lunes, 6 de mayo de 2013

LA 12 ME TIENE LOS GÜEVOS LLENOS

No es folklore ni color ni fiesta. Que una manga de estúpidos (sean cientos, miles o millones) interrumpa un partido es un hecho aberrante que no deja de indignar. Al menos en el caso de este gil que escribe, porque pareciera que a muchos otros ya no les importa (por acostumbramiento) y muchos otros, lo que es peor, lo acompañan (por inercia).


No se trata, por supuesto, de ninguna espontaneidad. Que con perfecta sincronización aparezca humo azul y amarillo detrás de los dos arcos no se concibe sin una cuidada planificación ni tampoco sin complicidad institucional. Vaya casualidad, por estos días, la conducción de Boca, contra lo que es clamor palpable en el seno del club, alienta el proyecto de hacer una cancha nueva. Un negocio monstruoso, propiamente. San Lorenzo lucha desde hace más de treinta años por recuperar su lugar en el mundo y Boca está en camino de abandonar el suyo. ¡Qué infausta e imprevista consecuencia, para Angelici y su gente (por llamarlos de alguna manera) que ahora vayan a ser clausuradas dos tribunas de La Bombonera, tal vez el estadio todo!

El partido llegó a su final reglamentario solo por la buena voluntad, digámoslo así, de Delfino, Barovero y los demás jugadores de River. Los árbitros se ve que tienen la instrucción de terminar los partidos a como dé lugar. A Barovero le explotó una bomba al lado. Si yo (este gil que escribe) soy Barovero, ni me tiro al suelo ni hago teatro ni nada de eso. Sólo me dirijo al capitán de mi equipo y al árbitro y les comunico: “Me voy porque yo así no puedo jugar”. Enfilo para el vestuario y a otra cosa, mariposa. A ver qué árbitro se atreve a proseguir un partido en tales condiciones. A ver qué jugador de River se atreve a no ser solidario con su compañero. A ver qué Tribunal de Disciplina o qué Grondona se atreven a darle por perdido el partido a River. Cierto es que tal actitud podría significar, a no muy largo plazo, el final de la carrera de Barovero y ya cargamos con demasiados mártires sin que haya servido para nada. Una vez, hace ya mucho, Vélez no salió a jugar un segundo tiempo con Estudiantes en La Plata porque le llenaron el vestuario de humo, gran parte del periodismo (¡horror!) postulaba que había que darle por perdido el partido a Vélez y al fin la AFA, en un rapto de lucidez, hizo jugar el segundo tiempo otro día pero a Estudiantes no le cupo ninguna sanción dolorosa. Y ojo, desde aquí no se defiende, se rechaza la quinta de puntos. Eso abriría las puertas a incongruencias peores.

(Presuntos) hinchas de Boca pararon el partido en un momento propicio para Boca, con un desarrollo del juego en que un gol de Boca no hubiese sorprendido. Especulación personal no comprobable por parte de este gil que escribe. Sabemos desde hace mucho que a esa manga de estúpìdos (sean cientos, miles o millones) poco les importa que Boca gane, pierda o empate. Alguien les hizo creer alguna vez que ellos son los verdaderos protagonistas, se lo creyeron y peor aún, pareciera haber creciente consenso social en que es así. Este gil, desde su pupitre, observaba a los plateístas de adelante y a todos se los veía gozosos, cantando “vos sos de la B” mientras el partido no se jugaba. ¡La guita que pagaron y pagan para que no se juegue! A este gil le gusta más que a nadie en el mundo que se cante “vos sos de la B” pero que se juegue. Porque este gil sigue yendo a la cancha, en primer término, para ver jugar al fútbol. Tal vez se trate de una antigüedad, un anacronismo.

Y bueno, son sólo cotidianas comprobaciones de la enfermedad quizá terminal que aqueja a nuestra sociedad. A alguien podrá parecerle que hablar de una “sociedad enferma” no es más que una presuntuosa y vacua enunciación disparada desde una torre de cristal. Para nada. Es nada más una evidencia que está al alcance de quien quiera verla. ¿De qué modo calificar a una sociedad en que la gente común, el vecino de cualquier lugar del país y hasta del extranjero, le pide autógrafos y se saca fotos con el jefe de La 12, un mafioso? ¡Incluso garpan por estar cerca de él, por verlo! No, este gil que escribe no es un sociólogo calificado ni un intelectual de fuste ni un librepensador reconocible. Es apenas un oscuro trabajador de prensa que trata, humildemente, de seguir la indicación que alguna vez le dejara caer, como al descuido, Osvaldo Ardizzone: “Vamos, vemos y contamos”.



