martes, 18 de noviembre de 2014

DE COPAS CON EL ENEMIGO

El historial va a salir en todos lados. Les llevamos ventaja, of course. Pero es más lindo repasar detenidamente qué fue lo que sucedió cada vez que nos encontramos con los que te jedi en copas de la Conmebol. La cosa se remonta a ya casi medio siglo atrás...

1966
Nosotros entramos como campeones y ellos, como sub. Fue cuando la Libertadores dejó de ser, propiamente, la “Copa de Campeones”. Desde entonces fueron dos equipos por país además del campeón de la edición anterior. La idea fue de los uruguayos, que de ese modo se aseguraban que Nacional y Peñarol jugaran algunos clásicos más cada año. De no ser por eso, los que te jedi hubiesen tardado una década más en experimentar qué era eso de jugar una Libertadores.
Lo peor fue que a Zubeldía, director técnico de la selección, se le ocurrió sacarles a los clubes a sus mejores jugadores, para prepararlos con vistas al Mundial que se jugaba seis meses más tarde. Contó con el aval de la siempre estúpida dirigencia y la aprobación del siempre no menos estúpido periodismo. A nosotros nos llevaron al Tano Roma, el Rata, el Loco Pianetti y Gonzalito. Es decir, nos hicieron mierda el equipo. Boca compró, para suplir al Tano, al Turco Minoián, que fue un desastre e iba a terminar relegado por Osvaldo Pérez, que ya estaba en el club. Para reemplazar al Loco y a Gonzalito llegaron, desde Atlanta, Luna y Zarich, que no cuajaron. En el lugar del Rata, Néstor Rossi empezó poniéndolo a Sacchi, mala idea, por no decir otra cosa.
Fue una Copa larguísima, maratónica en la que empezamos integrando un grupo de seis, con peruanos y venezolanos, todos contra todos ida y vuelta. Con los chuchis arrancamos perdiendo 2 a 1 en el gashinero, una noche de verano en que, después del partido, los cobardes lo agarraron en masa a Rojitas, solo, en el hall y lo lastimaron a tal punto que tuvo que ser internado. Después, en La Bombonera, les ganamos 2-0 con dos del Tanque, cuando ya estábamos los dos clasificados.
Pasamos a la fase semifinal, un cuadrangular con los que te jedi, Independiente y Guaraní. Primer clásico otra vez en cancha de ellos y nos pusimos 2-0 rápido, con gol de entrada que le metió el Muñeco Madurga, en su debut absoluto en primera, al viejo Carrizo. Pero nos empataron, el segundo se lo hicieron entre Silvero y Osvaldo Pérez, Boca andaba a los tumbos. Al final, cuando ya estábamos eliminados, les ganamos 1-0 con gol del Tanque, que les hizo goles en los cuatro partidos de esa copa. Para entonces se había ido Zubeldía y el Toto Lorenzo, que lo reemplazó, con mejor criterio dijo: “No, que los jugadores de la selección jueguen la copa, que tengan competencia en serio”. Así que cuando los tuvimos a todos, les ganamos. Tarde pero valió la satisfacción, los mandamos a jugar un desempate con Independiente. Pasaron pero fue mejor así, porque en la final los acostó bellamente Peñarol. Iban ganando 2-0 el tercer partido y terminaron 2-4, desde ahí les quedó lo de “gashinas”, grato recuerdo.

1970
Esta sí que fue dolorosa, porque el equipo campeón con Di Stefano nos había despertado muchas ilusiones. Pero se fue Di Stefano, lo reemplazó José Silvero. Ellos entraron de nuevo como sub, después de que Silvio les diera dos vueltitas y media por la pista de atletismo del gashinero, la tarde de los dos goles del Muñeco Madurga.
En el arranque de la Copa, los acostamos en Núñez, 3-1. Estábamos 1-1, entró en el ratito final el Ratón Coch y les embocó dos goles. La primera fase, con nuestros compatriotas bolivianos, fue un floreo. La coronamos ganándoles otra vez en La Bombonera, 2-1, una noche en que Savoy se mandó un golazo espectacular, lo gambeteó a Carballo, el arquero de ellos, como a un conito de plástico y definió con latigazo de zurda, desde ángulo muy cerrado.
La segunda fase, un triangular con Universitario de Perú, empezó a complicarse. Se extrañaba mucho al Negro Meléndez, que se había roto una rodilla. El equipo estaba muy lejos de ser el del año anterior. Perdimos 1-0 en el gashinero y llegamos al partido decisivo, en Boca, obligados a ganar. No se encontró la vuelta. Ellos se pusieron 1-0 con un gol de Daniel Onega, que se la llevó mediante ostensible manito pero el pito, Roberto Barreiro, dijo que no la había visto. Como cuarenta años más tarde, Onega reconoció públicamente, risueño, que fue mano. Al final empató Rojitas pero no alcanzó. Menos mal que a ellos les duró poco porque en semifinales los abrochó Estudiantes.

