Me molesta tener
que admitir lo bien que suele jugar Racing. Y eso que se le llevaron a Martínez
muy pronto. Ya había jugado muy bien con Atlético Tucumán, se lo empataron
porque así es el fútbol. Anoche guardó algunos soldados para la Copa pero
igual, juega. La pelota corre limpia, los jugadores tienen las ideas claras,
coordinan los movimientos. Boca, bicampeón y puntero durante 617 días hasta el
domingo pasado, depende, pura y exclusivamente, del peso específico de cada
jugador. De que se ilumine uno o algunos. Así hemos ganado muchos partidos y
hemos festejado pero no han sido tantas, diría que casi ninguna, las ocasiones
en que se vio la estructura, el entretejido que protege y potencia a cada
individualidad. El que puede conseguir que eso varíe es Gago, porque Fernando
juega y hace jugar, contagia. Estamos esperándolo pero sabemos que, si por fin
regresa, vamos a cruzar los dedos cada vez que le entren más o menos fuerte o
que se caiga. Vamos a estar rezando hasta los ateos como yo para que no vaya a
romperse todo. Pocas (por suerte) pero dolorosas veces nos ha pasado que nos
metieron en un partido incómodo, nos apretaron, nos obligaron a forcejear y no
supimos cómo salir de la enredadera. River (Supercopa), Central (Copa
Argentina), Racing, Independiente (en el campeonato pasado), Estudiantes (los
otros días). Cuando nos cambian la partitura empezamos a desafinar y las
soluciones no aparecen ni desde adentro ni desde el costado. En los campeonatos largos,
naturalmente, prevalece la jerarquía individual (“presupuesto”, diría
Angelici). En la Copa fallás una vez y marchaste. Leo Jara se sacó el casete el
domingo pasado y dijo que así va a ser difícil. Y, sí…
sábado, 25 de agosto de 2018
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario