En
verdad, faltaban siete minutos para que se consumieran los noventa
regulares y el clásico se encaminaba ya plácidamente hacia un cero
a cero final con sabor a nada. Claro que el resultado deja en segundo
plano todo lo demás y no podría ser de otra manera. Apareció el
pibe Pavón, apareció el Fantástico Pérez y ya todos saben que La
Boca está de joda.
El
técnico de ellos se mostró desilusionado con el rendimiento de Boca
y tiene razón, costó jugar. Sin embargo, amigo, quisimos más que
vos y por eso te ganamos. Como pudimos, fuimos a buscarlo hasta el
final y lo encontramos.
Como
viene pasando en algunos de los últimos partidos, el equipo extrañó
a Lodeiro. Si no está Gago en la cancha y si la pelota no pasa
seguido por Lodeiro, difícil que aparezcan las asociaciones, las
triangulaciones. Difícil que la bola corra sin tropiezos. Incluso al
principio la tenían más ellos, que nos metieron a Driussi en una
posición flotante y no lo encontrábamos. Eso sí, de Driussi para
arriba no eran nada, porque a Gutiérrez se ve que le cuestan los
Boca-River y Mora, que siempre se las arregla para crearnos algún
problema, quedaba por lo general a contramano del juego.
Sin
posesión, sin imponer supremacía, los más verticales éramos
nosotros. Estuvo esa corrida de Monzón, que sacó un centro de la
nada, se durmieron Barovero y Terminator Vangioni y casi los emboca
el Pachi, llegó con poco espacio y encontró el cuerpo del arquero
pero fue la primera llegada concreta del partido.
Después,
el pelotazo del Loco Osvaldo en el palo. Era una jugada encarajinada,
sucia, y el Loco la limpió con un gesto técnico perfecto, era
golazo y apareció ese palo. El Loco era el jugador de Boca que más
incómodo estaba en la cancha. Si lo vamos a mandar a jugar de
Palermo, si va a tener que hacer catch contra los centrales, lo
matamos, lo desperdiciamos. Pero es que no había pelota por abajo,
no había elaboración.
En
algún momento pareció que la puerta la abría Pachi. Se veía que
Terminator no podía con él en el uno contra uno. Lo que pasa es que
Pachi pareciera que nunca se decide a ser el héroe de la película,
lo tiene todo pero insinúa más de lo que concreta y va pasando el
tiempo y el partido se lo lleva.
En
ese primer tiempo tuvimos otras dos. Una, la aparición en el área
del Cabezón Meli (que se pelea con la pelota pero con su generosidad
compensa todo), el toque hacia atrás y Pezzella que se la comió de
frente a y punto estuvo de marcar un clamoroso gol en contra.
Después, la maniobra conjunta mejor construida de la etapa, la
ruptura de Pachi por derecha, Lodeiro que se iluminó y la dejó
pasar, era gol pero el Negro Chávez, con todo el arco para él, la
tiró afuera. No engrana, el Negro. Esta vez no tuvo espacio para
esas corridas a campo traviesa que le gustan y ese gol que dejó
pasar selló su oscura participación en el partido.
River
tuvo posesión pero no aparecía en ataque. Estamos bien de
centrales, esta vez el Vasco eligió a la dupla Burdisso-Cata y la
firmeza del fondo no se alteró. Por otra parte, a los centrales se
les facilita con un 5 como Cubitas, que corre muy bien la cancha a lo
ancho. Esta vez estuvo menos prolijo que otra veces con la bocha,
Cubitas pero siempre está para dar una mano donde se lo necesite.
Era para persignarse, si uno fuera creyente, que lo pusieran a los
catorce días de sufrir un desgarro (segundo en serie) pero se ve que
estaba bien, aguantó y terminó sin problemas.
En
resumen, la única vez que nos asustaron en serio, en el primer
tiempo, fue con ese bombazo de Sánchez que nos sacudió el
travesaño. Fue de contra, la manejó bien Driussi y ahí sí que se
hizo ver Gutiérrez, cambiando el sentido de la jugada para la
llegada del uruguayo. Boca, en general, viene haciendo bien las
transiciones de ataque a defensa pero esa fue muy rápida y ellos la
armaron bien.
