Se
cae de maduro, quedó muy en evidencia que no se ha superado el
trauma que significó la eliminación en la Copa, la manera en que se
consumó la eliminación, sin la posibilidad de defender hasta último
momento las posibilidades en la cancha por culpa de una manga de
estúpidos, la obligación de jugar sin público. Era obvio que el
duro golpe era difícil de asimilar pero esto de ninguna manera
disculpa el papelón ante Aldosvi.
Se
hablará ahora de la hazaña de los marplatenses y la verdad es que,
en el primer tiempo, más ventajas de las que dieron no podrían
haber dado. Jugaron abiertos, con una marcación zonal fláccida, con
los zagueros en línea, dejando espacios por todos lados. Diez
oportunidades de gol dispuso Boca en el primer tiempo y no acertó
ninguna. Cierto es que el arquero Campodónico fue factor
determinante pero el mejor de los arqueros ataja solamente las que
pueden atajarse. Las que no se pueden atajar no las ataja nadie.
Las
dos que desperdicia el Negro Chávez son imperdonables. Viene
barranca abajo, el Negro, sin confianza, sin convicción y así
definió las dos veces. Sobre todo la primera, blandita. En la
segunda, al menos, le pegó fuerte pero a un lugar al que el arquero
podía llegar y llegó.
Distintas
son las dos de Osvaldo. En la primera, cuando todavía estábamos 0 a
0, la pensó bien, la dirigió con la intención de ponerla en el
lugar indicado y se le fue por poco, bueno. En la segunda, la
chilena, fue buena la repentización, bueno el gesto técnico y en
fin, también, le salió a un lugar al que el arquero podía llegar y
llegó.
Lo
que no se le puede perdonar al Loco es el penal. Se hizo demasiado el
cancherito, el suficiente. Y la tiró afuera, por boludo. Penal que
no había sido, por otra parte. León a Chávez ni lo sujetó, ni lo
empujó ni nada. Era un regalo y lo dejamos pasar, lo devolvimos.
Podría
hablarse de mala suerte en las dos que sacaron en la raya, la de
Torsiglieri y la de Lodeiro pero en esta última el uruguayo no le
pegó lo suficientemente fuerte. Sigue desaparecido, Lodeiro. No se
hace cargo del armado ofensivo, no marca diferencias con sus
entregas, no se le ocurre nada interesante.
Durante
buena parte del primer tiempo el dominio fue intenso, sostenido, la
pelota se recuperaba con rapidez. Pero ya muy pronto había quedado
expuesta la falta de solidez, la inconsistencia defensiva. Siete
minutos y ya perdíamos. Primero, un foul de esos que hace Pablo
Pérez, aparatosos, descomedidos, de amarilla cantada. Del tiro libre
derivó el corner y del corner, el gol. Llegó el centro de Capurro y
es como si nos hubiésemos distraído con Roger Martínez porque a
Lequi no lo marcó nadie, Torsiglieri se quedó atornillado al piso.
En
el segundo tiempo el equipo se desmoronó rápidamente y así se nos
vino la hecatombe. Aldosivi cambió, porque esperó más atrás y no
ofreció los espacios que había ofrecido antes. Seguíamos teniendo
la pelota pero ya en los últimos metros de cancha ahora no
pasábamos. Para colmo, muy pronto y una cosa detrás de la otra se
produjeron el segndo gol de Aldosivi y la expulsión de Pablo Pérez.
Muy
bueno,muy ajustado el remate de Roger Martínez para el segundo gol
pero las facilidades que le dimos son inaceptables, inexplicables. El
tipo maniobró, se acomodó, se armó sin que ni Torsiglieri ni el
Cata atinaran a molestarlo mínimamente. La segunda amarilla a Pérez
fue una exageración del referí pero en fin, Pablo siempre está
expuesto, siempre está en oferta.
Diez
contra once y obligados a levantar dos goles, demasiado para un
equipo ya sin norte, sin rumbo. Se sucedieron los cambios para que no
cambara nada. Recién a los 27 minutos tuvo lugar la primera acción
de riesgo para el arco de Aldosivi en todo el segundo tiempo. Fue ese
tiro de Lodeiro desde afuera que sacó el arquero. Después llegarían
la media vuelta de Osvaldo, muy plástica, muy bonita pero la bola se
fue por arriba. La última, ese cabezazo, también del Loco, que tocó
el travesaño.
¿Qué
decir, cómo describir el tercer gol? Entre cinco jugadores nuestros
se empeñaron en regalar la pelota a las puertas del área nuestra.
La última, la de Monzón, cerrando hacia adentro y entregándole la
bocha a Vildozo, es propia de alguien que desconoce los rudimentos
del juego. Vildozo la definió muy linda, con esa picadita corta ante
Orion pero se la servimos en bandeja de oro. Ya los jugadores de Boca
querían irse, no les quedaban ni las ganas.
¿Cómo
sigue esto? ¿Será bueno o malo que en tres días tengamos que salir
de nuevo a la cancha y contra un rival que no tendrá nada para
perder y sí todo para ganar? El Vasco dice que hay que levantarse,
que ahora hay que ver los pingos. ¿Nos levantaremos? No es por ser
tremendisdta ni desestabilizador pero este ciclo está herido de
muerte. Ojalá los hechos desmientan esta premonición, ojala haya el
retorno que hoy no parece haber.
EL
BOLETÍN: ORION 5, PERUZZI 5, CATA 4, TORSIGLIERI 4, MONZÓN 2, PÉREZ
2, GAGO 4, LODEIRO 3, CARRIZO 3, OSVALDO 3, CHÁVEZ 2 (FI), PALACIOS
4, BENTANCUR 4, CALLERI NC.
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