lunes, 6 de mayo de 2013

HABLEMOS DE FÚTBOL

A los cuarenta segundos de juego Guille Burdisso metió un gran quite pero a continuación, de puro atolondrado, desde el piso le regaló la pelota a Sánchez con todo Boca parado al revés (él mismo fuera de combate en primer término) y llegó el gol de Lanzini.


A los 56 minutos del segundo tiempo Guille Burdisso, de puro atolondrado, le fue con los dos pies para adelante a Sánchez y lo rajaron. Irreprochable, Delfino. Cierto es que, de producirse la jugada a los cinco minutos del primer tiempo y no a los 56 del segundo, Delfino, de acuerdo con los parámetros de comportamiento normales en los árbitros, no lo hubiese rajado pero eso es harina de otro costal.

En medio de ambas “burdissadas” hubo un partido ordinario, tamaño mediano en el fútbol argentino 2013, a tono con las medidas estándar del actual Boca y del actual River.

Dice Bianchi que, habiendo salido 0-1 de los vestidores, Boca no perdió el orden y controló el juego. Con la veneración de siempre, Carlos, en el primer tiempo Boca estuvo expuesto a una catástrofe. Si Iturbe hubiese levantado la cabeza, si hubiese pensado mejor la terminación de alguna de las muchas jugadas que lo tuvieron por protagonista en esa Avenida 9 de Julio que le regalamos por la izquierda (la derecha nuestra), si Funes Mori no se hubiese quedado en su casa, si Sánchez no le hubiese pegado con la sandalia Hawaiana a esa que le quedó servida delante del arco, marchábamos.

Metimos la primera que tuvimos, la única de todo el primer tiempo e iban 38 minutos. Bien armada y terminada (¡una!). La comenzó bien el Tanque Silva, la siguió bien Pablito Ledesma con la cabeza, le dio volumen Erviti, el mejor jugador de Boca, con un giro imprevisto que dejó sin asunto al que lo marcaba y la definió bien el propio Silva, anticipando y apretadita contra un palo, para dejar a Barovero de estatua.

Habíamos quedado al borde del nocaut en el primer round pero en el comienzo del segundo tiempo, los groggy eran ellos. Estaba para Boca y nosotros también, a nuestro turno, como ellos antes, la dejamos pasar. Cuando llegaron el tiro al que le entró mal Leíto Paredes y la que le sacó Barovero al Gonza Escalante, ya el partido estaba definitivamente degenerado por razones que son de dominio público.

Se rescata que se está afirmando la intención de tratar bien la pelota, de pensar en su destino, de no regalarla, de no dividirla porque sí. Como se vio con Lanús, con Belgrano, hasta con Toluca, con Estudiantes, mucho más con Corinthians, también ahora con River. No está tan mal. La deuda es la profundidad, la resolución. ¿Cuàntas claras tuvimos? Tres en todo el partido. Es muy poco.

Lindo haber terminado el clásico con siete chicos de la casa en cancha. Lindo, sobre todo, porque no se trata de algo circunstancial sino que los pibes vienen pidiendo pista. Al Gordo Sánchez Miño ya puede considerárselo un jugador prácticamente consolidado. De los que asoman atrás, Nahuel Zárate pinta lindo de verdad, serio, atinado, sin alharacas. Paredes, en los ratitos que tuvo con Estudiantes y con River, pareciera que va queriendo volver. Escalante estuvo a punto de ser el héroe y Barovero no lo dejó. Marín quedó muy expuesto en el primer tiempo pero el puesto que estaba de remate, por ahora, es suyo. A Pol lo tenemos en observación tras algunas decepciones, esta vez tuvo poco tiempo. El Yagui Bravo, discreto, sigue sumando partidos completos, ya tiene 90 minutos de un Boca-River sobre el lomo y un espacio muy bien ganado en el plantel.

Linda, también, la despedida a Walter Erviti, la ovación que lo bañó cuando se fue con un golpe en el ojo. Lo hemos castigado mucho durante mucho tiempo pero lo primero que hay que reconocerle es que el tipo no se borró jamás. Y ahora está jugando, enhorabuena.

Pasó otro Boca-River y nos dejó poco. ¿Dónde vio el técnico de ellos que hayamos festejado el empate? Sólo los estábamos gastando porque se fueron a la B. Él también. ¿O es que él alguna vez dejó de ser parte de River?

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