1977
Tiempo del Toto y sus valientes. Hicimos doblete en el 76, en la memorable final del Nacional los garchamos con el tiro libre del Chapa Suñé, Fillol todavía está acomodando la barrera, ellos volvieron a entrar a la copa como ocupantes de la segunda plaza disponible.
El debut, en La Bombonera, fue un partido dramático. Recontradramático. Los acorralamos durante gran parte del juego pero no entraba. En los últimos minutos le hicieron un penal claro al mendocino Felman. Lo pateó Robertito Mouzo, la bola dio en el palo izquierdo, le pegó en la espalda a Fillol y quedó muerta a un par de metros de la raya, con Fillol tratando de rearmarse y Roberto llegando para empujarla. Y llegó, y la empujó, y fue 1-0. Este servidor estaba en la tribuna baja, detrás de ese arco. ¡Ay! A veces pienso que, si no me morí esa noche, tal vez no me muera nunca.
Al último partido de la primera fase llegamos ya clasificados, de orejitas paradas y ellos ya eliminados, porque se habían enredado con los uruguayos, que para nosotros fueron un trámite. Fue 0-0 en cancha de Huracán, para mantener el invicto y con cero goles en contra. En semifinales pasamos a Libertad y al Cali de Bilardo, en la final a Cruzeiro. Llegamos hasta los penales después del tercer partido, tendría que haber sido más fácil, de acuerdo con lo que jugó cada uno. Costó un huevo y medio pero pudimos gritar: ¡Campeones!

1978
Entramos derecho en semifinales, como campeones del año anterior. De nuevo, debut en La Bombonera y partido muy parecido al de 1977. Los peloteamos, lo echaron a Passarella en el primer tiempo por un patadón passarelliano al Cholo Pavón. Esta vez no entró, nos fuimos mascando bronca con el 0-0.
Se nos clarificó el panorama porque le ganamos los dos partidos a Mineiro y ellos perdieron en Brasil, así que llegamos a la definición en el gashinero con ventaja, nos alcanzaba el empate. Pero los matamos. Gran producción de los valientes del Toto. Fue 2-0, dos golazos, el Heber Mastrangelo y el Loco Salinas. Ellos tenían cinco jugadores que acababan de ser campeones del mundo. Nosotros, ninguno. Rabanito Menotti los había dejado afuera por sus disidencias “filosóficas” e “ideológicas” con el Toto. Se volvieron locos, terminaron con nueve porque el uruguayo Cerullo (muy buena idea la de poner árbitros extranjeros, lástima que haya caído en desuso) echó a Saporiti y a Merlo. Después del partido, Perfumo anunció su retiro. No quería más.
Pasamos, en las finales aplastamos de nuevo al Cali de Bilardo y otra vez gritamos: ¡Bicampeones! Fue el final de un ciclo dorado, porque poco antes habíamos ganado la Intercontinental, en Alemania, contra el Borussia.

1982
Esta casi que podríamos pasarla de largo. Del equipo campeón en 1981 con Maradona sólo quedaban los despojos. Éramos un rejuntado que armó como pudo el Gordo Faraone, porque no había un puto mango. Repasamos hoy los nombres de algunos respetables profesionales que transitaron por Boca en medio de aquella mishiadura y es de no creer.
De todos modos, el primer partido, en La Bombonera, tendríamos que haberlo ganado. La verdad es que Fillol atajó una barbaridad, él aguantó el 0-0. Después nos complicamos con nuestros compatriotas, los bolivianos y al cierre de la primera fase, en el gashinero, llegamos ya despedidos. Perdimos 1-0, el arquero nuestro era Vijande. ¡Mi madre! Pasaron ellos pero hasta ahí nomás, naufragaron en la fase semifinal con Peñarol y Flamengo.

1986
Boca venía saliendo, de la mano de Alegre y Heller, de su peor crisis institucional. Todo iba reacomodándose pero todavía estábamos lejos, por esos años el clásico se hacía cuesta arriba, una tortura, la pichuleábamos como se podía. A la Libertadores llegamos por ganar la liguilla en Rosario contra Newell's, goleada después de haber perdido en La Boca.
En el primer turno, pocos días después de finalizado el Mundial de México, en La Bombonera, nos pusimos 1-0 con un penal del Murciélago Graciani pero nos empataron antes de terminar el primer tiempo y así quedó. Ya en los cruces con los dos uruguayos nos quedamos afuera y al gashinero fuimos nada más que a cumplir, perdimos 1-0. Fue la primera Copa que iban a terminar ganando los que te jedi. Les dicen “Chile”, porque tienen dos Libertadores.

