domingo, 12 de mayo de 2013

¡BASTA!

Dejémonos de joder, ni Copa ni acumulación de partidos ni racha de lesionados ni arbitrajes ni nada. Nada justifica, nada excusa, nada explica esta campaña. Esta serie de doce fechas sin ganar en el torneo local es una vergüenza, un asco, una tortura. Ojo, señores, que así empezó River en 2008 y terminó en la B tres años más tarde. Si ganan Argentinos y Estudiantes vamos a estar últimos. Aunque pasemos a Corinthians el miércoles, no se puede bancar esta situación.


Cuando parece que se está por arrancar, cuando aparecen signos de recuperación, de pronto patapúfete, volvemos a la lona. Jugamos bastante bien con Lanús y a continuación nos comimos seis en San Juan. No jugamos tan mal con Belgrano ni con Estudiantes, tampoco con River y ahora esto.

A San Lorenzo le duramos diez minutos. El tiempo que les llevó a ellos desatar el nudo de la mitad de la cancha, descubrir que a las espaldas de Albín y del pibe García Basso podían hacerse un picnic porque no había volantes que les achicaran los espacios a los laterales ni centrales que cruzaran en tiempo y forma. No es casualidad que los dos primeros goles de San Lorenzo hayan empezado por el mismo lado.

En el primero, el pase de Kannemann a Piatti tomó a Albín a mitad de camino, desarmado. Piatti se fue como Perico por su casa hasta el fondo de la cancha y todo lo que vino después fue irreversible porque ya todo el equipo estaba irremediablemente a contramano de la jugada. Centro al lado opuesto, Buffarini que la devuelve para el lado del que venía y Verón que la mete. Nosotros, mirábamos.

En el segundo, antes del penal, Magallán tenía pelota y posición ganadas. Como por arte de magia Verón, como si Magallán no fuera material sino gaseoso, Verón apareció detrás de él con la bola dominada. Otra vez la misma película, tipo que se nos va hasta el fondo sin que haya manera de ponerle un obstáculo. Después sí, Correa se tiró y Pezzotta nos cagó pero si nos detenemos en los árbitros vamos a perder el foco de la cuestión. El problema somos nosotros.

Lo peor, lo inaceptable es que, claramente, nos sentimos derrotados ya con el primer gol. No apareció en la cancha nadie que levantara la bandera, que contagiara. Cada cual por su lado. Se pueden rescatar los esfuerzos de Escalante y Bravo pero perdieron con holgura contra Kalinski y Navarro porque ellos sabían lo que tenían que hacer, se apoyaban unos a otros. Buffarini dista mucho de ser un gran futbolista, es apresurado, acelerado pero el tipo es indomable, transmite fervor, obliga a sus compañeros a seguirlo. Nosotros no tuvimos uno así. Iban 18 minutos de partido y ya sabíamos que perdíamos. Por supuesto, perdimos.

Uno lo miraba desde arriba y parecía como que los equipos eran dos porque Silva siempre estaba como a treinta metros del compañero más cercano. Paredes miró el partido desde adentro. No fue ni media punta ni enganche, no fue nada. Es un pibe pero alguien va a tener que ayudarlo a que defina pronto qué quiere hacer con su vida. Por capacidad técnica es un privilegiado pero si los partidos siguen pasándolo por encima, como viene ocurriendo, todo lo que tiene no le va a servir para nada. Se lo va a llevar la corriente para siempre.

Lo más parecido a una acción de ataque bien elaborada que tuvimos fue esa del primer tiempo que Colazo jugó para que Pol llegara hasta el área por derecha, Pol la puso para atrás y el Tanque, a la carrera, le erró al arco. Pero es que el Tanque llegaba apareado por uno de ellos que no le permitió definir cómodo. Viene a cuento porque la jugada del tercer gol de ellos fue muy parecida y en el mismo sector de la cancha. La diferencia fue que cuando Buffarini la puso para atrás, el de ellos que llegaba de frente, Correa, no tuvo a nadie nuestro que lo molestara y nos rompió el arco.

No tenemos en el plantel un solo central que sea de fiar. Ahora les volvió a tocar el turno a Magallán y Chiqui Pérez y no es que a este gil que escribe le guste estar repitiendo siempre lo mismo pero de verdad, hay momentos en que parece que nunca hubiesen jugado al fútbol antes. Y se trata de dos jugadores a los que fuimos a buscar. Magallán fue una recomendación de esa indescifrable (o más bien parasitaria) “Secretaría Técnica” que integran el tal Budna, el Ruso Ribolzi y el hijo de Vidallé. Los mismos que también recomendaron a Albín y a otro central, Casasola, que costó un montón y ni se entrena con el plantel principal. ¡La guita que se deben estar llevando esos tres! A Chiqui Pérez lo pidió Bianchi. ¿Qué pasa, Carlos? Usted antes difícilmente se comiera esos caramelitos.

A modo de última imagen del naufragio quedó, ya en el minuto 92, el penal que tiró Silva a Uruguay o a la estratosfera o a la concha de su madre. Una grosería. Es que en ese, nuestro total fracaso de vivir, ni el tiro del final iba a salirnos. Si, estamos desorientaos y no sabemos que trole hay que tomar para seguir. Y en ese desencuentro con la fe queremos cruzar el mar y no podemos, Catulín querido.



2 comentarios:

  1. Me parece que las derrotas te inspiran, excelente nota. Comparto la preocupación por Paredes, a lo que habría que sumar el pésimo momento de Colazo. Lo de la Secretaría Técnica es de una opacidad digna de la SIDE: uno ve a este chico Magallán como un digno producto de dicho organismo. Así como cada tanto demuestra tener condiciones técnicas notables, también tiene siestas injustificables como en los tres goles de ayer o en ambos partidos contra Toluca.
    Lo del Chiqui Perez es harina de otro costal. Me parece que achacar ese buzón exclusivamente a Bianchi es un poco injusto, ya que en principio se trató de una incorporación que fue saludada con esperanza.
    Y sí, más allá de la Copa y las lesiones y lo que quieran, la situación en el campeonato es inaceptable.

    ResponderEliminar
  2. Lo que pasa, Alejo, es que con la confianza por Bianchi, cuando trajo a Chiqui, dimos por sentado que estaba bien. Ahora, viéndolo, no se entiende por qué está en Boca. Espero inspirarme menos pero que ganemos. Abrazo.

    ResponderEliminar