El historial va a salir en
todos lados. Les llevamos ventaja, of course. Pero es más lindo
repasar detenidamente qué fue lo que sucedió cada vez que nos
encontramos con los que te jedi en copas de la Conmebol. La cosa se
remonta a ya casi medio siglo atrás...
1966
Nosotros entramos como
campeones y ellos, como sub. Fue cuando la Libertadores dejó de ser,
propiamente, la “Copa de Campeones”. Desde entonces fueron dos
equipos por país además del campeón de la edición anterior. La
idea fue de los uruguayos, que de ese modo se aseguraban que Nacional
y Peñarol jugaran algunos clásicos más cada año. De no ser por
eso, los que te jedi hubiesen tardado una década más en
experimentar qué era eso de jugar una Libertadores.
Lo peor fue que a
Zubeldía, director técnico de la selección, se le ocurrió
sacarles a los clubes a sus mejores jugadores, para prepararlos con
vistas al Mundial que se jugaba seis meses más tarde. Contó con el
aval de la siempre estúpida dirigencia y la aprobación del siempre
no menos estúpido periodismo. A nosotros nos llevaron al Tano Roma,
el Rata, el Loco Pianetti y Gonzalito. Es decir, nos hicieron mierda
el equipo. Boca compró, para suplir al Tano, al Turco Minoián, que
fue un desastre e iba a terminar relegado por Osvaldo Pérez, que ya
estaba en el club. Para reemplazar al Loco y a Gonzalito llegaron,
desde Atlanta, Luna y Zarich, que no cuajaron. En el lugar del Rata,
Néstor Rossi empezó poniéndolo a Sacchi, mala idea, por no decir
otra cosa.
Fue una Copa
larguísima, maratónica en la que empezamos integrando un grupo de
seis, con peruanos y venezolanos, todos contra todos ida y vuelta.
Con los chuchis arrancamos perdiendo 2 a 1 en el gashinero, una noche
de verano en que, después del partido, los cobardes lo agarraron en
masa a Rojitas, solo, en el hall y lo lastimaron a tal punto que tuvo
que ser internado. Después, en La Bombonera, les ganamos 2-0 con dos
del Tanque, cuando ya estábamos los dos clasificados.
Pasamos a la fase
semifinal, un cuadrangular con los que te jedi, Independiente y
Guaraní. Primer clásico otra vez en cancha de ellos y nos pusimos
2-0 rápido, con gol de entrada que le metió el Muñeco Madurga, en
su debut absoluto en primera, al viejo Carrizo. Pero nos empataron,
el segundo se lo hicieron entre Silvero y Osvaldo Pérez, Boca andaba
a los tumbos. Al final, cuando ya estábamos eliminados, les ganamos
1-0 con gol del Tanque, que les hizo goles en los cuatro partidos de
esa copa. Para entonces se había ido Zubeldía y el Toto Lorenzo,
que lo reemplazó, con mejor criterio dijo: “No, que los jugadores
de la selección jueguen la copa, que tengan competencia en serio”.
Así que cuando los tuvimos a todos, les ganamos. Tarde pero valió
la satisfacción, los mandamos a jugar un desempate con
Independiente. Pasaron pero fue mejor así, porque en la final los
acostó bellamente Peñarol. Iban ganando 2-0 el tercer partido y
terminaron 2-4, desde ahí les quedó lo de “gashinas”, grato
recuerdo.
1970
Esta
sí que fue dolorosa, porque el equipo campeón con Di Stefano nos
había despertado muchas ilusiones. Pero se fue Di Stefano, lo
reemplazó José Silvero. Ellos entraron de nuevo como sub, después
de que Silvio les diera dos vueltitas y media por la pista de
atletismo del gashinero, la tarde de los dos goles del Muñeco
Madurga.
En
el arranque de la Copa, los acostamos en Núñez, 3-1. Estábamos
1-1, entró en el ratito final el Ratón Coch y les embocó dos
goles. La primera fase, con nuestros compatriotas bolivianos, fue un
floreo. La coronamos ganándoles otra vez en La Bombonera, 2-1, una
noche en que Savoy se mandó un golazo espectacular, lo gambeteó a
Carballo, el arquero de ellos, como a un conito de plástico y
definió con latigazo de zurda, desde ángulo muy cerrado.
La
segunda fase, un triangular con Universitario de Perú, empezó a
complicarse. Se extrañaba mucho al Negro Meléndez, que se había
roto una rodilla. El equipo estaba muy lejos de ser el del año
anterior. Perdimos 1-0 en el gashinero y llegamos al partido
decisivo, en Boca, obligados a ganar. No se encontró la vuelta.