No es folklore ni color ni fiesta. Que una manga de estúpidos (sean cientos, miles o millones) interrumpa un partido es un hecho aberrante que no deja de indignar. Al menos en el caso de este gil que escribe, porque pareciera que a muchos otros ya no les importa (por acostumbramiento) y muchos otros, lo que es peor, lo acompañan (por inercia).


No se trata, por supuesto, de ninguna espontaneidad. Que con perfecta sincronización aparezca humo azul y amarillo detrás de los dos arcos no se concibe sin una cuidada planificación ni tampoco sin complicidad institucional. Vaya casualidad, por estos días, la conducción de Boca, contra lo que es clamor palpable en el seno del club, alienta el proyecto de hacer una cancha nueva. Un negocio monstruoso, propiamente. San Lorenzo lucha desde hace más de treinta años por recuperar su lugar en el mundo y Boca está en camino de abandonar el suyo. ¡Qué infausta e imprevista consecuencia, para Angelici y su gente (por llamarlos de alguna manera) que ahora vayan a ser clausuradas dos tribunas de La Bombonera, tal vez el estadio todo!

El partido llegó a su final reglamentario solo por la buena voluntad, digámoslo así, de Delfino, Barovero y los demás jugadores de River. Los árbitros se ve que tienen la instrucción de terminar los partidos a como dé lugar. A Barovero le explotó una bomba al lado. Si yo (este gil que escribe) soy Barovero, ni me tiro al suelo ni hago teatro ni nada de eso. Sólo me dirijo al capitán de mi equipo y al árbitro y les comunico: “Me voy porque yo así no puedo jugar”. Enfilo para el vestuario y a otra cosa, mariposa. A ver qué árbitro se atreve a proseguir un partido en tales condiciones. A ver qué jugador de River se atreve a no ser solidario con su compañero. A ver qué Tribunal de Disciplina o qué Grondona se atreven a darle por perdido el partido a River. Cierto es que tal actitud podría significar, a no muy largo plazo, el final de la carrera de Barovero y ya cargamos con demasiados mártires sin que haya servido para nada. Una vez, hace ya mucho, Vélez no salió a jugar un segundo tiempo con Estudiantes en La Plata porque le llenaron el vestuario de humo, gran parte del periodismo (¡horror!) postulaba que había que darle por perdido el partido a Vélez y al fin la AFA, en un rapto de lucidez, hizo jugar el segundo tiempo otro día pero a Estudiantes no le cupo ninguna sanción dolorosa. Y ojo, desde aquí no se defiende, se rechaza la quinta de puntos. Eso abriría las puertas a incongruencias peores.

(Presuntos) hinchas de Boca pararon el partido en un momento propicio para Boca, con un desarrollo del juego en que un gol de Boca no hubiese sorprendido. Especulación personal no comprobable por parte de este gil que escribe. Sabemos desde hace mucho que a esa manga de estúpìdos (sean cientos, miles o millones) poco les importa que Boca gane, pierda o empate. Alguien les hizo creer alguna vez que ellos son los verdaderos protagonistas, se lo creyeron y peor aún, pareciera haber creciente consenso social en que es así. Este gil, desde su pupitre, observaba a los plateístas de adelante y a todos se los veía gozosos, cantando “vos sos de la B” mientras el partido no se jugaba. ¡La guita que pagaron y pagan para que no se juegue! A este gil le gusta más que a nadie en el mundo que se cante “vos sos de la B” pero que se juegue. Porque este gil sigue yendo a la cancha, en primer término, para ver jugar al fútbol. Tal vez se trate de una antigüedad, un anacronismo.

Y bueno, son sólo cotidianas comprobaciones de la enfermedad quizá terminal que aqueja a nuestra sociedad. A alguien podrá parecerle que hablar de una “sociedad enferma” no es más que una presuntuosa y vacua enunciación disparada desde una torre de cristal. Para nada. Es nada más una evidencia que está al alcance de quien quiera verla. ¿De qué modo calificar a una sociedad en que la gente común, el vecino de cualquier lugar del país y hasta del extranjero, le pide autógrafos y se saca fotos con el jefe de La 12, un mafioso? ¡Incluso garpan por estar cerca de él, por verlo! No, este gil que escribe no es un sociólogo calificado ni un intelectual de fuste ni un librepensador reconocible. Es apenas un oscuro trabajador de prensa que trata, humildemente, de seguir la indicación que alguna vez le dejara caer, como al descuido, Osvaldo Ardizzone: “Vamos, vemos y contamos”.



















































No hay comentarios:

Publicar un comentario