El momento fue el primer tiempo en La Bombonera, se nos escapó, lo dejamos pasar y listo. No fuimos menos, en 180 minutos, que el mejor equipo argentino de hoy lo cual, claro está, mal podría significar consuelo alguno. Perdimos y chau, no es de bostero gemir en estos casos.
En Rosario se jugó como se debía, se cedió la bola durante mucho tiempo pero Newell’s, en su casa y con su gente, nunca estuvo cómodo y si bien se mira, también allá pudimos haber ganado. Ellos no tuvieron ninguna tan concreta como las dos de Blandi, la que sacó Casco en la raya y la que devolvió el travesaño (después de una delicia de Román). La mejor de Newell’s fue la última, la que se desvió en Zárate y resolvió muy bien Orion, que tuvo otro partido impecable, sin fallas.
Seguramente mucho se va a hablar, y durante mucho tiempo, de la decisión de Bianchi de sacar a Blandi cuando fue expulsado Clemente. Carlos hizo lo correcto, que no se dude. Las dos líneas de cuatro estaban aguantando el partido, de hecho lo aguantaron, estaba pensado así y salió, no era cuestión de cambiar una estrategia que estaba dando resultados. Román no iba a salir así que había que sacrificar a Nico, no había otro.
Por supuesto, nos resignamos a jugar por más de media hora sin posibilidad cierta de llegar alguna vez, les dejamos definitivamente campo y pelota a ellos pero así lo imponían las circunstancias y el cero se sostuvo. No había alternativa mejor de acuerdo a cómo estaba planteada la situación.
En cuanto a la expulsión de Clemente, no es la primera vez que le pasa. Se sabe que a los árbitros no hay cosa que los saque más de las casillas que meterse con ellos. La amarilla a Clemente se imponía, por reiteración de faltas. No es que su reacción haya sido extrema pero hacer como que le ponía el pecho a Delfino fue una imprudencia, el pito se enojó y adiós. Clemente es grande, cuesta entender que sigan ocurriéndole estas cosas.
Como dijo Bianchi, en tres partidos seguidos con Newell’s terminamos, casualmente, con uno menos. Lo que hizo Vigliano con Burdisso fue una barbaridad, un despropósito, una hijaputez. Magallán yo no creo que haya querido pisar al rival pero el pito creyó que sí y se acabó. La de Clemente es la que menos puede discutirse.
Boca estuvo a la altura, por si a alguno le sirviera para quedarse más tranquilo. La función defensiva del equipo fue intachable, sin fisuras. Le teníamos mucho miedo al Chiqui Pérez pero el grandote, después de algún desatino inicial con la pelota, se hizo fuerte y sobre todo por arriba, su zona fue siempre suya. Caruzzo, en el nivel de estos últimos partidos. El tándem Somoza-Erviti, más atrás que en La Bombonera, volvió a responder. Muy buen trabajo de Leo Marín en una región de la cancha en que Newell’s suele ser particularmente peligroso. Del Gordo Sánchez Miño seguimos esperando más pero esa jugadita que hizo en el primer tiempo, aguantando con pelota al piso y cambiando el frente, lo mejor de Boca en esa etapa, le abre el crédito. No se borró nadie. Firme, Boca, en una parada brava.
Los penales no son suerte, gana el que patea mejor pero a cualquiera, al más pintado le cabe fallar como pasó con Román en el primero, que nos dejó condicionados para toda la serie. En el face to face con el arquero, se elige y lo que pueda suceder es imprevisible. Román apostó a que Guzmán se le iba a tirar para un lado, le pegó al medio, Guzmán se le quedó parado y sonamos. Después Vergini y el propio Orion cuando pateó iba a hacer la misma apuesta que Román y les salió bien.
Se puede elegir patear apretadito contra un palo y que entre, como en el primero de Chiqui Pérez o que se vaya, como en el de Caruzzo. El pibe Zárate acató la recomendación de Bianchi, le pegó fuerte y se le fue a cualquier parte. Marín y el Chiqui la segunda vez también le dieron fuerte y la clavaron en un ángulo. Si algo le faltaba al Burrito Martínez para redondear un período de absoluta defraudación fue marrar el penal que nos dejó afuera de una Libertadores.
Ahora, a lamer las heridas, a ver si se puede levantar un poquito la puntería en lo que queda del Final y a delinear el futuro, que siempre se viene encima. El primer semestre de 2013 se fue con pena, ya está.
jueves, 30 de mayo de 2013
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