Ellos se pusieron 1-0 con un gol de Daniel Onega, que se la llevó mediante ostensible manito pero el pito, Roberto Barreiro, dijo que
no la había visto. Como cuarenta años más tarde, Onega reconoció
públicamente, risueño, que fue mano. Al final empató Rojitas pero
no alcanzó. Menos mal que a ellos les duró poco porque en
semifinales los abrochó Estudiantes.
1977
Tiempo
del Toto y sus valientes. Hicimos doblete en el 76, en la memorable
final del Nacional los garchamos con el tiro libre del Chapa Suñé,
Fillol todavía está acomodando la barrera, ellos volvieron a entrar a la copa como ocupantes de la segunda plaza disponible.
El
debut, en La Bombonera, fue un partido dramático. Recontradramático.
Los acorralamos durante gran parte del juego pero no entraba. En los
últimos minutos le hicieron un penal claro al mendocino Felman. Lo
pateó Robertito Mouzo, la bola dio en el palo izquierdo, le pegó en
la espalda a Fillol y quedó muerta a un par de metros de la raya,
con Fillol tratando de rearmarse y Roberto llegando para empujarla. Y
llegó, y la empujó, y fue 1-0. Este servidor estaba en la tribuna
baja, detrás de ese arco. ¡Ay! A veces pienso que, si no me morí
esa noche, tal vez no me muera nunca.
Al
último partido de la primera fase llegamos ya clasificados, de
orejitas paradas y ellos ya eliminados, porque se habían enredado
con los uruguayos, que para nosotros fueron un trámite. Fue 0-0 en
cancha de Huracán, para mantener el invicto y con cero goles en
contra. En semifinales pasamos a Libertad y al Cali de Bilardo, en la
final a Cruzeiro. Llegamos hasta los penales después del tercer
partido, tendría que haber sido más fácil, de acuerdo con lo que
jugó cada uno. Costó un huevo y medio pero pudimos gritar:
¡Campeones!
1978
Entramos
derecho en semifinales, como campeones del año anterior. De nuevo,
debut en La Bombonera y partido muy parecido al de 1977.
Los peloteamos, lo echaron a Passarella en el primer tiempo por un
patadón passarelliano al Cholo Pavón. Esta vez no entró, nos
fuimos mascando bronca con el 0-0.
Se
nos clarificó el panorama porque le ganamos los dos partidos a
Mineiro y ellos perdieron en Brasil, así que llegamos a la
definición en el gashinero con ventaja, nos alcanzaba el empate.
Pero los matamos. Gran producción de los valientes del Toto. Fue
2-0, dos golazos, el Heber Mastrangelo y el Loco Salinas. Ellos
tenían cinco jugadores que acababan de ser campeones del mundo.
Nosotros, ninguno. Rabanito Menotti los había dejado afuera por sus
disidencias “filosóficas” e “ideológicas” con el Toto. Se
volvieron locos, terminaron con nueve porque el uruguayo Cerullo (muy
buena idea la de poner árbitros extranjeros, lástima que haya caído
en desuso) echó a Saporiti y a Merlo. Después del partido, Perfumo
anunció su retiro. No quería más.
Pasamos,
en las finales aplastamos de nuevo al Cali de Bilardo y otra vez
gritamos: ¡Bicampeones! Fue el final de un ciclo dorado, porque poco
antes habíamos ganado la Intercontinental, en Alemania, contra el
Borussia.
1982
Esta
casi que podríamos pasarla de largo. Del equipo campeón en 1981 con
Maradona sólo quedaban los despojos. Éramos un rejuntado que armó
como pudo el Gordo Faraone, porque no había un puto mango. Repasamos
hoy los nombres de algunos respetables profesionales que transitaron
por Boca en medio de aquella mishiadura y es de no creer.
De
todos modos, el primer partido, en La Bombonera, tendríamos que
haberlo ganado. La verdad es que Fillol atajó una barbaridad, él
aguantó el 0-0. Después nos complicamos con nuestros compatriotas,
los bolivianos y al cierre de la primera fase, en el gashinero,
llegamos ya despedidos. Perdimos 1-0, el arquero nuestro era Vijande.
¡Mi madre! Pasaron ellos pero hasta ahí nomás, naufragaron en la
fase semifinal con Peñarol y Flamengo.
1986
Boca
venía saliendo, de la mano de Alegre y Heller, de su peor crisis
institucional. Todo iba reacomodándose pero todavía estábamos
lejos, por esos años el clásico se hacía cuesta arriba, una
tortura, la pichuleábamos como se podía. A la Libertadores llegamos
por ganar la liguilla en Rosario contra Newell's, goleada después de
haber perdido en La Boca.
