Había que golear
y se goleó. No siempre ocurre, así que
hay que no está demás destacarlo. La debilidad de Alvarado, que está dos
categorías abajo y además recién está acomodando su plantel para un torneo que empezará
dentro de un mes, hace relativa cualquier conclusión pero de todos modos, van
afirmándose algunas ideas.
Por empezar, al
que escribe le importa fijar posición sobre un punto: no acepto, rechazo esa
concepción según la cual, en nombre de presuntos “códigos”, cuando se enfrenta
a un rival muy inferior se debe parar la máquina antes de tiempo. El compromiso
debe ser jugar siempre al máximo, por respeto al público y también por respeto
al rival. Es al revés de como suele
plantearse: perdonarle la vida es faltarle el respeto.
Por supuesto
que, cuando la diferencia en el marcador se hace amplia, puede producirse un
natural relajamiento y así pasó con Boca en el segundo tiempo. Si Boca no se
hubiese aflojado en buena parte del complemento, con seguridad la diferencia
hubiese trepado más allá del definitivo 6-0.
El primer tramo
de partido mostró lo que se preveía, monopolio del balón. Lo que vale señalar
es que se va afianzando la intención de jugar por abajo, moverla con paciencia
hasta que la oportunidad aparezca.
Antes del cuarto
minuto, la teníamos todo el tiempo pero el área, prácticamente, no la habíamos
pisado. Y en el cuarto minuto, el gol: estupenda ejecución del tiro libre por
parte de Zárate, rebote en el travesaño y el cabezazo de Magallán, que no la
metía desde aquella vez en el gashinero, en 2014.
Los veinte
minutos transcurridos entre el primer y el segundo gol fueron el único segmento
del juego en que se insinuó cierto grado de competencia. Porque Boca cedió a
veces la bocha, Alvarado la compartió. Lo único digno de mención que ocurrió en
el área nuestra fue ese corner que el zurdo Canhué cerró desde la derecha y que
Rossi despejó con un cabezazo al medio.
Ahora que, seguramente, Rossi va a dejarle su lugar a
Andrada, este que escribe quiere recordar que Rossi es bicampeón. Llegó de
apuro para salir de un momento difícil, se hizo dueño del arco de entrada,
siendo muy joven y en general, respondió. Es verdad que en los últimos tiempos
pareció sentir las presiones que no había sentido antes, perdió confianza y
seguridad, lo que habilita que se fuera a buscar otro arquero. Este que escribe
no está seguro de que el mejor Andrada sea mejor que el mejor Rossi pero las
dudas sembradas en esta etapa más reciente le cuestan, momentáneamente al
menos, el puesto.
El segundo gol,
el que terminó el partido, fue una acción tan simple como vistosa y que, por como
están dadas las cosas, puede repetirse con frecuencia (esperemos que así sea):
gran pase de Zárate para el pique de Pavón por izquierda, centro bajo a la boca
del arco y la llegada puntual de Wanchope para empujarla, todo muy rápido y con
el rival corriendo siempre atrás de la jugada, a contramano.
Muy pronto, a
los 28, el tercero, buen intento de Pablo Pérez al patear desde afuera cuando
tenía otras opciones, el resto lo hizo el arquero, que pasó cuando la pelota ya
había pasado.
El cuarto fue la
mejor maniobra colectiva, con participación de varios jugadores y dando muestra
de cuál es la idea madre, porque se la hizo correr de lado a lado, sin apresurarse,
hasta encontrar la aceleración en el momento preciso. Buen encuentro de Jara
con Pavón por la banda derecha, Kichan tenía centro pero prefirió buscar corto
otra vez para Leo, que le pasó por adentro, el centro hacia atrás que se
imponía, rechazo apurado y el zurdazo de Pablo que, desvío mediante, se
transformó en gol.
Se arrancó el
segundo tiempo con menos ritmo, se le volvió a dejar la pelota al rival y la
primera vez que apretamos, ya sobre los 9 minutos, llegó el quinto. Primero, el
buen remate de Zárate, a colocar, que el arquero sacó al corner como pudo; buen
tiro de esquina de Cardona, desde la derecha, al primer palo, estupendo
anticipo de Goltz en el primer palo, cabezazo cruzado, rebote en un palo y de
nuevo Paolo, para definir con derechazo implacable. Con las salvedades del
caso, debe puntualizarse que la metieron los dos centrales, Magallán y Goltz, como
para empezar a revertir lo que ha sido un déficit muy marcado en el equipo de,
de mucho tiempo a esta parte.
No hay dudas de
que Guillermo tiene decidido parar 4-2-3-1, que los nombres para arrancar los
tiene definidos y la verdad es que la cosa promete. Pablo, que del doble cinco
con Wilmar es el que se suelta, resulta fundamental en el armado. Zárate,
ubicado detrás del 9, nos ilusiona con lo que se le viene observando. Tiene
técnica y panorama, arma y define, está para ser figura. Cardona está mucho mejor
que en el final de la temporada pasada, más afilado y activo, con la jerarquía
de siempre pero más metido. Kichan sigue siendo KIchan, por derecha o por
izquierda amaga con un desparramo cada vez que entra en acción y además, sigue
siendo generoso en el despliegue y recupera una cantidad de pelotas muy significativa.
Y Wanchope pivotea bien, aguanta contra los centrales, abre espacios para sus
compañeros y por si fuera poco, define.
Cuando llegó la
hora de los cambios, los tres “suplentes” de lujo que entraron no perdieron la
oportunidad de hacerse ver.
Nahitan Nández
estuvo cerca de marcar lo que hubiese sido golazo, esa en que recogió un rebote
y con toda la defensa de Alvarado saliendo, tiró el autopase y quedó con el
arquero, se la punteó por arriba y se le fue apenas alta. El uruguayo viene de
ser mundialista, fue fundamental en el último título y ahora tiene que esperar,
lo que habla de que hay jugadores en cantidad y habrá saludable competencia
interna.
El colombiano
Villa pinta lindo, muy lindo, encara y pasa. Cualquiera sea el adversario, les
va a costar pararlo. Y forzó el penal para el sexto gol.
Y Carlitos
Tevez, en los minutos que tuvo, contó con un mano a mano (espléndido encuentro
con Zárate), se la tocaron al corner cuando definía. Finalmente, se hizo cargo
del penal y lo metió con remate al medio para cerrar el sport.
Todo un tema, la
suplencia de Carlitos, dada su enorme historia. La realidad es que el lugar lo
perdió en el cierre de la temporada anterior, ahora corre desde atrás y, por lo
menos de sus declaraciones públicas, se la banca y quiere sumar. Algo que en
particular debe ser muy valorado por sus compañeros, por ser quien es.
Desde 2007 que
no ganábamos un partido 6-0. Aquella vez fue en Banfield, en un anochecer
matador de Martín, autor de cuatro. Casualmente, aquel mismo año ganamos por
última vez la Libertadores. ¿Será un buen augurio, che?
EL
BOLETÍN: ROSSI 5, JARA 6, GOLTZ 6, MAGALLÁN 6, MAS 5, BARRIO 6, PABLO PÉREZ 8,
PAVÓN 7, ZÁRATE 8, CARDONA 7, ÁBILA 6 (FI), NÁNDEZ 6, TEVEZ 6, VILLA 6.
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