Deliciosa, aquella vieja
melodía cubana, “...Y en eso llegó Fidel”. Cambiándole el
nombre, cae justa para la descripción del partido que le ganamos a
Tigre. Cuando entró, a los 12 del segundo tiempo, el Comandante
Chávez (se ve que el apelativo le gusta y lo adoptó, a juzgar por
la venia que les hizo a los hinchas en Paraguay) se produjo la
revolución de un juego que estaba tornándose anodino y al que Boca
no terminaba de encontrarle la vuelta. Porque los goles los terminó
metiendo el Puma Gigliotti pero la clave fue Chávez.
Bien, dentro de las
circunstancias. Por el compromiso, por la intensidad. El Vasco puso
un equipo sin ningún volante que pueda hacerse conductor y con un
solo delantero en serio, aunque el Chapa y el Pachi se paren como
“extremos”. Obviamente, jugamos en consecuencia.
Cuando no está Gago,
la alternativa, en los papeles, es Castellani, Pero Castellani no
despega, cada vez que le dan oportunidad no la aprovecha. Así que el
Vasco se decidió por volantes que en este momento son más
confiables, aun sabiendo que al equipo iba faltarle algo.
Después de unos
minutos muy poco prometedores, en que perdíamos la bocha con
facilidad y en que Rincón casi nos emboca, chambonada de Chiqui
Pérez, Boca se hizo dueño del juego. Lo metió a Tigre atrás. Se
tuvo paciencia, se buscó por los costados, sobre todo con
Fuenzalida-Marín pero para abrir a un equipo que tiene ocho hombres
detrás de la línea de la pelota tiene que haber sorpresa. Y no
teníamos en cancha el jugador capaz de producirla.
De todos modos, algún
golcito nos correspondía en el primer tiempo. Aunque más no fuera
por la media vuelta del Puma con zurdazo alto o por el último
cabezazo del propio Puma, apenas desviado.
El segundo tiempo
empezó más o menos parecido y tuvimos el tiro libre del Pachi que
Javi García (muy aplaudido) mandó al corner, un poco
aparatosamente. Pero todo fue haciéndose cada vez más desprolijo y
para peor se picó y empezaron los golpes, después de esa rencilla
de Chiqui con Luna.
El Vasco metió mano en
el momento justo y bien. Lo sacó a Fuenzalida, que acuulaba 180
minutos con San Lorenzo y con Cerro (único además de Orion) y a
Pachi, otro que no termina de definirse. No le hace bien que una vez
lo pongan por derecha y otra por izquierda, una vez más adelante y
otra más atrás.
Adentro el pibe Suárez,
la joyita que viene pidiendo pista y el hombre de la semana, el
Negro. Un veterano periodista se preguntó por radio que cómo era
eso de cuidar jugadores pero al final terminar metiéndolo a Chávez.
Amigo, a Chávez le quedaba algo más de media hora por jugar, apenas
y ahora viene una semana larga. Perfecto. Es una señal para tener en
cuenta que el Vasco haya privilegiado a Suárez por sobre Acosta, que
últimamente no está haciendo las cosas tan bien como antes.
Suárez entró picante:
la pedía, la tocaba e iba a buscar. El Negro Chávez cambió el
partido, abrió el partido, ganó el partido. Por la izquierda, se
hizo incontrolable, le revolvió a Tigre todos los papeles.
Muy bien jugada la bola
previa al penal, con cambio de Suárez de derecha a izquierda pero
por abajo y prolongación de Insúa (que empezó atolondrado como en
sus peores días y fue acomodándose) para que el Negro apareciera
como un alfil en el área, forzando el enganche de Godoy. Lo pateó
mal, el Puma pero por suerte le quedó el rebote de Javi.
Ya estaba el chivo en
el lazo, porque Tigre iba a tener que salir, estaba visto que no
tenía mucho para ofrecer e iba a dejar espacio para que el Negro los
matara. Así fue. La corrida del segundo gol fue demoledora y como en
Paraguay, no se nubló, miró y la soltó al medio. Al Puma le quedó
atrás pero le dieron tiempo para que se acomodara y sacara el tiro
que se metió a la derecha de Javi, previo desvío en Godoy.
Fundamental en los dos goles, pobre Godoy.
El Puma jugó como
juega el Puma. No entra en la circulación, se encajona mucho entre
los defensores. Pero el tipo tiene un promedio de gol, una capacidad
de aprovechamiento de las posibilidades que vale un montón. Las
estadísticas dirán que fue autor de los dos goles pero además, fue
protagonista de las otras dos mejores llegadas que tuvimos, en el
primer tiempo. Es una carta pesada para jugarla en cualquier momento.
Al final casi nos
complican, al pedo, en esa que salvó Chiqui en la línea, cabezazo
de Garate, una bocha que no atinábamos a terminar de sacar del área.
Pero Boca ganó bien. Bien parado en el medio para la contención,
con Cubitas que se mueve como un veterano y el Cabezón Meli que
nunca desmaya. A Nico Colazo le costó entender de qué estaba
jugando, también está pagando el precio de mudarse mucho, se ve que
la idea era que el eje de circulación fuera él pero está claro que
no es lo suyo.
Un partido para ganar
que ganamos. Una vez más, “hicimos los deberes”, como le gusta
decir al Vasco. El equipo jugó lo que estaba en condiciones de jugar
y en el momento adecuado, encontró las variantes que le permitieron
ganar. Ahora vamos a Sarandí pero sí, ya todos estamos palpitando
el jueves 20. Lo dijo el Vasco y también Orion, no nos desgastemos
en la previa. Lo decía siempre Bianchi, no empecemos a jugar el
partido antes de tiempo.
EL
BOLETÍN: ORION 5, MARÍN 6, ECHEVERRÍA 5, CHIQUI 5, INSÚA 5, MELI
6, CUBAS 7, COLAZO 5, FUENZALIDA 5, GIGLIOTTI 8, CARRIZO 5 (FI),
SUÁREZ 6, CHÁVEZ 8, BRAVO NC.
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