En
el primer turno, pocos días después de finalizado el Mundial de
México, en La Bombonera, nos pusimos 1-0 con un penal del Murciélago
Graciani pero nos empataron antes de terminar el primer tiempo y así
quedó. Ya en los cruces con los dos uruguayos nos quedamos afuera y
al gashinero fuimos nada más que a cumplir, perdimos 1-0. Fue la
primera Copa que iban a terminar ganando los que te jedi. Les dicen
“Chile”, porque tienen dos Libertadores.
1991
Uh,
esta copa tendría que haber sido nuestra. El Boca del Maestro
Tabárez con Batistuta y Latorre. Antes de que pasara lo que pasó en
Chile, la noche que un fotógrafo lastimó al Maestro con la cámara
y un perro de los carabineros mordió al Mono Navarro Montoya,
habíamos pasado a Corinthians y Flamengo con autoridad suprema.
Nos
quedó, de todos modos, un gustito dulce por la forma en que
limpiamos a los que te jedi. Era el inicio de una racha demoledora.
Ese año, entre verano, copa y campeonato, los acostamos cinco veces
en dos meses.
El
primer partido, en La Bombonera, fue infernal. Inolvidable. A la
media hora perdíamos 3-1. Bava les obsequió un penal, menos mal que
a continuación le remordió la conciencia y lo echó a Astrada. En
el segundo tiempo, el Loco Giunta puso el 2-3, Víctor Marchesini el
3-3 y a tres del final Dieguito Latorre, que ya había metido el
primero, los durmió definitivamente con una chilena mortal.
El
segundo partido, en el gashinero, fue sin despeinarse. Dos del Bati,
con un penal. A Latorre no podían agarrarlo. Ahí quedaron al borde
del KO, dependiendo de otros resultados. Los nuestros.
Así
llegamos al memorable último partido de la primera fase. Si le
ganábamos a Oriente Petrolero, los que te jedi entraban a los
octavos de final por la ventana. Lástima, fue 0-0, no los pudimos
quebrar a nuestros compatriotas, qué va a hacer... Lo más gracioso
de ese día fue que Página 12 publicó, antes del partido, una
encuesta según la cual la gran mayoría de los hinchas de Boca
quería ganar. ¿Dónde la hicieron, la encuesta? ¿En Marte? ¿O
será que los encuestados se los tomaron para la joda? ¡Estos
periodistas!... No aprenden más.
1994
Supercopa
Joao Havelange, cuartos de final. Habíamos pasado a Peñarol y nos
encontramos con los que te jedi. Partido de ida allá, 0-0. El sorete
de Castrilli no iba a pasar inadvertido. Primero echó a Hernán
Díaz, después al Vasco Arruabarrena y después a la Tota Fabbri.
Terminamos nueve contra diez pero aguantamos.
En
la vuelta nos pusimos 1-0 rápido con un golazo del Betito Carranza
pero empató Francescoli, de tiro libre. Quedó 1-1, penales.
Efectividad ciento por ciento hasta la cuarta tanda. En la quinta, el
Mono Navarro Montoya se lo atajó a un olvidadizo desagradecido,
Berti y a continuación, Gamboa lo ajustició a Burgos. Boca on,
River out.
Esta
copa también pudimos haberla ganado. En semi pasamos a San Pablo
pero en la final nos quedamos con Independiente porque perdimos
muchos goles. Era el Boca de Rabanito Menotti, que parecía jugar con
calzado de ballet. Sin tapones no se puede. Aunque contra los que te
jedi sí, se pudo.
2000
¡Gloria
eterna al gran Boca de Bianchi! Ese año llegó a la cima por primera
vez. Fase inaugural con Peñarol, la Católica y Blooming. Octavos
con El Nacional. A los que te jedi los cruzamos en cuartos.
Allá,
quedamos 0-1 temprano por una “cagadota”, como decía él, del
querido Óscar Córdoba. Antes de terminar el primer tiempo empató
Román con un tiro libre sublime. Empezó el segundo, metieron otro y
quedó, nomás, 1-2.
Para
el turno de vuelta, Bianchi lo concentró al Loco Palermo, que no jugaba
desde hacía siete meses, por haberse roto los ligamentos. “Si
ponen a Palermo, yo lo pongo a Enzo (por el retirado Francescoli),
avisó el técnico de ellos. ¡Tontuelo! Debieras saber que con Boca
no es conveniente ese tipo de jodita.
La
verdad es que el primer gol tardó demasiado en llegar. Ya estaba
avanzado el segundo tiempo cuando Román la cruzó larga, apareció
el Chelo Delgado con una diagonal mortífera y 1-0. Así, íbamos a
los penales. ¿Quién quería ganar en los 90? Que cada quien saque
sus propias conclusiones. A los 77, Bianchi lo mandó a la cancha a
Palermo. Un minuto más tarde, el técnico de ellos sacó a Aimar
pero no puso a Enzo, puso a Guillermo Pereyra, un 5. Acto seguido,
penal a Battaglia y Román clavó el segundo. Ya ahí más bien
parecía que se querían ir pero no podían, faltaba.
