sábado, 25 de agosto de 2018

DEUDA DE JUEGO


   Me molesta tener que admitir lo bien que suele jugar Racing. Y eso que se le llevaron a Martínez muy pronto. Ya había jugado muy bien con Atlético Tucumán, se lo empataron porque así es el fútbol. Anoche guardó algunos soldados para la Copa pero igual, juega. La pelota corre limpia, los jugadores tienen las ideas claras, coordinan los movimientos. Boca, bicampeón y puntero durante 617 días hasta el domingo pasado, depende, pura y exclusivamente, del peso específico de cada jugador. De que se ilumine uno o algunos. Así hemos ganado muchos partidos y hemos festejado pero no han sido tantas, diría que casi ninguna, las ocasiones en que se vio la estructura, el entretejido que protege y potencia a cada individualidad. El que puede conseguir que eso varíe es Gago, porque Fernando juega y hace jugar, contagia. Estamos esperándolo pero sabemos que, si por fin regresa, vamos a cruzar los dedos cada vez que le entren más o menos fuerte o que se caiga. Vamos a estar rezando hasta los ateos como yo para que no vaya a romperse todo. Pocas (por suerte) pero dolorosas veces nos ha pasado que nos metieron en un partido incómodo, nos apretaron, nos obligaron a forcejear y no supimos cómo salir de la enredadera. River (Supercopa), Central (Copa Argentina), Racing, Independiente (en el campeonato pasado), Estudiantes (los otros días). Cuando nos cambian la partitura empezamos a desafinar y las soluciones no aparecen ni desde adentro ni desde el  costado. En los campeonatos largos, naturalmente, prevalece la jerarquía individual (“presupuesto”, diría Angelici). En la Copa fallás una vez y marchaste. Leo Jara se sacó el casete el domingo pasado y dijo que así va a ser difícil. Y, sí…     

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