sábado, 16 de mayo de 2015

ESTAMOS TODOS LOCOS

Un viernes laboralmente muy ajetreado por razones obvias postergó la elaboración del presente opúsculo pero mejor, para tomar distancia, tratar de que la indignación no nuble el juicio y así no sumar este gil que escribe a la catarata de pelotudeces que han circulado y circularán por un par de días más.
Gran parte de nuestro periodismo, por ejemplo, ha hecho foco en la “falta de solidaridad” de los jugadores de Boca, una pavada que no tiene ni pies ni cabeza pero que no sorprende, se toma como de quien viene. Son los mismos que se escandalizan por “la imagen que damos al exterior”, mismo discurso del Gordo Muñoz hace más de cuarenta años, como si ese fuera el punto. ¿A mí qué mierda me importa la imagen que puedan tener de mí en la República Checa? El problema es que tenemos que vivir acá, muchachos.
La responsabilidad de Boca como organizador es indelegable. Nos van a cortar la cabeza y no hay mucho por patalear, hay que comérsela y seguir adelante.
A la hora de las especulaciones, no es descabellado conjeturar que lo sucedido podría tratarse de una maniobra de desestabilización contra Angelici, como parte de la política interna del club. Hasta puede irse más allá y anotarlo como un round más de la puja kirchnerismo-macrismo, puja que nos tiene a la ciudadanía en general y a los bosteros en particular como rehenes.
Nada de lo anterior modifica el concepto primero: Boca (es decir, todos nosotros) deberá (deberemos) hacerse (hacernos) cargo.
Este gil tiene una convicción de (aproximadamente) el 95 por ciento en cuanto a que el “gas pimienta” o lo que fuese esa porquería partió de un botón, de un cana. Lo de siempre, la yuta echándole nafta al fuego. Antes de ello, la televisión había llevado en vivo y en directo a todo el mundo, durante varios minutos, imágenes del boludo ése de la campera gris y azul, con sus secuaces. tratando de romper la manga y meter una bengala. Sin que la yuta apareciera en el lugar indicado y en el momento preciso, of course.
Recordemos que las mangas aparecieron en el fútbol argentino hacia fines de los ochenta porque ya se hacía incontrolable la salida de los equipos visitantes, por las cosas que les tiraban sin contar las que les decían. Cierto es que en 1942 le embocaron un bulonazo a Yácono en La Bombonera pero fue un hecho aislado. Ahora, está visto, las mangas ya no alcanzan.
Angelici, en sus declaraciones primeras (no las más elaboradas de la conferencia de ayer) calificó a los operadores del incidente de “inadaptados” y “tarados”. Debiera comprender Angelici que dichos operadores están perfectamente adaptados al sistema, son funcionales a él o tal vez somos todos nosotros los funcionales a ellos.
Le dio Angelici a la palabra “tarado” la significación que le damos todos en nuestro lenguaje coloquial y cotidiano, en dicho sentido vienen utilizándola asimismo demasiados comunicadores. Sería bueno que cuando se habla públicamente en representación de una institución se reparara en que, con más propiedad, un “tarado” es un enfermo. Es obvio que ninguno de los actores de este drama tiene nada de “tarado”, son todos responsables de sus actos (aunque es cada vez más difícil que paguen en consecuencia). Son imbéciles y delincuentes, no “tarados” ni mucho menos “inadaptados”.
Todo es aprendizaje. Por ejemplo, este gil que escribe aprendió, gracias a este episodio, que ese avioncito que sobrevoló la cancha con la B pintada se llama “dron”. ¿De dónde salió el “dron”? Del mismo lugar del que salió el chancho inflable que sobrevoló la cancha de River hace algún tiempo. Berni va a decir que estaba dentro de la cancha, Boca va a decir que estaba fuera, nunca sabremos la verdad. En una sociedad menos enferma, este tipo de cargada debiera constituir no más que sano folklore, para que nos divirtamos todos sin daño para nadie. Claro está que no es el caso. Estamos enfermos de intolerancia, acumulamos violencia contenida.
Para descalificar más aún, por si hiciera falta, el concepo “inadaptados”, tendríamos que preguntarnos si también son “inadaptados” las decenas de miles de personas que, a más de una hora de la interrupción del partido, seguían cantando “Oh, River sos cagón” o los pateístas que tiraron las botellitas llenas de agua. Otra diferenciación en la que se empecina nuestro periodismo, la de hacer notar, ante el comportamiento incorrecto de los plateístas, que se trata de personas de cierto nivel adquisitivo. No, implícitamente, de los “negros” de la popular. Como si la guita comprara por sí sola la educación o la sociabilidad. A veces pareciera que es más bien al revés.
En 1924 apareció el “alambrado olímpico”, para que la gente no se metiera en la cancha. A fines de los ochenta llegaron las mangas. Desde hace ya casi dos años en primera (algunos más en el ascenso) se juega sin público visitante. Cada vez son más los partidos “a puertas cerradas” (abiertas sólo para unos pocos privilegiados). Y seguimos avanzando.
Hace unos 45 años, mi querido tío Luis, un conservador recalcitrante que despreciaba el fútbol, cada vez que se daba un episodio de desórdenes o violencia en el fútbol, repetía una muletilla: “Yo que el gobierno prohibía el fútbol”. ¡Ay, tío Luis! ¿Y si tenías razón?
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Hablemos de fútbol, un poquito. Los 45 minutos de Boca contra River fueron vomitivos. Lo peor del año en el peor momento. Ni una jugada. Apenas un tirititito (perdón por la usurpación, Juan Carlos Morales) de Osvaldo, de zurda, que ni despeinó a Barovero.
Entramos contracturados, enajenados, tensos. Y eso se vio. River controló el juego. No encontramos la manera de superar la presión alta. Jugamos a los pelotazos cruzados del Cata para el Pachi Carrizo, es decir, no jugamos. Nos ofuscamos. Medio partido y cuatro amonestados de los cuales por el único que se podría abogar es por Gago que, de todos modos, riñó y no jugó. Y si no juega Gago... Si el partido seguía, el siguiente foul de Pablo Pérez era roja.
El Vasco lo dejó afuera a Lodeiro, muy flojo en los dos partidos anteriores y mucho no se le puede decir. Le dio otra oportunidad al pibe Pavón, pese a la evidencia de que el partido de ida le había pesado. Apostó al momento y al juego aéreo en ataque de Burdisso y dejó en el banco al jugador más regular del año, Torsiglieri.
Es bueno tener plantel y Boca, aparentemente, lo tiene. Pero también es bueno que los jugadores, antes que cualquier otro, sepan bien quién es titular y quién suplente. Desde este mismo foro se señaló, tiempo atrás, que el Toto Lorenzo regaló el Metropolitano del 78 como Bianchi regaló el Clausura del 2004 por creerse que ponían a cualquiera y daba lo mismo. La diferencia es que el Toto y Carlos habían ganado algo, querido Vasco.


EL BOLETÍN: ORION 5, PERUZZI 5, CATA 4, BURDISSO 5, COLAZO 4, MELI 5, GAGO 4, PÉREZ 3, PAVÓN 3, OSVALDO 4, CARRIZO 5.  

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