Caño
maestro, inmaculdo de Román a Yepes, de espaldas, en un costado,
contra la raya, del lado de la platea de las vías. ¿Era el postre?
Bueno, marche segundo postre. Ya se había ido Placente, expulsado. A
los 94, el Loco Palermo recibió en el área, de espaldas. Estaba más
lento que Only You, tardó una enormidad en darse vuelta pero ellos
estaban petrificados, estaqueados, bloqueados, idos. El Loco completó
el giro interminable y la soltó despacito, contra el palo derecho de
Bonano. Y se fue, llorando, a abrazarse con el Tordo Batista y
Araguas, el kinesiólogo. De película, monumental, con perdón de la
palabra. Un 3-0 inapelable, para la historia.
¡Qué
año, ese 2000! Siguió el baile con América (cierto es que en
México pasamos con los pantalones en la mano), vuelta olímpica en
Morumbí con Palmeiras, el Real Madrid galáctico también desfiló
en Japón (a los ponjas se les pusieron los ojos redondos admirando a
los nueve mil bosteros que cruzamos el mundo aprovechando la
convertibilidad)... Y como si esto fuera poco, el Apertura también a
la bolsa. Sigan participando...
2004
Último
capítulo, hasta mañana. Esta vez aparecieron en semis, después de
que pasáramos a Bolívar, Colo Colo y Cali en el grupo, Cristal en
octavos y Sao Caetano en cuartos. El hijo de mil putas de Castrilli
no arbitraba más pero como dijo Diego, en este ispa te hacés el
honesto y te dan un cargo político. A esa basura se le antojó que
había que jugar sin hinchas visitantes. Igual que ahora, esto no se
arregla más.
El
1-0 en La Bombonera, con cabezazo del Flaco Schiavi, podía no ser
suficiente. El pelotudo de Martín se comió un penalazo de Coudet,
que se tiró como un arquero. Fue la noche en que el actual técnico de
ellos, después de un golpe criminal a Cascini, lo arañó al Pato
Abbondanzieri. Ahora se hace el señorito. Pensándolo bien, tal vez
eso sea, “señorito”. También es para memorar el piñazo de
Guillermo al profe Macaya.
Allá
se complicó cuando lo echaron al colombiano Vargas. Se pusieron 1-0
y faltaba un montón. El que acomodó los tantos fue Guillermo. Justo
que se les lesionó Rojas y no tenían más cambios, lo hizo echar a
Sambueza. Y de yapa, también a uno del personal auxiliar, un tal
Hernán Díaz (“ese señor, que no sé cómo se llama, me está
insultando”).
Faltando
poquito, el empate de Carlitos Tevez, después de un gran desborde de
Cángele. Y el sorete de Baldassi que lo expulsa a Carlitos, por
aletear, cosa que había hecho un montón de veces en anteriores
partidos pero ningún periodista se acordó. Años después, Saja nos
metió un penal en La Bombonera, recorrió sesenta metros
gritándoselo a la gente nuestra y Baldassi lo amonestó. Pensar que
esa rata, ahora, es postulante a la función pública por el PRO
(Putos Reventados Ostensibles). ¡Y el que lo inventó como político
es un ex presidente nuestro! Cosas veredes, Sancho...
En
fin, con el gol de Carlitos estaba el chivo en el lazo. Bianchi lo
puso a Pablito Álvarez por Guillermo para hacer tiempo. En la última
jugada del partido, fau innecesario y nos olvidamos de marcar a
Nasuti. ¡La puta que lo parióóóóó!... Y bueno, iban a estar
lindos los penalties.
Bianchi
mandó patear a dos pibitos, los pablitos, Álvarez y Ledesma. Esas
cosas que le salían bien a Bianchi. El Flaco Schiavi, adentro.
Pablito A, adentro. Pablito L, adentro. Nico Burdisso, adentro...
Pero ellos también la metían. Hasta que llegó la quinta tanda y el
Pato se lo atajó al ex de Wanda Nara (o no sé qué putifarra de
esas). A continuación, el cordobés Villarreal, adentro. Silencio
atroz, esa tribuna se parece a una postal. Gracias, Castrilli, la
renegrida concha de tu madre.
Nos
quedaba la final más fácil y la perdimos. Con Once Caldas, acá
tendría que haber sido 3-0 tranqui pero ese tal Henao se atajó
todo. Allá, inconcebible, no acertamos ni un solo penal. La copa
quedó en Colombia. Nos quedó el dulce recuerdo de esa semifinal.
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