El
comienzo del segundo tiempo fue el peor momento de Boca en el
partido. Hubo un centro de Carrizo (última aparición en escena de
Pachi) y un cabezazo blandito de Osvaldo, hubo un tiro de Lodeiro
apenas desviado a continuación de una falla de Maidana pero ´por
entonces se jugaba como quería River.
A
punto estuvo de embocarnos Mora, en una jugada en que se complicaron
solos el Cata y Monzón contra Gutierrez. El uruguayo nos metió un
sablazo durísimo pero apareció Orion. Bien, el Gordo. Muy seguro
toda la noche, dueño de su área. Difícil-difícil, tuvo esa sola y
se mandó esa atajada de postal para salvar su arco en un instante
fundamental que pudo haber cambiado la historia.
El
Vasco también vio que se imponía un volantazo. Tener a Gago en el
banco es un lujo que no cualquiera puede darse. Superficialmente
podría calificarse que meter a Fernando por el Negro Chávez es un
cambio “defensivo” pero no, de lo que se trataba era de agarrar
la bola nosotros. Y pasó. Con Fernando en la cancha,
automáticamente, la pelota empezó a parecer más redonda.
El
segundo cambio se caía de maduro. El Pachi ya se había ido y no hay
que dejar pasar este momento del pibe Pavón. Uno no puede adivinar
hoy hasta dónde será capaz de llegar Cristian pero cuánto promete,
qué desenfado, siempre invitando a que se la den, sin complejos para
encarar una y otra vez.
Desde
que entró Gago hasta el final, la iniciativa fue de Boca. Cierto es
que a ellos el empate no los disgustaba en absoluto y esperando se
sentían a sus anchas. Llegar costaba mucho, había mucha gente en el
embudo del área de ellos y como los laterales nuestros no
encontraban espacio para pasar (si bien Gjno creció mucho en el
segundo tiempo), por las bandas no había desdoblamiento. Por eso, a
diez minutos del final, el 0-0 parecía cosa casi juzgada. Casi.
El
Loco Osvaldo no anduvo pero no se fue nunca del partido. Tuvo aire y
ganas para correr por la derecha esa pelota de la que no se avizoraba
que pudiera derivar nada trascendente. Sin embargo, el Loco fue,
llegó y la cruzó para el medio. No pudo Lodeiro ni tampoco Pérez
pero Pablo alcanzó a alargarla para la izquierda. Y por ahí
apareció Pavón. Iban 38 del segundo tiempo y Boca tenía cuatro
jugadores en el área rival. Radiografía del final del partido,
radiografía de las intenciones de uno y otro. El tiro de Pavón al
primer palo pudo no haber sido gol pero la respuesta de Barovero
distó de ser la ideal. Boca 1-0 y asunto liquidado, sin duda. Por
ese entonces era “gol gana” y el gol fue de Boca.
A
continuación, el segundo. Ellos estaban shockeados y se aprovechó.
Quedaron en línea, Pablo encaró, la jugada se ensució pero Pablo
resolvió con un tacazo mortal que lo dejó a Lodeiro solo con
Barovero. Tapó Barovero pero le quedó otra vez a Pablo para definir
con comodidad, sin apresuramientos. Tuvo once minutos de cancha,
Pablo, desde que entró por el Cabezón Meli pero su presencia
terminó siendo capital, fue actor en los dos goles.
Los
clásicos hay que ganarlos y a otra cosa. Con el resultado puesto, ya
poco importará el cómo. Ganamos, alargamos una serie espléndida,
estamos arriba, invictos. La vida es bella.
De
este segmento de tres partidos pegaditos como tapas de empanada
contra los que te jedi, el objetivo, la prioridad, es pasar en la
Copa. A los penales, 1-1 de visitantes y 0-0 de locales, como fuere.
Sin perjuicio de ello, cada partido es un objetivo en sí mismo y
éste lo ganamos nosotros. Tenemos uno en la bolsa. El jueves al
gashinero vamos con viento a favor, con todas las luces prendidas.
Que no se apaguen.
EL
BOLETÍN: ORION 7, PERUZZI 6, BURDISSO 6, CATA 6, MONZÓN 5, MELI 5,
CUBAS 5, LODEIRO 4, CARRIZO 6, OSVALDO 5, CHÁVEZ 4 (FI), GAGO 7,
PAVÓN 7, PÉREZ 7.
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