1991
Uh, esta copa tendría que haber sido nuestra. El Boca del Maestro Tabárez con Batistuta y Latorre. Antes de que pasara lo que pasó en Chile, la noche que un fotógrafo lastimó al Maestro con la cámara y un perro de los carabineros mordió al Mono Navarro Montoya, habíamos pasado a Corinthians y Flamengo con autoridad suprema.
Nos quedó, de todos modos, un gustito dulce por la forma en que limpiamos a los que te jedi. Era el inicio de una racha demoledora. Ese año, entre verano, copa y campeonato, los acostamos cinco veces en dos meses.
El primer partido, en La Bombonera, fue infernal. Inolvidable. A la media hora perdíamos 3-1. Bava les obsequió un penal, menos mal que a continuación le remordió la conciencia y lo echó a Astrada. En el segundo tiempo, el Loco Giunta puso el 2-3, Víctor Marchesini el 3-3 y a tres del final Dieguito Latorre, que ya había metido el primero, los durmió definitivamente con una chilena mortal.
El segundo partido, en el gashinero, fue sin despeinarse. Dos del Bati, con un penal. A Latorre no podían agarrarlo. Ahí quedaron al borde del KO, dependiendo de otros resultados. Los nuestros.
Así llegamos al memorable último partido de la primera fase. Si le ganábamos a Oriente Petrolero, los que te jedi entraban a los octavos de final por la ventana. Lástima, fue 0-0, no los pudimos quebrar a nuestros compatriotas, qué va a hacer... Lo más gracioso de ese día fue que Página 12 publicó, antes del partido, una encuesta según la cual la gran mayoría de los hinchas de Boca quería ganar. ¿Dónde la hicieron, la encuesta? ¿En Marte? ¿O será que los encuestados se los tomaron para la joda? ¡Estos periodistas!... No aprenden más.

1994
Supercopa Joao Havelange, cuartos de final. Habíamos pasado a Peñarol y nos encontramos con los que te jedi. Partido de ida allá, 0-0. El sorete de Castrilli no iba a pasar inadvertido. Primero echó a Hernán Díaz, después al Vasco Arruabarrena y después a la Tota Fabbri. Terminamos nueve contra diez pero aguantamos.
En la vuelta nos pusimos 1-0 rápido con un golazo del Betito Carranza pero empató Francescoli, de tiro libre. Quedó 1-1, penales. Efectividad ciento por ciento hasta la cuarta tanda. En la quinta, el Mono Navarro Montoya se lo atajó a un olvidadizo desagradecido, Berti y a continuación, Gamboa lo ajustició a Burgos. Boca on, River out.
Esta copa también pudimos haberla ganado. En semi pasamos a San Pablo pero en la final nos quedamos con Independiente porque perdimos muchos goles. Era el Boca de Rabanito Menotti, que parecía jugar con calzado de ballet. Sin tapones no se puede. Aunque contra los que te jedi sí, se pudo.

