lunes, 4 de mayo de 2015

UNO ADENTRO

En verdad, faltaban siete minutos para que se consumieran los noventa regulares y el clásico se encaminaba ya plácidamente hacia un cero a cero final con sabor a nada. Claro que el resultado deja en segundo plano todo lo demás y no podría ser de otra manera. Apareció el pibe Pavón, apareció el Fantástico Pérez y ya todos saben que La Boca está de joda.
El técnico de ellos se mostró desilusionado con el rendimiento de Boca y tiene razón, costó jugar. Sin embargo, amigo, quisimos más que vos y por eso te ganamos. Como pudimos, fuimos a buscarlo hasta el final y lo encontramos.
Como viene pasando en algunos de los últimos partidos, el equipo extrañó a Lodeiro. Si no está Gago en la cancha y si la pelota no pasa seguido por Lodeiro, difícil que aparezcan las asociaciones, las triangulaciones. Difícil que la bola corra sin tropiezos. Incluso al principio la tenían más ellos, que nos metieron a Driussi en una posición flotante y no lo encontrábamos. Eso sí, de Driussi para arriba no eran nada, porque a Gutiérrez se ve que le cuestan los Boca-River y Mora, que siempre se las arregla para crearnos algún problema, quedaba por lo general a contramano del juego.
Sin posesión, sin imponer supremacía, los más verticales éramos nosotros. Estuvo esa corrida de Monzón, que sacó un centro de la nada, se durmieron Barovero y Terminator Vangioni y casi los emboca el Pachi, llegó con poco espacio y encontró el cuerpo del arquero pero fue la primera llegada concreta del partido.
Después, el pelotazo del Loco Osvaldo en el palo. Era una jugada encarajinada, sucia, y el Loco la limpió con un gesto técnico perfecto, era golazo y apareció ese palo. El Loco era el jugador de Boca que más incómodo estaba en la cancha. Si lo vamos a mandar a jugar de Palermo, si va a tener que hacer catch contra los centrales, lo matamos, lo desperdiciamos. Pero es que no había pelota por abajo, no había elaboración.
En algún momento pareció que la puerta la abría Pachi. Se veía que Terminator no podía con él en el uno contra uno. Lo que pasa es que Pachi pareciera que nunca se decide a ser el héroe de la película, lo tiene todo pero insinúa más de lo que concreta y va pasando el tiempo y el partido se lo lleva.
En ese primer tiempo tuvimos otras dos. Una, la aparición en el área del Cabezón Meli (que se pelea con la pelota pero con su generosidad compensa todo), el toque hacia atrás y Pezzella que se la comió de frente a y punto estuvo de marcar un clamoroso gol en contra. Después, la maniobra conjunta mejor construida de la etapa, la ruptura de Pachi por derecha, Lodeiro que se iluminó y la dejó pasar, era gol pero el Negro Chávez, con todo el arco para él, la tiró afuera. No engrana, el Negro. Esta vez no tuvo espacio para esas corridas a campo traviesa que le gustan y ese gol que dejó pasar selló su oscura participación en el partido.
River tuvo posesión pero no aparecía en ataque. Estamos bien de centrales, esta vez el Vasco eligió a la dupla Burdisso-Cata y la firmeza del fondo no se alteró. Por otra parte, a los centrales se les facilita con un 5 como Cubitas, que corre muy bien la cancha a lo ancho. Esta vez estuvo menos prolijo que otra veces con la bocha, Cubitas pero siempre está para dar una mano donde se lo necesite. Era para persignarse, si uno fuera creyente, que lo pusieran a los catorce días de sufrir un desgarro (segundo en serie) pero se ve que estaba bien, aguantó y terminó sin problemas.
En resumen, la única vez que nos asustaron en serio, en el primer tiempo, fue con ese bombazo de Sánchez que nos sacudió el travesaño. Fue de contra, la manejó bien Driussi y ahí sí que se hizo ver Gutiérrez, cambiando el sentido de la jugada para la llegada del uruguayo. Boca, en general, viene haciendo bien las transiciones de ataque a defensa pero esa fue muy rápida y ellos la armaron bien.
