Un triunfo para suspirar profundo. Hacía falta porque el fondo de la tabla ya estaba demasiado cerca, porque doce partidos sin ganar es demasiado y porque cada partido que iba agregándose a la lista tenía el peso de una palada más de tierra sobre nuestras cabezas. Lástima que testigo del acontecimiento haya sido una Bombonera vacía, con el frío y la tristeza propios de los mausoleos. Para colmo en una noche de perros, lluviosa y desapacible. Démosles las gracias a los giles que pararon el partido con River.
Se ganó bien. Ajustado, porque podía preverse que cuando la racha se cortase iba a ser mediante un parto con forceps. Por desarrollo, tendría que haber sido más fácil pero no quería entrar.
Más allá del valor que en sí mismo encierra el triunfo imprescindible, hubo signos altamente positivos en algunas respuestas individuales de muchachos que necesitaban su reencuentro. El gol del Burro Martínez pueda ser que le devuelva la fe y podamos ver a aquél jugador que era en Vélez. El Burro anduvo poco por afuera, se movió más bien por adentro. Ya en el primer tiempo había tenído esa que dio en el palo, un fierrazo que era gol en todos lados y que no fue. Antes había tenido otra, de zurda, que rebotó providencialmente en Raldes.
El gol fue un cabezazo bien metido, hacia abajo, como debe ser, aunque en definitiva, para que entrara hubo que contar con la complicidad de Pozo, que puso manos de mantequita. En cuanto al centro, fue obra de otro de los hombres fundamentales de esta victoria, el Laucha Acosta. Con mucha participación, decidido para encarar, lo volvió realmente loco a Urribarri. Y en la del gol mostró, de punta a punta, lo afilado que estaba porque le cambiaron la pelota de izquierda a derecha, la bajó de una como un maestro y no se apuró: miró, pensó, tocó hacia atrás para Albín y marcó el pase para que el uruguayo se la devolviera. Finalmente fue hasta el fondo y sacó un centro mortal. No fue el primero. Buen partido del Laucha, a ver si arranca de una vez por todas, él también.
Apenas habían pasado cinco minutos del gol y casi nos empatan. Nos llegaron por la derecha, por la zona de Albín, donde tuvimos los mayores problemas, Orion había quedado fuera de combate con el centro de Gómez y el cabezazo de Graciani parecía un gol irremediable, consumado. ¿De dónde apareció el Chiqui Pérez? Una salvada monumental (con perdón de la palabra), épica. Es, señores, lo primero realmente bueno que hace el Chiqui desde que lo trajimos. Anduvo bastante bien. ¿Le servirá para ir en ascenso y que podamos creerle? Veremos.
Otro punto clave fue Orion. Un riesgo haberlo puesto, con Ustari lesionado. Se ve que Bianchi no le tiene mucha fe a D’Angelo. Lo cierto es que Agustín justificó su presencia, dio seguridad y tuvo no muchas participaciones pero decisivas, como el anticipo con el pie a Graciani en el primer tiempo, el mano a mano con Urribarri y en el final, el cabezazo de Ramírez, porque otra vez, casi nos empatan cuando el partido ya se moría.
Visto lo sucedido, cabe conjeturar que si Morant lo ponía a Luque media hora antes, por ahí nos arruinaba la digestión porque Luque metió, en los últimos minutos, dos desbordes con centro que nos hicieron temblar, uno lo cabeceó Ramírez y el otro Caire.
Efectivamente, esos dos desbordes tuvieron por escenario la zona de Albín pero en fin, tampoco lo matemos al uruguayo. Sus problemas de marca son conocidos pero además, tenía delante de él a un ocho que no es volante, como el Laucha Acosta. Se apostó por un sistema muy ofensivo y eso implica brindar en otro sentido alguna ventaja, la viejo pero ´siempre válido concepto de la “manta corta” de la que hablaba el brasileño Tim. Con la pelota anduvo mejor que otras veces, Albín.
De los volantes, sin contar a Acosta que fue un delantero camuflado, lo más rescatable fue lo de Pol Fernández a quien se vio recuperado, más decidido y comprometido de lo que venía siendo. Ojalá también en el caso suyo se trate del punto de arranque para una superación sostenida. El Yagui Bravo cumplió sin lucir, con mucho esfuerzo y en cuanto al Gordo Sánchez Miño, alternó apariciones firmes y profundas con acciones en las que se nubló, se enredó, se confundió con la pelota, algo difícil de aceptarle a él. Ya se ha establecido que cuando no está Román, Sánchez Miño tiene que sentirse patrón, mandar, hacerse eje. Esta vez estuvo lejos de eso.
Bueno, es domingo a mediodía y la tabla la podemos mirar sin tanta pavura. Zarpamos a Vélez, el (para muchos) “modelo a seguir” hasta hace poco, que en pocos días se quedó sin la Copa y está decimoctavo en el campeonato. El semestre de Vélez es un fracaso, un desastre pero de eso se habla poco. Claro está, Vélez dista mucho de ser Boca. También pasamos a Unión, que hoy podría darnos una alegría aunque nos pase de nuevo pero es difícil, por no decir imposible, ya está en la B Nacional. Vamos a ver cuántos puntos juntamos de los quince que quedan, dijo Bianchi después del partido. Por ahora, nos sacamos un gran peso de encima. Y se viene la trifecta con Newell’s, vamos Boca, todavía.
domingo, 19 de mayo de 2013
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Falta mucho para que Albín no juegue nunca más en Boca? No lo soporto más.
ResponderEliminar¡Ánimo! Yo creo que el 1 de julio ya no van a estar Albín, Sosa y algunos otros.
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