El
momento clave, minuto 11: Balanta va mal contra Orion, Pablo Pérez
reacciona con una patada al estómago de Balanta, roja para Pablo,
amarilla para Balanta. Irreprochable Herrera, un boludo Pablo. Punto
y aparte.
Tranquilos.
A Pablo seguramente se le hará notar a través de todos los
estamentos correspondientes (dirigencia, cuerpo técnico, plantel)
que fue un gil, que nos comprometió, que no es la primera vez que
sucede. Al pie del presente opúsculo se observará que el autor
califica a Pablo con un 1, es lo que merece. Y ahí se terminó. El
Negro Ibarra, un grande, una vez nos dejó con diez al empezar el
segundo tiempo en el gallinero por putearlo a Elizondo (aquel partido
que ganamos 1-0 con gol de Viatri, 2008). Cosas que pasan. No nos
prendamos con la maquinaria periodística que ya está en marcha, que
empezó a hablar de falta de profesionalismo (como si a los
profesionales no les fuera dado calentarse), de rescisión de
contrato y que es muy probable que arme un video con todas las
infracciones que cometió Pablo desde las inferiores de Newell's y lo
ponga en el aire diez veces al día en el curso de toda la presente
semana. Pobre de aquel que permita que el periodismo le formatee su
pensamiento. Pablo es un jugador valioso, tiene esas cosas, en su
momento se evaluará y definirá si conviene que siga o no. De nuevo,
punto y aparte.
Condicionados
a jugar 79 minutos con uno menos, la llevamos bien, con oficio. Una
lástima lo que pasó porque pintaba lindo. A los seis minutos
habíamos producido lo que iba a ser la mejor construcción de todo
el partido, esa en que se juntaron por la derecha, por el lado de los
palcos (ahí donde dicen que no se podía jugar) Peruzzi, Jara y
Pavón, pasó Cristian hasta el fondo, metió uno de esos venenosos
centros bajos y paralelos que son su especialidad y por muy poco no
llegó a conectarla Pablo, que llegaba por el otro lado.
Mientras
nos acomodábamos a la nueva situación de jugar con diez, les
dejamos la bola, retrocedimos. La idea era salir con pelotas largas
para Pavón, alguna vez se pudo. Un monstruo, Cristian, corriéndolas
todas, corriéndolos a todos para taparles la salida. ¡Cuánto ha
crecido! Parece difícil que vuelva a vérsele algún partido como
aquel del año pasado en el gallinero, en que parecía que ni estaba
en la cancha.
Ellos,
nada. D'Alessandro revoloteaba, quería armar, la pedía y la
entregaba redonda pero tenía que irse lejos del área y cuando
quería entrar, no encontraba interlocutores válidos. Por la
izquierda nuestra no podían, porque entre Silva y un Nico Lodeiro
muy sacrificado cubrían bien. Por la derecha, pese a las dudas de
Peruzzi, tampoco, porque Bertolo sabíamos que enganchaba siempre
para adentro y porque empezaba a hacerse ver Jara, que iba y volvía,
muy preciso y prolijo, además, con la bocha en los pies. Alario
moría entre Tobio y el Chaco Insaurralde, muy firmes.
¿Qué
tuvieron? Nada, ese tiro libre de D'Alessandro que sacó muy bien
Orion sobre su izquierda. El tiro libre fue consecuencia de una
corrida en ataque de Silva, una de las buenas posibilidades que
tuvimos. Eligió mal, tenía opciones, quiso pasar él, la perdió,
corrió para atrás desesperado y cortó con foul.
Por
si la de jugar con diez fuera poca complicación llegó lo de Gago,
antes de terminar el primer tiempo. Estaba jugando bien, Fernando,
corriendo muy bien la cancha a lo ancho, cortando mucho más de lo
que dicen que corta Fernando. Otra vez el maldito tendón de Aquiles,
qué desgracia. Es de no creer, perdimos a Cubitas y a Fernando en
cuatro días.
Se
suponía que entraba Pichi Erbes pero Guillermo lo mandó al Cabezón
Meli y lo corrió a Jara de 5. Iba a ser un acierto notable. Leo jugó
un segundo tiempo estupendo. Bien parado, con economía de
movimientos, eligiendo cuándo retroceder para juntarse con
Tobio-Chaco y cuándo ir a presionar. Con Leo de 5 Boca se paró más
arriba, no cedió tanto terreno ni pelota, pudo ir con más
frecuencia hacia adelante y si se contabilizan las aproximaciones al
gol, escasas por cierto, no hubo diferencias. Viene creciendo, Leo.
Fue lo mejor que nos haya dado desde que está con nosotros y en un
partido muy especial. Ya había aprovechado muy bien los minutos que
le dieron con Cali, con un gol y una asistencia. Está empezando a
hacer notar por qué llegó a Boca.
Faltó
más de Carlitos. Cuesta aceptar que, en un partido planteado tal
como estaba éste, haya sido más importante Pavón que él. No es
que haya jugado mal, digamos que estuvo discreto, demasiado discreto.
Barovero le sacó una en el primer tiempo y otra en el segundo pero
no tuvo, Carlitos, la presencia que tenemos que exigirle por ser
quien es. Quedó aislado del juego por prolongados pasajes. Uno no
puede dejar de imaginar que en un partido semejante, Román se
llevaba la pelota a la casa, la pinchaba, no se jugaba más. Así
pasó aquella vez del gol de Viatri en el gallinero. Carlitos es otra
cosa, es delantero pero por sobre todo, es un crack y queremos que lo
haga notar siempre. Esta vez no fue el caso.
¿Y
en el segundo tiempo, qué tuvieron? Nada. A los veinte minutos la
Gata Gallardo ya había cambiado a los dos delanteros pero siguieron
sin llegar. Sólo tres tiros de D'Alessandro desde afuera, en uno de
ellos Orion dio un rebote peligroso, menos mal que Alonso estaba
adelantado.
En
fin, queríamos otra cosa pero el destino no lo quiso, se hizo lo que
se pudo y se hizo con dignidad. El viernes, en la conferencia,
Guillermo había hablado de los detalles, había dicho que por ahí
uno se imagina un partido, a los pocos minutos sucede algo inesperado
y cambia todo. Ni que fuera vidente, el Melli. ¡Ah! El boludo del
día no fue Pablo, lo superaron D'Alessandro y la Gata. Uno dijo que
nos defendimos en todo el segundo tiempo, la otra afirmó que nos
conformábamos con el empate. ¡Váyanse a cagar!
EL
BOLETÍN: ORION 6, PERUZZI 4, TOBIO 6, INSAURRALDE 6, SILVA 5,
JARA 8, GAGO 7, LODEIRO 5, PAVÓN 7, CARLITOS 5, PABLO 1 (FI), MELI
5, CHÁVEZ NC.
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