueno, vos, que sos el Julio Jorge Nelson de Rojitas, me imagino que habrás ido a sacar la entrada para el homenaje antes de que abrieran las boleterías.
-Fui de última, no tenía muchas ganas.
-…
-Por empezar, el auténtico homenaje, no programado, espontáneo, como tienen que hacerse estas cosas, ya se le hizo en diciembre del 76. Se armó un amistoso de festejo con Lanús. Boca había ganado el Nacional y Lanús había ascendido. Rojitas andaba robando por Lanús, le colgaba la zapán por arriba de los lienzos. Unos vagos se metieron en la cancha y lo llevaron en andas hasta delante de la tribuna de la hinchada. La gente parecía que en cualquier momento empezaba a tirarse de cabeza desde el tercer piso para abrazarlo. Qué me van a hablar de amor. Además…
-¿Qué?
-Mirá, con este asunto del homenaje, de nuevo se habla del día del debut. Inolvidable. Se metió a la tribuna en el bolsillo de entrada. ¿Cuántas veces te la conté?
-Novecientas veces. Cuarta fecha del 63, 3 a 0 a Vélez. Tres jugadas de Rojitas, tres goles de Corbatta.
-Sí, señor. Muy bien. Y se cuenta -yo no me acuerdo- que la primera bola se le fue por debajo de la suela y el Beto Menéndez le dijo: “Pibe, ¿te pusiste jabón en los zapatos?”… Como para tranquilizarlo, ¿viste? Pero a que no sabés cuál fue el último partido de Rojitas en la primera de Boca…
-No.
-Yo te lo voy a decir: la reputísima noche que los grandes de Boca perdieron con los pibes de River, en la cancha de Racing, en el Nacional del 71. El chileno Riera lo puso en la mitad del segundo tiempo, a ver si inventaba algo y le salvaba la vida. Y jugó bien, eh. Yo me acuerdo. Pero ya estaba todo el pescado vendido. Después, el Puma Armando le pasó la factura por la huelga. En menos de un año liquidó a Silvio, al Negro Meléndez, al Loco Pianetti, al Muñeco Madurga, al Chapa Suñé (que después iba a volver)… Rojitas se fue a Perú, a Deportivo Municipal. Desde entonces, yo, en Perú, soy hincha de Municipal, aunque tenga la camiseta de River. Todos los lunes me fijo cómo salió. A fines del 73 volvió pero solamente jugó dos o tres partidos en Reserva y quedó libre.
-Bueno, ¿pero qué tiene que ver todo esto con tus pocas ganas de ir al homenaje?
-Tiene que ver que ya pasaron más de treinta años. Estos homenajes en que por ahí aparecen jugando Ante Garmaz o Coppola no me convencen. Y no sé si es grato verlo vestido de jugador con barriga y los pocos pelos. El Rojitas mío es aquél, el otro. ¿Te dije alguna vez que siempre va a seguir siendo mi ídolo?
-Mil veces.
martes, 28 de agosto de 2012
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