El comienzo del segundo tiempo fue el peor momento de Boca en el partido. Hubo un centro de Carrizo (última aparición en escena de Pachi) y un cabezazo blandito de Osvaldo, hubo un tiro de Lodeiro apenas desviado a continuación de una falla de Maidana pero ´por entonces se jugaba como quería River.
A punto estuvo de embocarnos Mora, en una jugada en que se complicaron solos el Cata y Monzón contra Gutierrez. El uruguayo nos metió un sablazo durísimo pero apareció Orion. Bien, el Gordo. Muy seguro toda la noche, dueño de su área. Difícil-difícil, tuvo esa sola y se mandó esa atajada de postal para salvar su arco en un instante fundamental que pudo haber cambiado la historia.
El Vasco también vio que se imponía un volantazo. Tener a Gago en el banco es un lujo que no cualquiera puede darse. Superficialmente podría calificarse que meter a Fernando por el Negro Chávez es un cambio “defensivo” pero no, de lo que se trataba era de agarrar la bola nosotros. Y pasó. Con Fernando en la cancha, automáticamente, la pelota empezó a parecer más redonda.
El segundo cambio se caía de maduro. El Pachi ya se había ido y no hay que dejar pasar este momento del pibe Pavón. Uno no puede adivinar hoy hasta dónde será capaz de llegar Cristian pero cuánto promete, qué desenfado, siempre invitando a que se la den, sin complejos para encarar una y otra vez.
Desde que entró Gago hasta el final, la iniciativa fue de Boca. Cierto es que a ellos el empate no los disgustaba en absoluto y esperando se sentían a sus anchas. Llegar costaba mucho, había mucha gente en el embudo del área de ellos y como los laterales nuestros no encontraban espacio para pasar (si bien Gjno creció mucho en el segundo tiempo), por las bandas no había desdoblamiento. Por eso, a diez minutos del final, el 0-0 parecía cosa casi juzgada. Casi.
El Loco Osvaldo no anduvo pero no se fue nunca del partido. Tuvo aire y ganas para correr por la derecha esa pelota de la que no se avizoraba que pudiera derivar nada trascendente. Sin embargo, el Loco fue, llegó y la cruzó para el medio. No pudo Lodeiro ni tampoco Pérez pero Pablo alcanzó a alargarla para la izquierda. Y por ahí apareció Pavón. Iban 38 del segundo tiempo y Boca tenía cuatro jugadores en el área rival. Radiografía del final del partido, radiografía de las intenciones de uno y otro. El tiro de Pavón al primer palo pudo no haber sido gol pero la respuesta de Barovero distó de ser la ideal. Boca 1-0 y asunto liquidado, sin duda. Por ese entonces era “gol gana” y el gol fue de Boca.
A continuación, el segundo. Ellos estaban shockeados y se aprovechó. Quedaron en línea, Pablo encaró, la jugada se ensució pero Pablo resolvió con un tacazo mortal que lo dejó a Lodeiro solo con Barovero. Tapó Barovero pero le quedó otra vez a Pablo para definir con comodidad, sin apresuramientos. Tuvo once minutos de cancha, Pablo, desde que entró por el Cabezón Meli pero su presencia terminó siendo capital, fue actor en los dos goles.
Los clásicos hay que ganarlos y a otra cosa. Con el resultado puesto, ya poco importará el cómo. Ganamos, alargamos una serie espléndida, estamos arriba, invictos. La vida es bella.
De este segmento de tres partidos pegaditos como tapas de empanada contra los que te jedi, el objetivo, la prioridad, es pasar en la Copa. A los penales, 1-1 de visitantes y 0-0 de locales, como fuere. Sin perjuicio de ello, cada partido es un objetivo en sí mismo y éste lo ganamos nosotros. Tenemos uno en la bolsa. El jueves al gashinero vamos con viento a favor, con todas las luces prendidas. Que no se apaguen.



EL BOLETÍN: ORION 7, PERUZZI 6, BURDISSO 6, CATA 6, MONZÓN 5, MELI 5, CUBAS 5, LODEIRO 4, CARRIZO 6, OSVALDO 5, CHÁVEZ 4 (FI), GAGO 7, PAVÓN 7, PÉREZ 7.

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