2000
¡Gloria eterna al gran Boca de Bianchi! Ese año llegó a la cima por primera vez. Fase inaugural con Peñarol, la Católica y Blooming. Octavos con El Nacional. A los que te jedi los cruzamos en cuartos.
Allá, quedamos 0-1 temprano por una “cagadota”, como decía él, del querido Óscar Córdoba. Antes de terminar el primer tiempo empató Román con un tiro libre sublime. Empezó el segundo, metieron otro y quedó, nomás, 1-2.
Para el turno de vuelta, Bianchi lo concentró al Loco Palermo, que no jugaba desde hacía siete meses, por haberse roto los ligamentos. “Si ponen a Palermo, yo lo pongo a Enzo (por el retirado Francescoli), avisó el técnico de ellos. ¡Tontuelo! Debieras saber que con Boca no es conveniente ese tipo de jodita.
La verdad es que el primer gol tardó demasiado en llegar. Ya estaba avanzado el segundo tiempo cuando Román la cruzó larga, apareció el Chelo Delgado con una diagonal mortífera y 1-0. Así, íbamos a los penales. ¿Quién quería ganar en los 90? Que cada quien saque sus propias conclusiones. A los 77, Bianchi lo mandó a la cancha a Palermo. Un minuto más tarde, el técnico de ellos sacó a Aimar pero no puso a Enzo, puso a Guillermo Pereyra, un 5. Acto seguido, penal a Battaglia y Román clavó el segundo. Ya ahí más bien parecía que se querían ir pero no podían, faltaba.
Caño maestro, inmaculdo de Román a Yepes, de espaldas, en un costado, contra la raya, del lado de la platea de las vías. ¿Era el postre? Bueno, marche segundo postre. Ya se había ido Placente, expulsado. A los 94, el Loco Palermo recibió en el área, de espaldas. Estaba más lento que Only You, tardó una enormidad en darse vuelta pero ellos estaban petrificados, estaqueados, bloqueados, idos. El Loco completó el giro interminable y la soltó despacito, contra el palo derecho de Bonano. Y se fue, llorando, a abrazarse con el Tordo Batista y Araguas, el kinesiólogo. De película, monumental, con perdón de la palabra. Un 3-0 inapelable, para la historia.
¡Qué año, ese 2000! Siguió el baile con América (cierto es que en México pasamos con los pantalones en la mano), vuelta olímpica en Morumbí con Palmeiras, el Real Madrid galáctico también desfiló en Japón (a los ponjas se les pusieron los ojos redondos admirando a los nueve mil bosteros que cruzamos el mundo aprovechando la convertibilidad)... Y como si esto fuera poco, el Apertura también a la bolsa. Sigan participando...

2004
Último capítulo, hasta mañana. Esta vez aparecieron en semis, después de que pasáramos a Bolívar, Colo Colo y Cali en el grupo, Cristal en octavos y Sao Caetano en cuartos. El hijo de mil putas de Castrilli no arbitraba más pero como dijo Diego, en este ispa te hacés el honesto y te dan un cargo político. A esa basura se le antojó que había que jugar sin hinchas visitantes. Igual que ahora, esto no se arregla más.
El 1-0 en La Bombonera, con cabezazo del Flaco Schiavi, podía no ser suficiente. El pelotudo de Martín se comió un penalazo de Coudet, que se tiró como un arquero. Fue la noche en que el actual técnico de ellos, después de un golpe criminal a Cascini, lo arañó al Pato Abbondanzieri. Ahora se hace el señorito. Pensándolo bien, tal vez eso sea, “señorito”. También es para memorar el piñazo de Guillermo al profe Macaya.
Allá se complicó cuando lo echaron al colombiano Vargas. Se pusieron 1-0 y faltaba un montón. El que acomodó los tantos fue Guillermo. Justo que se les lesionó Rojas y no tenían más cambios, lo hizo echar a Sambueza. Y de yapa, también a uno del personal auxiliar, un tal Hernán Díaz (“ese señor, que no sé cómo se llama, me está insultando”).
Faltando poquito, el empate de Carlitos Tevez, después de un gran desborde de Cángele. Y el sorete de Baldassi que lo expulsa a Carlitos, por aletear, cosa que había hecho un montón de veces en anteriores partidos pero ningún periodista se acordó. Años después, Saja nos metió un penal en La Bombonera, recorrió sesenta metros gritándoselo a la gente nuestra y Baldassi lo amonestó. Pensar que esa rata, ahora, es postulante a la función pública por el PRO (Putos Reventados Ostensibles). ¡Y el que lo inventó como político es un ex presidente nuestro! Cosas veredes, Sancho...
En fin, con el gol de Carlitos estaba el chivo en el lazo. Bianchi lo puso a Pablito Álvarez por Guillermo para hacer tiempo. En la última jugada del partido, fau innecesario y nos olvidamos de marcar a Nasuti. ¡La puta que lo parióóóóó!... Y bueno, iban a estar lindos los penalties.
Bianchi mandó patear a dos pibitos, los pablitos, Álvarez y Ledesma. Esas cosas que le salían bien a Bianchi. El Flaco Schiavi, adentro. Pablito A, adentro. Pablito L, adentro. Nico Burdisso, adentro... Pero ellos también la metían. Hasta que llegó la quinta tanda y el Pato se lo atajó al ex de Wanda Nara (o no sé qué putifarra de esas). A continuación, el cordobés Villarreal, adentro. Silencio atroz, esa tribuna se parece a una postal. Gracias, Castrilli, la renegrida concha de tu madre.
Nos quedaba la final más fácil y la perdimos. Con Once Caldas, acá tendría que haber sido 3-0 tranqui pero ese tal Henao se atajó todo. Allá, inconcebible, no acertamos ni un solo penal. La copa quedó en Colombia. Nos quedó el dulce recuerdo de esa semifinal.




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