Suele pasar cuando se
forman estos mix de suplentes y titulares, cuando se manda a la
cancha a once jugadores que tienen poco o ningún trabajo conjunto.
Suele pasar que surge un hÍbrido sin forma ni convicciones, que sale
a ver qué le ofrece el partido y por lo general, pierde. Suele pasar
y es lo lógico.
No es cuestión de
capacidades individuales sino de ausencia de estructura y, por otra
parte, el mensaje inequívoco con que el jugador va al ruedo es que
lo que va a afrontar no es prioritario, que sólo se cumple con un
compromiso.
No se le echan aquí
culpas a nadie, está claro que no se podía desgastar a todos los
jugadores que estuvieron con Cerro Porteño y que en estos momentos
hay que apuntarle, en primer término, al partido del jueves en
Paraguay.
De todos modos, no deja
de ser doloroso perder un clásico como se perdió, entregados a la
suerte desde el arranque mismo, con muy pocos argumentos a presentar
en la búsqueda de un resultado positivo.
San Lorenzo, para quien
Boca es siempre especial, ofreció lo mejor que tiene, un medio juego
muy sólido que se hizo dueño de la situación a partir del comienzo
mismo y un Gonzalo Verón que ya en los primeros minutos insinuó
tornársenos un problema insoluble.
El viento y el agua que
fue acumulándose en el campo contribuyeron a que, después de un
inicio frenético, San Lorenzo se apaciguara y la última media hora
de la etapa inicial la transcurriéramos casi sin sobresaltos.
Claro que, de armar
juego nosotros, nada. De esos 45 minutos puede contabilizarse esa de
Pachi Carrizo de la izquierda hacia adentro, que terminó con un
remate alto y sobre el final, después de un centro largo de Pablito
Ledesma que el arquero rechazó imperfectamente, otro tiro del Pachi,
esta vez de zurda, por arriba.
Pachi va acentuando una
tendencia peligrosa: cada participación la empieza bien pero no la
termina bien. De cualquier manera, fue de lo más rescatable porque
el Burrito Martínez ni se hizo ver y el Puma Gigliotti quedó muy
distanciado de sus compañeros.
Es natural que así
haya sido ya que nunca hubo salida clara desde el medio, con una
formación de volantes inédita e improvisada. Pichi Erbes, en su
regreso para darle minutos y tenerlo listo para Paraguay, tuvo que
remarla con la corriente en contra. Pablito Ledesma, de vuelta como
titular tras muchísimo tiempo, está falto de fútbol aunque hizo lo
que pudo, no mucho. En cuanto a Castellani, sigue sin definirse qué
es, se le ve el buen trato de pelota en cada contacto pero no termina
de asumir responsabilidades.
En el fondo, arrancamos
con problemas por el flanco izquierdo, con Pochito Insúa fuera de
medida en las salidas y el pibe Komar algo inseguro pero con el
transcurrir de los minutos la última línea se acomodó mejor. Mal
momento para un debut absoluto, como el de Komar. Parece una
constante cuando vamos a la cancha de San Lorenzo. El año pasado
debutó García Basso, perdimos 3 a 0 y el chico todavía no ha
vuelto a jugar ni parece estar cerca.
Comenzamos el segundo
tiempo con más posesión y el trueque de posiciones entre Pachi y
el Burro parecía que podía aportarnos algo pero en once minutos,
nos llegaron dos veces y perdimos el partido. Las dos veces, Verón,
por la izquierda, con mucho espacio y muchas ventajas, se divirtió
con el Chapa Fuenzalida y con todos los demás. En el primero se la
puso en la cabeza a Cauteruccio y en el segundo la definió él
mismo.
Aunque quedaba más de
media hora, ya sabíamos que habíamos perdido y ellos ya sabían que
habían ganado. Bajaron la persiana y Boca no tuvo respuestas. ¿De
dónde iba a sacarlas? Avanzó a los empellones, sin atisbo alguno de
coherencia. El pibito Acosta, cuando entró con Jony Calleri, pareció
que podía devolvernos algún signo vital pero fue solo un amago, se
lo llevó la corriente.
El Burro, por la
izquierda, tuvo al menos más contacto con la bola pero nunca terminó
una bien. Hubo una en que tenía clarita la descarga hacia la media
luna pero prefirió hacerla él, la quiso colgar de un ángulo con un
gol histórico y se le fue. Después tuvo la mejor chance, cuando se
pasó Buffarini y quedó solo con Torrico. Le pegó con zurda al
travesaño. Podrá pensarse que fue mala suerte pero el arco, visto
desde ahí, es grande, eh. Cierto es también que ya a esa altura la
cancha estaba llena de agua y lograr que la pelota corriera era poco
menos que imposible.
Por si cabía alguna
duda, nos fuimos definitivamente del campeonato. Después de haber
perdido tres de las cuatro primeras fechas, en el triste final de
Bianchi, no cabía esperar mucho pero uno siempre cree que vale la
pena ilusionarse. Ahora ya no, nos queda la Sudamericana. No nos
sobra nada pero no tenemos por qué ser menos que nadie, somos Boca y
allá iremos.
EL
BOLETÍN: ORION 5, FUENZALIDA 3, ECHEVERRÍA 4, KOMAR 4, INSÚA 3,
LEDESMA 4, ERBES 4, CASTELLANI 3, MARTÍNEZ 4, GIGLIOTTI 3, CARRIZO 5
(FI), ACOSTA 4, CALLERI 3.
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ResponderEliminarExcelente comentario, Raúl. Para mí, el Vasco ya se cavó la fosa. No quiso postergar el partido contra San Descenso, mandó a la cancha un equipo impresentable, y como era de esperar, perdió. Y encima no tuvo actitud y fuerza para revertir el resultado.
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