Así da gusto, uno se sintió representado. Boca nos debía un partido así en una instancia clave. Fue un equipo compacto, que no dejó espacios entre líneas, solidario, metido. Y le ganó bien, muy bien a un rival de los más difíciles que pueda presentar esta Libertadores.
Se podría pensar que el 1-0 es exiguo pero a Brasil vamos bien, retemplados, con jugadores que han ganado confianza. Es fundamental, en estos cruces, mantener el cero en arco propio como local en partido de ida. Allá ellos van a tener sobre sus cabezas un arma de doble filo, si les llegamos a meter uno tendríamos el noventa por ciento del pase en el bolsillo. Y allá esperamos contar con Román, en un partido cortado a su medida.
Como se ha venido apuntando desde aquí, tenía que mejorar el medio. Y esta vez Boca contó con una línea de volantes impecable, implacable, siempre bien parada, aguerrida, coordinada. Pero además, todos hicieron circular bien la pelota. Se mantuvo el control del juego casi en todo momento porque hubo prolijidad en el armado y convicción respecto de lo que debía hacerse.
Debe haber sido el mejor partido de Leo Somoza desde que llegó a Boca. Firme, seguro, aplomado, como tiene que serlo un 5 de Boca. A su lado, Walter Erviti también jugó en gran nivel, con el despliegue habitual pero sin desordenarse nunca y participando de las acciones mejor elaboradas.
La vuelta de Pichi Erbes es fundamental. Hasta el año pasado se complicaba cuando lo ponían por la derecha pero ahora parece haber encontrado allí su mejor lugar en la cancha. Un ida y vuelta incansable. Del otro lado, el Gordo Sánchez MIño tuvo algún altibajo pero cuando se conectó, su buen manejo se hizo notar.
Bien planteada la superioridad numèrica por las dos bandas, con los desdoblamientos Erbes-Marín por un costado y Clemente-Sánchez Miño por el otro. Clemente levantó muchísimo, tuvo recorrido y seguridad con la pelota. Y da placer verlo tan recuperado a Leo Marín, un pibe que pintaba para mucho, después había quedado casi condenado al olvido durante mucho tiempo y ahora, recuperada la fe, con continuidad, crece y se afirma.
El punto más flojo fue el Burro Martínez, que sigue sin terminar de despegar. No marcó desequilibrio nunca. En realidad, era como para pensar que el primer cambio tenía que ser Acosta por Martínez pero explicó Bianchi que los cambios que hizo fueron prácticamente obligados, por jugadores que sentían el esfuerzo.
En cuanto a Nico Blandi, sigue fiel a su condición de delantero que no participa demasiado pero aparece y mata en el área en el momento menos pensado. Aguanta bien la pelota de espaldas, eso es importante para darle consistencia a la llegada de los volantes. Si Nico, en algún momento, empieza a meterse en el juego con mayor frecuencia, definitivamente estaremos en presencia de un 9 como para hacer historia.
La jugada del único gol, además de lo que significó en sí misma, contuvo elementos muy positivos. La armaron muy bien Clemente y Sánchez Miño por la izquierda, con paciencia e imaginación. Después de un rebote, Pichi Erbes le pegó sin hesitar, sin dar tiempo a que el rival se acomodara. Y por el camino apareció como un fantasma Nico para corregir la trayectoria y mandarla adentro. Buenísimo, de punta a punta.
Corinthians, más allá de algunas incorporaciones de renombre (¡lo tiene a Pato en el banco!) es, básicamente, el equipo del año pasado, con un ADN que cuesta reconocer como brasileño, duro, mañero y especulativo, nada de lirismo, nada de regalar ventajas. Recién cuando estuvo 0-1 se decidió a salir y la verdad es que tuvieron dos que metieron miedo, la de Romarinho que sacó muy bien Orion (apareció cuando tuvo que aparecer, Agustín) y la del peruano Guerrero en el palo, que hay que reconocer, fue una delicia por cómo le pegó a colocar, menos mal que por milímetros no fue gol. Después y hasta el final, Boca volvió a tomar las riendas.
Al fondo, en general, se lo vio consistente. Muy mejorado y marcando presencia Guille Burdisso. Sin desentonar para nada Caruzzo, más allá de ese foul a un metro del área cerca del final, absolutamente al pedo, contra un rival de espaldas, muy de Caruzzo.
Una lástima lo de Pablito Ledesma, que había entrado muy bien al igual que el pibe Bravo. Es una boludez sacarse la camiseta y si encima te anulan el gol, como le pasó a Pablo, uno quiere matarse pero se comprende, venían pasándole muchas cosas en los últimos tiempos, necesitaba un desahogo. En cuanto al foul inmediato que le valió la segunda amarilla y la expulsión, no era para tanto pero se ve que el chileno lo tenía entre ojos.
Ahora viene otro partidito que no lo queremos perder. ¿A quiénes pondrá Bianchi? A alguno va a guardar, la recuperación en tres días después de semejante esfuerzo no va a ser óptima, hay que tener cuidado. Salgan a la cancha quienes salgan, eso sí, tenemos que ser Boca. En ese sentido, con Corinthians se dio un inmenso paso hacia adelante. Se recuperó la identidad, no volvamos a perderla.
jueves, 2 de mayo de 2013
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Vamos carajo.
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